Matrimonio y seguro de vida: lo que debes saber si te vas a casar

Matrimonio y seguro de vida: lo que debes saber si te vas a casar
Matrimonio y seguro de vida

Pocas cosas cambian tanto tu vida como el matrimonio. Es un antes y un después en la trayectoria vital de cualquier persona y acarrea importantes transformaciones en todos los sentidos, incluso en el ámbito fiscal y legal. Para los seguros de vida, también es un hito a tener en cuenta. Si no tienes una póliza, puede que llegue el momento de pensar en comprar una. Y si ya la tienes, es hora de hacer ajustes y revisiones.

Sigue leyendo para descubrir cómo afecta el matrimonio a tu seguro de vida y qué ajustes debes hacer al tuyo si te has casado. Presta atención, porque puedes ahorrar mucho dinero o mejorar sustancialmente la cobertura de tu póliza.

Matrimonio y seguro de vida: Qué vas a encontrar en este artículo

Nueva familia, nuevas responsabilidades

El matrimonio, un punto de inflexión en la vida de millones de personas. Un momento en el que se asume un cambio trascendental que, en adelante, hace que tu vida ya sea otra. Si estás a punto de casarte o lo has hecho hace poco, seguramente ya sabes las novedades que la boda introducirá en tu vida. Además de la parte sentimental, debes tener en cuenta que pones en marcha una nueva familia y eso implica con seguridad nuevas responsabilidades.

A veces esas responsabilidades son poco evidentes. Pero debes tener en cuenta que desde el momento en que contraes matrimonio, todo se mezcla. Tus finanzas, tus deudas, tus ingresos, tus negocios… Todo queda entretejido con los de tu pareja, con lo que las responsabilidades individuales pasan a ser conjuntas.

Si a eso añadimos nuevas cargas, como hipotecas, tendremos una situación de máxima solidaridad financiera. Y qué decir cuando llegan los hijos: a partir de ese momento, la familia ya tiene personas dependientes de ella y la responsabilidad se vuelve máxima.

Un seguro de vida es la forma de garantizar que esas responsabilidades estén respaldadas por una herramienta solvente a largo plazo. Es una herramienta estable, sencilla y eficaz para dar ese soporte económico que puede necesitar una nueva familia en situaciones muy complicadas. Por supuesto, un seguro de vida tiene un fin fundamental: indemnizar por la muerte de una persona. Y esa indemnización –beneficio por fallecimiento- es también un reemplazo de ingresos. Para los supervivientes, puede ser la única forma de seguir adelante tras la muerte de la persona que aporta la totalidad o la mayor parte del dinero a la unidad familiar. Por eso es tan importante contar con un seguro de vida que dé seguridad a la familia si falta alguno de los responsables de su mantenimiento.

Y recuerda: cuanto antes contrates un seguro de vida para proteger a tu familia en caso de que faltes, mejor, porque te saldrá más barato. Las aseguradoras ofrecen mejores precios a personas jóvenes, porque presentan menos riesgos y tienen mayor esperanza de vida.

¿Por qué necesitas un seguro al casarte?

Quizá hasta el momento de casarte nunca has pensado que puedas necesitar un seguro de vida, pero ahora sí que lo necesitas. Esa combinación de tus responsabilidades con las de tu pareja ya es un buen motivo para que tengáis una cobertura ante posibles desgracias.

Ten en cuenta que la vida en común va a suponer seguramente más gastos: posiblemente necesitéis una casa más grande, o bien un nuevo carro, o simplemente afrontar el coste de tener hijos. Ese mayor nivel de gasto pone en peligro a la familia, que puede quedar muy expuesta si falta la persona que aporta los ingresos. Incluso en el caso de que ambos cónyuges trabajen, el superviviente de la pareja puede pasarlo mal durante un tiempo sin los ingresos del que ha fallecido. O es posible que necesite dejar su empleo para cuidar de los hijos o para recuperarse del impacto de la pérdida… En todas estas circunstancias, un seguro de vida es un salvavidas: aporta de manera un dinero que sirve para paliar esta situación.

Las deudas son otro motivo importante para tener una póliza de vida. Si uno de los esposos contrae deudas y muere, el superviviente heredará esas deudas y tendrá que hacerles frente. De nuevo, un seguro de vida sirve para solucionar esa eventualidad de forma sencilla.

Muchas jóvenes parejas también tienen en común negocios. O dependen de alguno para su mantenimiento y la falta de uno de los cónyuges puede hacer que ese negocio o empresa fracase. Es otra buena razón para contar con un seguro de vida que apuntale ese pilar si sucede algún imprevisto irreparable.

Por último, otra de las razones importantes para contar con un seguro tras el matrimonio es construir una herencia sólida. Muchas personas utilizan el seguro de vida como un instrumento que sirva para configurar la herencia que van a dejar a sus descendientes. Y también como un mecanismo que les permita a estos recibir la herencia sin tener que entregar una parte en forma de impuestos de sucesión: el seguro para los impuestos y el resto de la herencia se mantiene intacto.

¿Qué seguro conviene más a una pareja recién casada?

Y si ya tienes claro que tras casarte vas a necesitar un seguro de vida, ahora debes pensar cuál es el tipo de seguro que más te conviene. Los más adecuados son estos:

  • Seguro a término. Muchos más baratos que los permanentes, los seguros de vida temporales o a término son una buena solución para parejas jóvenes con ingresos todavía bajos. Son pólizas que tienen una duración determinada y, tras cumplirse su fecha de vigencia, dejan de estar activas. Muchas familias recurren a ellas para protegerse en periodos especiales, como la infancia de los hijos o sus etapas universitarias. Tienen una gran ventaja: con poco esfuerzo, puedes convertir un seguro a término en un a seguro permanente. Te costará un poco más, pero te ahorrarás volver a pasar por el proceso de calificación.
  • Seguro permanente. Los seguros de tipo permanente son más caros, pero también ofrecen mayores beneficios y mejores coberturas. En este caso, no tienen plazo: están activos hasta que muere la persona asegurada, momento en que entregan la indemnización a los beneficiarios de un seguro de vida. Los seguros permanentes tienen varias modalidades: ordinarios o tradicionales, universales, variables y universal-variables. En función de cuánta atención puedas dedicar al seguro –y de cuánto riesgo quieras aceptar en su gestión- te convendrá más uno u otro. En todo caso, recuerda que estos seguros se construyen sobre la base de unas cuentas de ahorro que dedican parte de tu dinero a invertir y generan lo que se denomina valor en efectivo. Es decir, puedes utilizarlos para ahorrar a largo plazo.
  • Seguros conjuntos. Dentro de los seguros universales hay una variante muy interesante para las parejas, los seguros conjuntos. Se trata de pólizas que incluyen a ambos esposos y que resultan mucho más económicas que contratar dos. A cambio de ese mejor precio, suelen condicionar los pagos de la indemnización. Lo hacen de dos formas. Por un lado, pago tras la primera muerte, o ‘first to die’, en inglés, que supone que se paga el beneficio al morir el primero de los cónyuges. Por otro lado, están los de tipo ‘second to die’, en español, pago tras la segunda muerte o seguro de vida con derechos para los supervivientes. En este caso, la indemnización se entrega al morir el último de los esposos, pero, hasta su fallecimiento, puede recibir una renta para su mantenimiento.
  • Seguros grupales. Los seguros grupales o de empresa son pólizas que algunos empleadores –o sindicatos u otras instituciones- ofrecen a sus empleados. Son interesantes, pero sus coberturas no siempre son muy amplias y es posible que si pierdes el trabajo también pierdas el seguro. Es decir: es un seguro mínimo y deberías contemplar su combinación con otro. A cambio, puedes incluir a tu pareja en el seguro grupal y darle un cierto nivel de cobertura.

Por tanto, hay muchas opciones para contratar un seguro interesante que proteja a tu familia. Pero todavía debes estudiar cómo organizar la cobertura para garantizar que la indemnización – o indemnizaciones si en la familia hay más de un seguro de vida.

Lo normal es que los esposos se nombren mutuamente beneficiarios de la póliza de vida. De esa forma, falte el que falte, el miembro superviviente recibirá la indemnización, que se entrega libre de impuestos.

Como las aseguradoras permiten nombrar beneficiarios secundarios e incluso terciarios, se puede designar también como beneficiarios a los hijos, por si ambos progenitores faltaran a la vez. O se puede dejar el beneficio a las personas que se vayan a hacer cargo de los menores en una circunstancia así. Y también es frecuente dejarles la indemnización a través de un fondo fideicomiso que administrará el dinero en ausencia de los padres. Elijas la opción que elijas, es muy importante que revises tu póliza frecuentemente para tener la seguridad de que la designación de beneficiarios es correcta.

Esta primera forma de organizar el seguro es la más frecuente, pero si la familia tiene un cierto nivel de ingresos, es posible que la póliza de vida complique la transferencia de la herencia al morir uno de los cónyuges. Esto se debe a que las ganancias del seguro, como el valor en efectivo , pasarán a formar parte de la herencia sujeta a impuestos, con lo que los herederos tendrán que pagar a la hacienda pública una cantidad importante.

La forma de evitar eso es que cada uno de los miembros de la pareja compre un seguro (es propietario de la póliza) y nombre como asegurado al otro, que a su vez designará al propietario del seguro como beneficiario. De esa forma cruzada, por ejemplo, el marido posee la póliza, pero la persona asegurada es la esposa y esta designa beneficiario al esposo. Organizar los seguros tiene una ventaja: permite notables ahorros fiscales.

El ahorro se produce porque las leyes federales sobre herencias incluyen lo que se denomina deducción marital, que permite a las personas casadas transferir entre ellas cantidades de dinero ilimitadas en el momento de la muerte y sin pagar impuestos de sucesiones. Así, si uno de los esposos se sabe cercano al fin, puede transferir los beneficios de la póliza al otro sin que haya merma por culpa de los impuestos. Eso sí: el superviviente ya no podrá hacerlo y el valor añadido que acumule, si no se lo gasta, se transferirá con impuestos.

Como ves, hay mucho a tener en cuenta a la hora de casarse. Una pareja responsable dará este paso con previsión y perspectiva. Y si es responsable, se hará con un seguro de vida para dar tranquilidad a la familia que acaban de crear con su matrimonio.

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