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Por qué debes contratar un seguro de vida

Un seguro de vida es algo que todo el mundo espera no necesitar nunca. Sin embargo, la realidad es que prácticamente todos necesitamos uno y cuanto antes lo contratemos, mucho mejor. Son una de las herramientas que más tranquilidad aportan a una persona, porque le dan la seguridad de que, tras su muerte, el dinero no será un problema para sus sucesores.

En este artículo vamos a hacer un repaso a las principales razones para contratar un seguro de vida. Es importante que pienses cuáles de esas razones encaja contigo, porque, si no lo tienes ya, no deberías tardar mucho en contratar un seguro de vida.

Qué vas a encontrar en este artículo

Por qué comprar un seguro de vida

Un seguro de vida ofrece algo que pocas otras cosas dan: tranquilidad. Confianza en que, al morir, tus seres queridos y tus asuntos no quedarán desatendidos y habrá una cantidad de dinero disponible para hacer más llevadera tu pérdida y dejar todo en orden.

Esa es la principal razón para contratar un seguro de vida, estar tranquilo. Pero hay otras muchas razones. Según el conocido portal Statista, especializado en informar utilizando estadística de todo tipo, la principal razón esgrimida por los estadounidenses para contratar un seguro de vida en 2017 fue pagar los costes de su funeral. Este es un motivo muy importante, porque nadie quiere ser una carga para otros al fallecer y en Estados Unidos los costes de funeral, llamados gastos finales, son elevados: entre 7.000 y 10.000 dólares de media. Si estás interesado en un seguro que cubra los costes de tu funeral, puedes recurrir a una modalidad concreta que se llama seguro de gastos finales.

  • Cubrir los gastos de los hijos. Los niños son la mayor preocupación de cualquier familia. ¿Qué pasará con ellos si uno de los padres –o los dos- faltan? Garantizar su estabilidad es una de las prioridades de las personas que buscan un seguro de vida. Y para estos casos, las compañías de seguros ofrecen muchas posibilidades, como los seguros de vida a término, que se pueden contratar por un tiempo concreto, como la infancia de los hijos, o hasta que terminen los estudios universitarios. 
  • Cubrir deudas. Muchas personas contratan un seguro de vida porque quieren que el dinero de la indemnización –o beneficio por causa de muerte- sirva para cubrir cualquier deuda que hayan podido dejar sin pagar al morir: hipoteca, préstamos, etc. De esta forma, los beneficiarios podrán saldar esas deudas con el dinero que reciban y –en el caso de los herederos- no tendrán que hacerse cargo de pagarlas. 
  • Reemplazar los ingresos del cónyuge. Si tú o tu cónyuge fallecéis, el superviviente seguramente tendrá problemas para mantener el nivel de vida sin los ingresos que aportaba a la familia el miembro de la pareja que ha fallecido. Un seguro de vida da tranquilidad en este supuesto, ya que permite reemplazar los ingresos que han dejado de llegar. Hay algunas pólizas que permiten asegurar, por ejemplo, a esposo y esposa, con lo no siempre es necesario contar con dos seguros.  
  • Complementar el seguro de tu empresa. Muchas personas piensan que con el seguro de su empresa ya es suficiente. Pero esto no es así: los seguros corporativos no suelen ofrecer grandes indemnizaciones. Y su punto más débil es la falta de portabilidad: si cambias de trabajo –o si te lo pierdes- el seguro dejará de cubrirte. Por esto, es importante contar con uno propio que te cubra en cualquier circunstancia. 
  • Para ahorrar e invertir. Algunos seguros de vida, sobre todo algunas modalidades del tipo de seguro denominado permanente, cuentan con importantes herramientas de ahorro. Una parte de lo que se paga en primas se destina al ahorro –o a la inversión en renta variable- y esas operaciones permiten beneficios que engrosan los ahorros del asegurado. Además, por definición, cualquier seguro permanente va generando lo que se denomina valor en efectivo, un dinero que, a partir de un punto, se transfiere al asegurado. 
  • Ahorrar en el pago de impuestos. En el ámbito fiscal, muchos seguros son ventajosos. Los que ofrecen ingresos extra, como el valor en efectivo, permiten pagar impuestos diferidos por ese dinero, con lo que se ahorra en el pago de impuestos. Además, el dinero que se cobra en forma de indemnización también está libre de impuestos. 
  • Evita problemas de legalización. Además de estar exentos de impuestos, los productos de una póliza de vida no tienen que pasar procesos de legalización –probate, en inglés- de las herencias, salvo que decidas dejar tu póliza y su indemnización como parte de esa herencia. Si no es así, incluso aunque hayas nombrado a un fondo fideicomiso –trust-, ese dinero no es parte del patrimonio sujeto a trámites testamentarios y puede ser transferido rápidamente a los beneficiarios. 
  • Garantiza la integridad de tu negocio. Una buena forma de emplear la indemnización de un seguro de vida es destinarla a mantener tu negocio a flote tras tu desaparición. Ese dinero servirá para mantenerlo en marcha hasta que tus herederos se hagan cargo de él o lo transfieran. 
  • Porque no es tan caro. A cambio de lo que te ofrece, un seguro no es tan caro como podrías pensar. Es cierto que debes hacer frente a unas primas que, a corto plazo, pueden parecerte caras. Pero tienes que pensar a largo plazo: cuando hayan pasado unos años, tu nivel de ingresos habrá mejorado y, sin embargo, las primas seguirán costando lo mismo, con lo que ya te parecerán menos caras, o incluso baratas. Recuerda que cuanto más joven seas al contratar el seguro, más bajas serán las primas y mejores beneficios ofrecerá tu póliza.

Como ves, hay muchas y muy buenas razones para contratar un seguro de vida. Sin embargo, casi todas tienen un denominador común: proteger a tus sucesores y beneficiarios. Por tanto, todas estas razones comparten una motivación tan importante como el amor por tus seres queridos.

Seguro de vida: cómo funciona

Si ya sabes por qué razones te conviene un seguro de vida, no dudes en acercarte a un agente de seguros para suscribir uno. También lo puedes hacer a través de Internet o combinando ambos métodos. Pero sea cual sea el camino que escojas, debes tener claros los elementos básicos de funcionamiento de un seguro de vida. Te explicamos los más importantes:

  • Calificación. Cuando vas a contratar un seguro de vida, la empresa de seguros te somete a un periodo de calificación para decidir si te otorga o no la póliza. El proceso incluye exámenes médicos y una serie de preguntas en las que se evalúan tus hábitos de vida. Si eres joven, tienes buena salud y no tienes costumbres o hábitos que incluyan graves riesgos, la aseguradora no pondrá problemas en admitirte. Pero a medida que pasan los años, el proceso de calificación se hace más cuesta arriba, sencillamente porque el riesgo de que fallezcas es más alto. Por eso, es fundamental que contrates el seguro siendo joven. Ahorras dinero y no tendrás problemas para acceder a la cobertura. 
  • Primas. Es el dinero que pagas cada mes por tu seguro. Generalmente están niveladas, lo que quiere decir que siempre pagarás lo mismo. Para conseguir esa nivelación, la compañía de seguros te hará pagar mucho más al principio, cuando tu riesgo de muerte es bajo. Ese incremento sobre lo que realmente cuesta el riesgo que asume la compañía sirve para mantener bajas las primas de la última parte de la vida del seguro, cuando ya seas mayor y tu riesgo sea muy elevado. 
  • Valor en efectivo. A medida que vas pagando esas primas, acumulas un dinero que, en principio, conformará tu indemnización. Pero con esa cantidad que pagas, la compañía de seguros genera un ahorro y una rentabilidad. Llegado un punto, es obligatorio que el exceso de dinero generado por el ahorro se te entregue en forma de valor en efectivo. Es un dinero que puedes dedicar a lo que te parezca. 
  • Indemnización. Cuando mueras, alguien recibirá el dinero de la indemnización o beneficio de muerte. Esas personas –o entidades- son los beneficiarios. Puedes nombrar cuantos quieras, y posteriormente cambiarlos por otros, o nombrar sustitutos por si los principales fallecen antes de cobrar. -

Tipos de seguros de vida

Con estos elementos, tu póliza de seguro ya puede empezar a funcionar. Mientras pagues las pólizas, la cobertura estará en vigor y, si falleces, habrá un pago casi automático. La duración o vigencia de esa póliza permite clasificar los seguros en dos tipos: a término y permanentes.

  • Seguros de vida a término

Son los que tienen un plazo de vigencia concreto: cinco, diez, veinte o treinta años. Son más baratos y permiten contar con un seguro de vida para cubrir periodos específicos de vulnerabilidad, como la infancia de los hijos o su etapa universitaria. En estos artículos puedes saber más sobre los seguros vida a término y sobre cómo convertir tu seguro de vida a término en un seguro permanente.

  • Seguros de vida permanentes

Son aquellos que no tienen fecha de caducidad. Desde el momento en que se suscriben, entran en vigor y están activos hasta el fallecimiento del titular. Los hay de cuatro tipos: seguro permanente de vida completa, seguro permanente universal, seguro permanente variable y seguro permanente universal variable. Todos ellos incluyen instrumentos de ahorro, unos más sencillos y otros más complejos. En este artículo puedes saber más sobre los seguros de vida permanentes.

  • Otros seguros de vida

Sn los que se contratan de forma obligatoria al suscribir una hipoteca o un préstamo, y los que tienen como finalidad exclusiva cubrir los costes de tu funeral.

Ahora que ya sabes cómo funcionan los seguros de vida y qué tipos hay, solo tienes que pensar en qué razón o razones motivan tu decisión. Seguro que te hemos dado más de un motivo para contratar un seguro de vida y poner un poco de tranquilidad en tu horizonte vital.

 

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