Los trastornos de la alimentación son distintos en los hombres

LUNES, 28 de febrero de 2022 (HealthDay News) -- Las personas tienden a tener una imagen específica cuando piensan en un trastorno de la alimentación: una chica blanca preocupantemente delgada con unos brazos finísimos, y unas costillas y omóplatos prominentes.

No piensan en un hombre fuerte y musculoso que toma batidos de proteína y se preocupa sobre los carbohidratos entre sus sesiones de levantamiento de pesas. Pero quizá deberían.

Los trastornos de la alimentación son distintos en los hombres

Los hombres y algunos grupos minoritarios han tenido una falta de representación drástica en los ensayos clínicos que investigan las opciones de tratamiento para los trastornos de la alimentación, informa un estudio reciente.

El porcentaje de hombres que participaron en los ensayos clínicos de los trastornos de la alimentación durante la década pasada fue "de menos de la mitad de la proporción que esperábamos ver", señaló la coautora del estudio, Helen Burton Murray, directora del Programa de Salud Conductual GI del Hospital General de Massachusetts, en Boston.

Parte del problema es que a los hombres simplemente no se les considera igual de susceptibles a los trastornos de alimentación que a las mujeres, apuntaron los expertos, de forma que los médicos no piensan en diagnosticarlos.

Pero también podrían estar buscando los síntomas equivocados. Es probable que haya unos trastornos de alimentación de patrón masculino que sean del todo distintos de las afecciones que están bien establecidas entre las mujeres, plantean los expertos.

Los ensayos clínicos para el trastorno por atracón entre 2011 y 2020 incluyeron a alrededor de un 20 por ciento de hombres, más o menos la mitad de lo que se necesita para una representación real, apuntó Burton Murray. Unos estimados recientes sostienen que los varones conforman incluso hasta un 40 por ciento de los casos totales de trastorno por atracón.

La representación masculina en los estudios sobre la anorexia y la bulimia fue incluso peor. Los hombres conforman un 19 por ciento de los casos de anorexia o bulimia, pero los ensayos clínicos de esas afecciones tuvieron una participación masculina de menos de un 5 por ciento.

Una explicación posible es que los médicos detectan los trastornos de la alimentación en los hombres con menos frecuencia, dijo Burton Murray. Los hombres tampoco buscan tratamiento médico con la misma frecuencia que las mujeres, y por tanto es menos probable que los recluten para un ensayo clínico.

"En general, otros estudios de investigación han mostrado que es menos probable que los varones sean incluso diagnosticados con un trastorno de la alimentación, o que busquen o reciban tratamiento, en comparación con las chicas y las mujeres", observó Burton Murray. "Este podría ser un motivo de que no se incluyeran varones, porque quizá las estrategias de reclutamiento de estos estudios fueron reclutar de poblaciones clínicas, donde ya hubiera un trastorno de la alimentación diagnosticado".

Los hallazgos se publicaron en una edición reciente de la revista JAMA Network Open.

El patrón de que las mujeres se inscriban más que los hombres en los ensayos se sostiene en toda la investigación clínica, apuntó el Dr. Timothy Walsh, fundador del programa de investigación en trastornos de la alimentación del Instituto Psiquiátrico del Estado de Nueva York/Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia.

Se teme que los hombres puedan distorsionar los resultados

"Resulta que las mujeres tienen una representación excesiva en los ensayos clínicos", dijo Walsh. "Lo que entiendo es que, en este país, las mujeres pasan más tiempo en la atención de la salud que los hombres. Las mujeres, por la combinación de motivos que sea, son más propensas a ir a las clínicas, tanto para la atención general como para los estudios".

Pero también es un hecho que los hombres han sido históricamente desatendidos en el tratamiento y la investigación de los trastornos de la alimentación, lamentó Stuart Murray, director del Programa de Trastornos de la Alimentación y del Laboratorio de Investigación Traslacional en Trastornos de la Alimentación de la Facultad de Medicina Keck, de la Universidad del Sur de California.

Los primeros casos reportados de anorexia en 1860 incluyeron tanto a hombres como a mujeres, señaló Murray.

"Desde el principio, sabíamos que era un trastorno que podía afectar a los hombres", anotó.

Pero en el siglo posterior, los hombres fueron excluidos de la investigación sobre los trastornos de la alimentación, aunque el campo creció muchísimo mediante el desarrollo de criterios diagnósticos, medidas de los síntomas e incluso tratamientos, observó Murray.

"Todos estos eventos tan importantes sucedieron ante la ausencia completa de cualquier investigación en los hombres", afirmó Murray.

Esto condujo a unos criterios diagnósticos centrados en las chicas y mujeres. Por ejemplo, no era posible recibir un diagnóstico de anorexia a menos que se hubiera dejado de tener ciclos menstruales, observó Murray.

Incluso cuando la medicina al final reconoció que los hombres podían desarrollar trastornos de la alimentación, esos casos se consideraban tan raros que podían sesgar los resultados de los ensayos clínicos, añadió Murray. Por tanto, los hombres han tendido a ser directamente excluidos de los ensayos de trastornos de la alimentación.

Ahora se sabe que los hombres pueden desarrollar anorexia, bulimia y trastorno por atracón, igual que las mujeres.

"Son muy similares a los síntomas de las mujeres. Nadie piensa que necesiten un tratamiento o unas intervenciones significativamente distintos, con los datos limitados que tenemos", dijo Walsh.

Pero sí hay tipos de trastornos de la alimentación específicos según el sexo, que afectan a los hombres, y que no se han definido ni investigado de una forma adecuada, apuntó Murray.

La obsesión con los músculos y la proteína

"Si se cree que los trastornos de la alimentación están vinculados de cierta forma con una imagen corporal idealizada, el cuerpo ideal es muy distinto para los hombres y las mujeres", señaló Murray. "El cuerpo femenino ideal es delgado, muy esbelto y con un peso muy bajo, y esto da origen a la conducta que consideramos como trastornos de la alimentación clásicos".

"El cuerpo masculino ideal es con frecuencia muy muscular y esbelto, muy definido y realmente grande", continuó. "Este ideal corporal no da origen al mismo conjunto de conductas, para nada. Es poco probable que se logre un cuerpo de este tipo si se restringen las calorías".

Esta afección entre los hombres, lo que denomina trastorno de la alimentación orientado a la musculatura, implica unas normas rígidas respecto al conteo de las proteínas, la programación de las comidas, una preparación escrupulosa de las comidas, "y nunca querer que falte la proteína en polvo", indicó Murray.

"Con frecuencia, estos chicos sufren ansiedad si no pueden comer lo suficiente", dijo Murray. "Con frecuencia, estos chicos sufren ansiedad si pasan demasiado tiempo entre comidas, porque les preocupa que sus cuerpos no estén llenos de forma permanente con proteína para respaldar un crecimiento muscular máximo".

"Es rígido. Está regido por las normas. Altera a la vida normal... todas son características de un trastorno de la alimentación, pero se orienta a hacerse más musculoso, en lugar de hacerse más delgado. Esa es la única diferencia", concluyó Murray.

La forma en que los ensayos sobre los trastornos de la alimentación gestionan a los grupos minoritarios también es problemática, pero está definida con menos claridad, indicaron los investigadores.

Muchos estudios sobre los trastornos de la alimentación no se molestan en anotar la raza o la etnia, encontraron los investigadores. Apenas alrededor de un 62 por ciento de los ensayos reportaron la raza, y un 43 por ciento la etnia.

Entre los ensayos clínicos que reportaron la raza, los hispanos y los asiáticos parecen estar poco representados, encontró el estudio.

Esto podría deberse a que los grupos minoritarios tienen menos acceso a la atención de la salud, o a que es menos probable que busquen atención, plantearon Burton Murray y Walsh.

"Las personas con medios económicos limitados y de las minorías no tienen un acceso bueno a la atención médica en general", dijo Walsh. "Esto podría reflejarse en su falta de representación en los ensayos clínicos sobre los tratamientos para los trastornos de la alimentación. Estos problemas son reales, pero van más allá de los ensayos para los trastornos de la alimentación".

Burton Murray advirtió que su estudio solo se enfocó en 21 ensayos que se publicaron en ClinicalTrials.gov, y que podría haber pasado por alto ensayos que no reportaron sus resultados en ese sitio o investigaciones realizadas en otros países.

Pero anotó que un estudio reciente, que se enfocó en la representación de las minorías en ensayos de este tipo, llegó a conclusiones similares, e incluyó tanto ensayos clínicos como estudios observacionales.

Más información

El Instituto Nacional de la Salud Mental de EE. UU. ofrece más información sobre los trastornos de la alimentación.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

FUENTES: Helen Burton Murray, PhD, director, GI Behavioral Health Program, Massachusetts General Hospital, Boston; B. Timothy Walsh, MD, professor, psychiatry, Columbia University, New York City; Stuart Murray, PhD, director, Eating Disorders Program and the Translational Research in Eating Disorders Laboratory, University of Southern California Keck School of Medicine, Los Angeles; JAMA Network Open, Feb. 21, 2022

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