Una terapia para el Parkinson crea nuevos circuitos cerebrales

Una terapia para el Parkinson crea nuevos circuitos cerebrales
| Foto: ISTOCK

Una terapia genética experimental para la enfermedad de Parkinson parece funcionar al renovar unas áreas clave del cerebro, encuentra un estudio reciente.

Los investigadores se enfocaron en 15 pacientes de Parkinson que habían recibido la llamada terapia genética GAD en un ensayo anterior. La GAD es una enzima que fomenta la producción de una sustancia en el cerebro que está implicada en el control del movimiento.

En el ensayo anterior, los pacientes habían mostrado mejoras en sus problemas de movimiento tras recibir infusiones del gen GAD en el cerebro.

Pero el motivo exacto no estaba claro, dijo el investigador, el Dr. David Eidelberg, director del Centro de Neurociencias del Instituto Feinstein de Investigación Médica en Manhasset, Nueva York.

En el nuevo estudio, el equipo de Eidelberg examinó escáneres especializados del cerebro de 15 pacientes del ensayo. Los investigadores encontraron una respuesta inesperada: la terapia genética no cambió los circuitos cerebrales anómalos característicos de la enfermedad de Parkinson.

En vez de eso, en esencia renovó una pequeña parte del cerebro, para compensar parcialmente por los circuitos defectuosos.

"Creó su propio set de circuitos", explicó Eidelberg. "El circuito de la enfermedad continúa, de forma que no se trata de una cura".

Aun así, dijo, la terapia genética parece fomentar nuevas conexiones cerebrales que pueden beneficiar a las personas con Parkinson.

Los hallazgos del estudio se publicaron en la edición en línea del 28 de noviembre de la revista Science Translational Medicine.

La enfermedad de Parkinson afecta a casi un millón de personas tan solo en Estados Unidos, según la Parkinson's Foundation.

Su causa no está clara, pero a medida que la enfermedad avanza, el cerebro pierde las células que producen dopamina, una sustancia que regula el movimiento. Como resultado, las personas sufren síntomas como temblores, rigidez en las extremidades, y problemas de equilibrio y coordinación que empeoran de forma gradual con el tiempo.

Hay tratamientos para reducir esos síntomas, incluyendo fármacos que mejoran los niveles de dopamina o que imitan las acciones de la dopamina. Otra opción para algunos pacientes es la estimulación cerebral profunda (ECP), en que se implantan electrodos en un área específica del cerebro para administrar pulsos eléctricos continuos. Se cree que ayuda al suprimir la actividad eléctrica anómala.

La terapia genética de la GAD se realiza insertando en gen en un virus inactivo del resfriado. Ese "vector" viral se infunde en un área específica del cerebro llamada núcleo subtalámico, que es una de las regiones cerebrales a las que se dirige el tratamiento de ECP.

Originalmente, añadió Eidelberg, los investigadores creían que la terapia genética funcionaría de forma "parecida a la ECP".

El Dr. Michael Okun, director médico de la Parkinson's Foundation, dijo que el estudio es "fascinante".

"Mostró que la terapia genética GAD, a diferencia de la ECP del núcleo subtalámico, no cambió la red cerebral de la enfermedad de Parkinson prevista", dijo Okun. "En lugar de eso, se adueñó de vías no motoras subyacentes".

¿Por qué esto es importante? Un motivo, según Okun, es que ofrece una "lección importante" para el campo de la terapia genética en el futuro.

Los investigadores no pueden hacer suposiciones sobre el "mecanismo de acción" de una terapia basándose en el área del cerebro a la que se dirige, señaló.

Eidelberg planteó otra cuestión: en los estudios futuros, los investigadores podrían utilizar imágenes del cerebro para asegurarse de que las mejoras en los síntomas del paciente se deben a un efecto verdadero de la terapia genética, en lugar de un "efecto placebo".

En el ensayo original, en el que participaron unas pocas docenas de pacientes con Parkinson, algunos se asignaron al azar a recibir infusiones del gen GAD. Los demás se sometieron a un procedimiento "falso" con fines de comparación.

A lo largo de seis meses, ambos grupos mostraron mejoras en los síntomas del movimiento, como la rigidez y los temblores. Pero el grupo de la terapia genética experimentó unas mejoras mayores.

En cualquier terapia de este tipo, existe la preocupación teórica de que el gen infundido tenga efectos accidentales.

"Lo que hemos visto es que este gen se queda en su sitio", dijo Eidelberg. "No se propaga por todo el cerebro".

En el ensayo original no hubo señales de alarma, según los investigadores. Los efectos secundarios más comunes fueron dolores de cabeza y náuseas temporales.

Varios equipos de investigación estudian distintos métodos de terapia genética para el Parkinson. Eidelberg dijo que la esperanza es desarrollar opciones adicionales que funcionen en al menos algunos pacientes, posiblemente liberándolos de tomar medicamentos cada día.

En este momento, anotó, hay "mucho interés" en realizar un ensayo más grande y de etapa más avanzada sobre la terapia GAD. Pero ninguno ha comenzado todavía.

El estudio actual fue financiado por Neurologix Inc., la compañía que desarrolló la terapia genética.

Más información

La Parkinson's Foundation ofrece más información sobre el tratamiento del Parkinson.

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