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El daño del alcohol perdura durante la abstinencia



Cuando se habla de consumo excesivo de alcohol ¿Qué es lo primero que viene a tu cabeza? ¿Daño neuronal o mental? ¿Depresión o ansiedad? ¿Amnesia o confusión? Todas estas opciones son válidas y hasta ahora, los investigadores creían que desaparecían cuando la persona dejaba de beber. Sin embargo, puede que esto no sea así.

Un reciente estudio encontró que incluso durante períodos de abstinencia, los daños cerebrales provocados por el alcohol no se detendrían. Según los autores, estos hallazgos tienen implicaciones importantes en los procesos de recuperación de dependencia a la bebida.

Los efectos inmediatos que consumir alcohol tiene en el cerebro puede incluir euforia, depresión, pérdida de memoria, visión borrosa, dificultad para hablar y un estado general de confusión.

Pero, para aquellos que consumen cantidades excesivas de alcohol durante períodos prolongados, este daño cerebral repetido puede tener un efecto duradero en la salud neuronal y mental.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) informan que más del 30% de total de muertes durante el 2015 en EE. UU., se debían a conducir bajo los efectos del alcohol. Además, más de 15 millones de personas tienen problemas con el alcohol, pero menos del 8% recibe tratamiento.

Estudiando personas con un trastorno de consumo de alcohol, científicos del Instituto de Neurociencia CSIC-UMH en Alicante, España, y del Instituto Central de Salud Mental de Mannheim, en Alemania, encontraron que el daño que produce esta condición en la materia blanca del cerebro persiste aún en las primeras semanas de sobriedad. Sus hallazgos se presentaron en JAMA Psychiatry.

Efectos prolongados

La autora principal de este trabajo, Silvia De Santis, utilizó junto a sus colegas, técnicas de neuroimagen para examinar a 90 personas con trastorno por consumo de alcohol. Los participantes del estudio tenían una edad promedio de 46 años y habían requerido hospitalización debido a su adicción.

Esto último, según los autores, ayudó a controlar el consumo de sustancias adictivas y garantizar que no estuvieran bebiendo alcohol.

Para comparar los datos, también reclutaron un grupo control de 36 voluntarios que tenían un promedio de 41 años y no padecían problemas con el alcohol.

La investigación reveló que los pacientes con trastorno por consumo de alcohol tenían daños en el hemisferio derecho y la región frontal del cerebro. Además, los cambios que sufrieron en la estructura de la materia blanca persistieron durante 6 semanas después de que habían dejado de beber.

La materia blanca está compuesta por fibras nerviosas que se encargan principalmente de trasmitir información, mientras que, la gris, está conformada por cuerpos celulares que se encargan de procesar la información que llega al cerebro.

El coautor del estudio, el Dr. Santiago Canals, explicó "Aquí hay un cambio generalizado en la materia blanca, es decir, en el conjunto de fibras que se comunican con diferentes partes del cerebro. Las alteraciones son más intensas en el cuerpo callosum, que se relaciona con la comunicación entre ambos hemisferios, y la fimbria, que permiten la comunicación entre el hipocampo, el núcleo accumbens y la corteza prefrontal".

El núcleo accumbens es una parte vital del sistema de recompensa del cerebro, la corteza prefrontal es importante para el desarrollo del pensamiento, la toma de decisiones y el comportamiento social apropiado. Finalmente, el hipocampo, es una estructura fundamental para la formación de recuerdos.

En paralelo con este estudio, los investigadores examinaron modelos de ratones genéticamente modificados para que tuvieran preferencia por el alcohol. Esto les permitió "monitorear en sus cerebros la transición de lo normal a la dependencia del alcohol, proceso que no se puede ver en los humanos", explicó De Santis.

Los autores señalaron que estos hallazgos cuestionan las creencias preexistentes de que el daño cerebral se detiene de inmediato con el cese del consumo de alcohol "Hasta ahora, nadie podía creer que, en ausencia de alcohol, el daño en el cerebro progresaría" concluyó Canals.

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