Usar un dispositivo como niñera puede volverse contra los padres

LUNES, 12 de diciembre de 2022 (HealthDay News) -- Es una situación demasiada conocida para muchos padres: su hijo en edad preescolar comienza a portarse mal cuando el teléfono suena o comienzan a cenar.

Quizá le entregue un iPad o un teléfono inteligente para que el niño se calme y usted pueda hacer lo que tiene que hacer.

Usar un dispositivo como niñera puede volverse contra los padres

Y es probable que con esto resuelva. Pero si esta es la estrategia a la que siempre recurre, su hijo quizá esté en riesgo de desarrollar problemas conductuales a más largo plazo, sobre todo los chicos y los niños que ya están programados para ser hiperactivos o impulsivos.

"Si su hijo se enoja y tiene grandes emociones y usted le entrega un teléfono inteligente o una tableta para distraerlo, quizá de momento logre que haya paz, pero si esta es su principal forma de calmar al niño, a largo plazo será un revés", advirtió la autora del estudio, la Dra. Jenny Radesky, pediatra conductual del desarrollo del Hospital Pediátrico del Hospital de la Universidad de Michigan, en Ann Arbor.

En vez de esto, los niños deben aprender la forma de identificar estas emociones y desarrollar estrategias para calmarse a sí mismos, planteó.

"Los niños que no desarrollan estas habilidades en la niñez temprana son más propensos a tener dificultades cuando se estresan en la escuela o con los pares a medida que crecen", añadió Radesky.

En el estudio, los investigadores observaron a 422 niños y 422 padres, y analizaron con qué frecuencia los padres usaban las pantallas para calmar a los niños, que tenían de 3 a 5 años. A lo largo de un periodo de seis meses, los investigadores registraron la reactividad emocional de los niños, por ejemplo los cambios rápidos entre la tristeza y la excitación, un cambio repentino en el estado de ánimo o los sentimientos, y un aumento en la impulsividad.

Los niños a quienes con frecuencia les daban dispositivos para calmarlos fueron más propensos a mostrar señales de reactividad emocional, mostró el estudio.

Los niños pequeños no aprenden de forma espontánea a reconocer y dominar las emociones, explicó Radesky.

"Cuando un niño de 3 a 5 años tiene una emoción, se siente como una ola de energía negativa o frustración, y no puede nombrarla ni comprenderla, así que necesita que un cuidador le ayude y le diga 'lo que sientes es esto'", apuntó Radesky. "Cuando los padres le ponen una etiqueta a lo que piensan que su hijo está sintiendo, esto ayuda al niño a conectar el lenguaje con los estados de ánimo, pero también muestran al niño que lo comprenden".

Otra estrategia es satisfacer el factor que conduce al berrinche, en lugar de entregarle un dispositivo y desactivarlo, sugirió.

Por ejemplo, si un niño extraña a su mamá, puede enseñarle una foto de ella, llamar a mamá o contarle historias sobre mamá, aconsejó Radesky.

También apuntó que se pueden usar zonas de colores para ayudar a los niños pequeños a nombrar y afrontar las emociones. En este sistema, el azul representa aburrimiento, el verde calma, el amarillo ansiedad/agitación, y el rojo representa la explosividad. Se puede crear una guía visual y pegarla en la nevera.

Los padres pueden usar estas zonas de color en los momentos difíciles, dijo. "Si su hijo está en la zona amarilla, puede respirar, hacer una pausa, escuchar música o elegir otra actividad calmante en lugar de progresar al rojo", planteó. "Esto da a los niños una mejor agencia sobre sus emociones y reacciones", anotó.

Usar un columpio, un abrazo, saltar en un trampolín o usar masilla con las manos puede resultar tranquilizador para algunos niños, añadió.

Michael Mintz orienta rutinariamente a las familias sobre cómo controlar un berrinche en ciernes sin depender de aparatos electrónicos. Mintz es director asociado del programa de desarrollo infantil del Hospital Pediátrico Nacional, en Washington, D.C.

Las soluciones dependen de la edad, apuntó. "Intentar alejar al niño de lo que lo enoja es un buen primer paso con los niños más pequeños", señaló Mintz, que no participó en el nuevo estudio. "Dígale 'no te puedo dar esto, pero en su lugar podemos hacer esto'".

No todos los berrinches requieren que todo el mundo reaccione, enfatizó Mintz. "Los bebés lloran cuando tienen frío, tienen hambre, están cansados o necesitan algo, pero los padres de niños pequeños y en edad preescolar tienen que desaprender la respuesta de calmar al niño cada vez que se enoje", explicó.

Mintz recomendó llegar a un equilibrio. "Nuestro trabajo es evitar reforzar la conducta al ceder tras decir que no o controlar los berrinches al darles demasiada atención. No queremos que los niños aprendan que cuando tienen un berrinche, cedemos", señaló.

Los padres deben recompensar las conductas positivas, no las negativas. "Es más probable que observemos cambios y más conductas positivas en los niños si reforzamos las [buenas] conductas de forma positiva, con mucho amor, respaldo y halagos", apuntó Mintz.

Las pantallas sobreestimulan al cerebro con luces brillantes, colores vívidos y ruidos discordantes. "Debemos evitar enseñarles a los niños que la forma de calmarse es sobreestimular al cerebro", subrayó.

Esto no quiere decir que las pantallas no tengan ningún rol cuando los niños están a punto de explotar. "En el mundo real, hay un momento y un lugar para usar las pantallas para calmar a los niños, por ejemplo en un ambiente donde el niño debe estar calmado", anotó Mintz.

Reserve las pantallas para esas situaciones, recomendó. "Cuando esté en casa o en un ambiente donde no pasa nada si hay un conflicto, use la oportunidad para practicar calmar a su hijo de formas más maduras", añadió Mintz.

El estudio se publicó en la edición en línea del 12 de diciembre de la revista JAMA Pediatrics.

Más información

La Nemours Foundation ofrece más consejos para gestionar los berrinches.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

FUENTES: Jenny Radesky, MD, developmental behavioral pediatrician, University of Michigan Health, C.S. Mott Children’s Hospital, Ann Arbor, Mich.; Michael Mintz, PsyD associate director, child development program, Children's National Hospital, Washington, D.C.; JAMA Pediatrics, Dec. 12, 2022, online

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