Caminar es bueno pero no en todas partes

Caminar es bueno pero no en todas partes
La contaminación del aire es responsable, cada año, de cerca de 5.5 millones de muertes prematuras en todo el mundo | Foto: ISTOCK

Caminar es una de las mejores formas de comenzar una rutina de ejercicios, ayuda a ejercitar los músculos y a quemar calorías. Lo recomendables es caminar, al menos 30 minutos cada día, y aumentar la intensidad progresivamente.

Caminar vigorosamente reduce el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares hasta en un 27%. Esta práctica ayuda a controlar la presión alta, mejora el sistema circulatorio, reduce el colesterol malo (LDL) y ayuda aumentar el colesterol bueno (HDL). Al aumentar el ritmo cardiaco, esta práctica favorece notablemente la salud del corazón.

Pese a todos estos beneficios, un estudio reciente, realizado en Londres, sugirió que la exposición a la contaminación del aire es suficiente para contrarrestar los beneficios para la salud del ejercicio en adultos de 60 años o más, independientemente de si tienen enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), enfermedad cardíaca o si están sanos.

Estos hallazgos provienen de un artículo publicado en la revista médica The Lancet, dirigido por científicos del Centro de Medio Ambiente y Salud del Imperial College de Londres y del King’s College de Londres.

Pasear por Londres

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores reclutaron a 119 voluntarios de 60 años o más y evaluaron su rendimiento físico antes y después de un paseo en dos calles diferentes de Londres. 

El objetivo era determinar los efectos del ejercicio en la salud cardiovascular. Las mediciones incluyeron el volumen pulmonar exhalado, la presión arterial y la expansión de los vasos sanguíneos.

Algunos de los participantes estaban sanos, otros tenían EPOC controlado y otros tenían cardiopatía estable.
Se pidió a los voluntarios que caminaran durante dos horas en dos entornos de Londres al mediodía. 

Un grupo recibió una ruta en una zona tranquila de Hyde Park, mientras que el otro grupo fue enviado a una parte de la ciudad que con frecuencia ha infringido los límites de calidad del aire establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), a lo largo de Oxford Street.

El equipo encontró que todos los participantes enviados a Hyde Park se beneficiaron de su caminata. La capacidad pulmonar mejoró en la primera hora, y en muchos casos esa mejoría más allá de un día.

Por el contrario, el paseo por Oxford Street solo condujo a un pequeño aumento en la capacidad pulmonar, mucho más bajo que el registrado en el parque.

Después del paseo en el parque, el flujo sanguíneo y la frecuencia cardíaca aumentaron, la presión arterial disminuyó y las arterias se volvieron menos rígidas, con una mejoría de más del 24 por ciento en los voluntarios sanos y con EPOC, y más del 19 por ciento en pacientes con enfermedad cardíaca.

El paseo por Oxford Street no fue tan beneficioso. Hubo un cambio máximo en la rigidez arterial de solo el 4,6 por ciento en los voluntarios sanos, un 16 por ciento en los pacientes con EPOC y un 8.6 por ciento en los pacientes con enfermedad cardíaca.

“Estos hallazgos son importantes, ya que, para muchas personas como los mayores o aquellos con enfermedades crónicas, muy a menudo el único ejercicio que pueden hacer es caminar. 

Mejor en áreas verdes

Nuestro estudio sugiere que podríamos aconsejar a estas personas que caminen en espacios verdes, lejos de las áreas urbanizadas y la contaminación del tráfico “, explicó en un comunicado el Dr. Kian Fan Chung, uno de los autores del estudio.

“Es posible que estudios como este puedan ayudar a establecer nuevos límites de calidad del aire. Este estudio muestra que realmente no podemos tolerar los niveles de contaminación del aire que actualmente encontramos en nuestras calles saturadas… Realmente necesitamos reducir la contaminación mediante la regulación del tráfico”, agregó Chung.

“Eso debería permitir que todos puedan disfrutar de los beneficios para la salud de la actividad física en cualquier entorno urbano”.

Aunque el estrés podría explicar algunas de las diferencias fisiológicas observadas en los dos entornos, los investigadores enfatizan que la exposición a la contaminación del aire nunca puede ser beneficiosa para los sistemas respiratorio y cardiovascular de las personas.

El aire está formado por oxígeno, dióxido de carbono y otro tipo de partículas que están en suspensión en la atmósfera, como pueden ser el polvo, el polen... Cuando hay un exceso de contaminación la calidad del aire disminuye, pues las concentraciones de toxinas derivadas de la combustión son mayores. 

La mayoría de éstas suelen estar producidas por los medios de transporte al expulsarlas cuando se realiza la combustión de los carburantes.

A través de esta combustión entran a formar parte del aire toxinas que acaban siendo perjudiciales para el organismo. Este efecto se acentúa más cuando se hace deporte, ya que se consume un 20% más de aire que de costumbre. Es por esto que el efecto nocivo de estas sustancias se multiplica y con ello la formación de radicales libres que afectan la salud.

El sistema respiratorio y el sistema cardiovascular son los principales afectados por el exceso de contaminación, porque los pulmones se verán forzados a filtrar un aire en malas condiciones. deteriorándose poco a poco por la acumulación de metales pesados contenidos en la atmósfera.

Con la contaminación la circulación se ralentiza y no es tan fluida como debería. Esto puede causar trastornos en el sistema cardiovascular como mala circulación, debilidad de las arterias y del corazón

Por todo lo anterior lo ideal es llevar a cabo la actividad en un parque o zona verde donde el aire esté depurado por los árboles. 

En los parques normalmente la concentración de oxígeno es mayor que en el resto de los lugares.
También se recomienda realizar el ejercicio al amanecer o por la noche, pues los niveles de contaminación han disminuido considerablemente. 

Mayores beneficios

El investigador Marko Tainio de la Universidad de Cambridge, e investigadores del Medical Research Council y la Universidad Anglia Oriental, llegaron a la conclusión de que la contaminación ambiental es naturalmente fatal, pero que los efectos físicos de caminar y de andar en bicicleta son mayores que el riesgo que implica el realizar estas actividades en lugares con mucha polución.

Los investigadores creen que los riesgos aumentarían si el ambiente se encontrara tan contaminado como 100 µg/m3 y luego de que hubiese montado su bicicleta sin parar durante hora y media, o bien, luego de 10 horas consecutivas de caminata.

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