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Con frecuencia, los médicos recetan antidepresivos para el dolor, pero ¿en realidad funcionan?

JUEVES, 2 de febrero de 2023 (HealthDay News) -- Con frecuencia, se recetan antidepresivos a las personas que sufren dolor crónico, pero una nueva revisión de las evidencias plantea que la ciencia subyacente de estas recetas es floja, en el mejor de los casos.

Estos medicamentos ayudaron a las personas con dolor crónico solo en una cuarta parte de los usuarios potenciales evaluados, e incluso entonces el efecto varió entre bajo y moderado, según un análisis combinado de 26 revisiones anteriores.

Con frecuencia, los médicos recetan antidepresivos para el dolor, pero ¿en realidad funcionan?

"Encontramos que, para la mayoría de las afecciones de dolor y tipos de antidepresivos, las evidencias de su efectividad eran inconcluyentes o eran inefectivos", señaló el investigador principal, Giovanni Ferreira, investigador del Instituto de Salud Musculoesquelética de la Universidad de Sídney, en Australia.

En particular, la revisión encontró pocas evidencias que respalden el uso de los antidepresivos tricíclicos, comentó.

Estudios anteriores han encontrado que hasta 3 de cada 4 recetas de antidepresivos para el dolor eran de un antidepresivo tricíclico, apuntaron los investigadores en las notas de respaldo.

"Los antidepresivos tricíclicos, como la amitriptilina, son con diferencia los antidepresivos usados con la mayor frecuencia para el tratamiento del dolor", dijo Ferreira. "Pero para nuestra sorpresa, la mayoría de las evidencias sobre los antidepresivos tricíclicos mostraban que la efectividad de estos antidepresivos es inconcluyente. Pensamos que este hallazgo es preocupante".

La epidemia de opioides en EE. UU. ha llevado a los médicos a buscar fármacos no opioides como medio de aliviar el dolor.

Por ejemplo, una directriz de 2021 sobre la gestión del dolor crónico del Instituto Nacional de Excelencia en la Salud y la Atención (NICE) de Reino Unido recomienda de forma explícita que no se usen analgésicos, pero plantea una excepción para los antidepresivos, anotaron los investigadores.

En este nuevo informe, el equipo de Ferreira analizó una serie de revisiones que condensan las evidencias de 156 ensayos clínicos en que participaron más de 25,000 personas.

Los investigadores usaron las evidencias combinadas para juzgar la efectividad de ocho clases de antidepresivos en 22 afecciones de dolor distintas, para un total de 42 comparaciones individuales.

"Por primera vez, esta revisión reúne todas las evidencias existentes sobre la efectividad de los antidepresivos para tratar el dolor crónico en un documento abarcador", dijo Ferreira.

En total, 11 de las 42 comparaciones (un 26 por ciento) arrojaron evidencias que respaldan la efectividad de un antidepresivo para tratar un tipo de dolor crónico.

"En cuanto a las demás 31 comparaciones [un 74 por ciento], los antidepresivos fueron ineficaces o las evidencias sobre su eficacia eran inconcluyentes", escribieron los investigadores.

Mencionaron nueve afecciones de dolor específicas para las cuales un antidepresivo u otro parecía ser efectivo. Estas eran el dolor de espalda, el dolor postoperatorio, la fibromialgia, el dolor nervioso, el dolor relacionado con el tratamiento del cáncer de mama, el dolor exacerbado por la depresión, la artritis de rodilla, el síndrome de intestino irritable, y el dolor de cabeza provocado por la tensión crónica.

"En la mayoría de estas afecciones, los antidepresivos IRSN [inhibidores de la recaptación de la serotonina-norepinefrina] eran efectivos", aseguró Ferreira.

Unas evidencias de certeza moderada sugerían que los IRSN eran particularmente útiles para la gestión del dolor de espalda, el dolor postoperatorio, la fibromialgia y el dolor neuropático, mostraron los resultados.

Por otro lado, los investigadores quedaron sorprendidos por la efectividad limitada de los antidepresivos tricíclicos, a pesar de su uso frecuente.

"Solo hubo tres afecciones para las que eran efectivos: el dolor neuropático [dolor nervioso], el síndrome del intestino irritable y el dolor de cabeza de tipo tensional", aclaró Ferreira. "Pero, para estas tres afecciones, la certeza de las evidencias fue baja".

Las personas deben sopesar con cuidado con el médico si un antidepresivo podría ayudar con su dolor, concluyó.

"Esperamos que los hallazgos de esta revisión respalden tanto a los profesionales clínicos como a los pacientes, para que sopesen los beneficios y los daños de los antidepresivos para varias afecciones de dolor crónico, de forma que puedan tomar decisiones informadas respecto a si usarlos y cuándo usarlos", planteó Ferreira.

Hay muchos medios distintos mediante los cuales un antidepresivo podría funcionar para ayudar a alguien con dolor crónico, apuntó el Dr. Glenn Treisman, profesor de psiquiatría y ciencias conductuales de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore.

Algunos podrían afectar directamente a las vías que reportan el dolor al cerebro, mientras que otros podrían reducir la percepción del dolor de una persona, o aliviar una afección emocional como la ansiedad o la depresión, que hacen que alguien sea más sensible al dolor, observó Treisman, que no participó en el estudio.

Tanto Treisman como Ferreira dudan que un efecto placebo pudiera explicar los resultados encontrados en estos ensayos clínicos.

"No se comprende bien por qué algunos ensayos muestran que ciertos tipos de antidepresivos son efectivos para una afección pero no para otra, pero es poco probable que se deba a los efectos placebo", señaló Ferreira. "Y al contrario que las opiniones populares, los efectos placebo en la investigación sobre el dolor en realidad no son muy potentes".

Por su parte, Treisman dijo que es difícil sacar conclusiones amplias de un análisis que combina los datos de varias afecciones de dolor distintas y de varios antidepresivos distintos.

"Cuando se realiza uno de esos estudios, lo deseable es un grupo homogéneo de pacientes que tengan lo mismo. Y esto es muy difícil de encontrar en el dolor crónico", apuntó Treisman.

Cada individuo es bastante distinto, anotó.

"Sus personalidades son distintas. Tienen distintos umbrales de dolor. Tienen distintas capacidades de afrontamiento, distintas formas de distraerse del dolor", aclaró Treisman. "Entonces, cuando se intenta realizar un experimento, es muy difícil lograr que el experimento muestre lo que se quiere que muestre".

Anotó, por ejemplo, que algunas personas son lo que se conoce como amplificadoras de síntomas, es decir, experimentan los síntomas con una mayor intensidad. Otras son minimizadoras de síntomas. "Incluso cuando sienten bastante dolor, dicen que están 'bien'", apuntó Treisman. "Y cuando se realizan estudios en personas, cuando no se igualan, es muy difícil que los estudios salgan bien".

Los estudios que no muestran ningún efecto no necesariamente descartan el potencial de los antidepresivos para ayudar con el dolor, anotó.

"Los estudios que son negativos no dicen que no esté ocurriendo nada", aclaró Treisman. "Lo que dicen es que ese estudio no pudo mostrar que sucediera algo. Y el motivo de que no pudieran mostrarlo es que realizar estos estudios bien es de verdad difícil. Un experimento fallido no prueba el negativo".

La revisión se publicó en la edición del 1 de febrero de la revista BMJ.

Más información

La Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard ofrece más información sobre los antidepresivos para el alivio del dolor.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

FUENTES: Giovanni Ferreira, PhD, research fellow, Institute for Musculoskeletal Health, University of Sydney, Australia; Glenn Treisman, MD, PhD, professor, psychiatry and behavioral sciences, Johns Hopkins University School of Medicine, Baltimore; BMJ, Feb. 1, 2023

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