¿Cuánto vale tu vida? Lo que debes saber sobre la indemnización de tu seguro de vida

Los seguros de vida tienen una misión clara: entregar una indemnización cuando la persona asegurada fallece. Pero esa indemnización no es siempre la misma. Puede ser muy elevada o simplemente una cantidad mínima. ¿De qué depende? ¿Cómo se determina ese dinero? ¿Cuánto vale la vida de una persona? ¿Cuánta cantidad de seguro es necesaria?

Los datos de la organización LIMRAdicen que en Estados Unidos hay una diferencia media de unos 320.000 dólares entre la cantidad que los hogares tienen contratada y la que realmente necesitan, con lo que la mayoría de las familias está infraasegurada.

En este artículo aprenderás todo lo que debes saber sobre la indemnización de tu seguro de vida. Aprende cómo contar con la mejor cobertura y cómo hacer que tus beneficiarios reciban la mayor cantidad posible de dinero tras tu fallecimiento.

Indemnización del seguro de vida: Qué vas a encontrar en este artículo

Qué es el beneficio por causa de muerte y cómo se genera

En las pólizas de seguros aparece de muchas formas: beneficio por causa de muerte, beneficio por defunción, indemnización o, en inglés, death benefit. En todos los casos se trata de lo mismo: el dinero que la aseguradora paga a los beneficiarios elegidos por el asegurado cuando este fallece.

Esa indemnización es clave en la configuración del seguro: de su monto dependen conceptos fundamentales, como las primas –mensuales, semestrales, únicas o anuales-, que serán mayores cuanto mayor sea el beneficio final. También el valor en efectivo tiene mucho que ver con la indemnización.

Los beneficios por causa de muerte se deben pagar en un plazo máximo de dos meses tras el fallecimiento de la persona asegurada. Durante ese tiempo, la compañía verifica quiénes son los beneficiarios elegidos por el titular, se pone en contacto con ellos y estipula la forma de pagar. En ocasiones, el beneficiario puede ser un banco, que obliga a comprar un seguro hipotecario. En otras, un fondo fideicomiso, que se encargará de gestionar el dinero de acuerdo a la voluntad del fallecido. Cabe también la posibilidad de que el titular del seguro haya decidido dejar la póliza como herencia, de forma que el dinero se reparta entre los herederos. Esta idea puede resultar atractiva a muchas personas, pero siempre es complicada, porque la entrega del dinero se puede retrasar hasta que todos los trámites de la legalización de la herencia se completan.

En todo caso, se elija la opción que se elija, hay algo seguro: los beneficiarios de la póliza recibirán el dinero libre de impuestos y podrán dedicarlo a lo que consideren oportuno.

Tipos de coberturas por muerte

Aunque el objetivo de las indemnizaciones siempre es el mismo, no todas son iguales. Cuando vayas a contratar un seguro, es importante que prestes atención a qué modalidad de beneficio por defunción eliges. Los tipos principales son estos:

  • Cobertura nivelada: se fija una cantidad y se mantiene siempre estable, sin importar cuándo muera el asegurado. Así, si la indemnización pactada son 200.000 dólares, por ejemplo, se entregan aunque el titular de la póliza muera en el segundo año de vigencia del seguro. Este es el tipo de indemnización que suelen entregar los seguros de tipo permanentes, y está íntimamente ligada a la generación de valor en efectivo. De hecho, cuando fallece el asegurado y se entrega el beneficio, una parte es la cobertura propiamente dicha y otra, la devolución del valor en efectivo que no hubiera sido retirado antes por el asegurado.
  • Cobertura a término decreciente. Es frecuente en los seguros de vida a término, temporales o de plazo fijo. Se trata de una indemnización que va decreciendo con los años, a medida que se acerca la fecha de expiración de la póliza. Son muy utilizadas por padres que quieren un seguro para respaldar los primeros años de vida de sus hijos y, después, a medida que estos se hacen mayores, ya no necesitan la cobertura.
  • Cobertura a término creciente. Justo al revés que la decreciente, en este caso el beneficio por causa de muerte aumenta a medida que pasan los años de vida de la póliza del seguro de vida a término. En estos casos, las primas suelen aumentar de forma proporcional al incremento de la indemnización.

También se pueden diferenciar los tipos de indemnizaciones en función de cómo se pague el beneficio. Este puede entregarse de tres formas principales:

  • Suma total. Se entrega el dinero de una sola vez y cada beneficiario decide su futuro.
  • Opción de interés. En estos casos, el beneficiario mantiene el dinero en la compañía aseguradora, que lo custodia e invierte, pagándole un interés mensual. Es interesante para quienes quieran convertir ese beneficio recibido en un medio de ahorro.
  • Periodo fijo. El beneficiario pacta con la aseguradora la entrega del dinero en entregas fijas que, además, llevarán intereses. Es interesante también para contar con ese dinero como un ahorro.
  • Reembolso vitalicio. En este caso, la compañía entrega una cantidad mensual al beneficiario durante toda su vida. Esta opción de nuevo es atractiva, porque si el beneficiario vive muchos años, puede acabar por recibir más dinero del que le correspondía en el beneficio por causa de muerte.

Cantidades: en cuánto se asegura tu vida

Como puedes ver, hay diferentes opciones para configurar la indemnización que paga tu seguro cuando fallezcas. Pero sigue pendiente de resolver la pregunta fundamental: ¿cuál es la cantidad que debe sumar ese beneficio?

Uno de los mayores errores que se cometen al contratar un seguro de vida es no determinar adecuadamente la cantidad de dinero de la cobertura. Una persona joven y con pocos ingresos puede tratar de ahorrar y suscribir una póliza con poca indemnización. A la larga, se dará cuenta de que esa cantidad no es suficiente para mantener el nivel de vida de su familia si fallece. Tendrá que contratar otro seguro o renegociar las condiciones del que ya tiene, con lo que seguramente le resultará mucho más caro. Eso, si no choca con el proceso de calificación y se le niega el acceso a otra póliza.

Por tanto, para evitar estos problemas, es fundamental elegir bien la cantidad. Por ejemplo, podemos pensar que es una buena idea contratar una cobertura que suponga 10 veces nuestro salario. Si el salario es de 60.000 dólares al año, se contratar una indemnización de 600.000 dólares. Eso, en teoría, debería permitir a la familia aguantar 10 años sin los ingresos de la persona fallecida. Pero, ¿ese dinero vale lo mismo dentro de una década? Seguramente, no, con lo que la cobertura realmente da para mucho menos.

Los expertos lo tienen claro: hay que calcular bien lo que vale la pérdida de una persona. Es decir, lo que aporta en términos de ingresos, de amortización de préstamos, de devolución de hipotecas, lo que cuesta su funeral… Todo eso debe ser tenido en cuenta a la hora de negociar la cobertura más completa posible.

De esta forma, cuando hagas tus cálculos, ten en cuenta lo que ganas ahora, pero también lo que puedes estar ganando dentro de unos años. Calcula qué préstamos tienes ahora y los que tendrás dentro de un tiempo. Piensa si tus hijos estarán estudiando y si habrán suscrito créditos universitarios (recuerda que existen los seguros de vida para estudiantes). Valora si tus hijos se van a casar y tienes que ayudarles. Si tu negocio va bien o tiene dificultades… Y no te olvides de que hay muchas partes de tus ingresos “escondidas”. Por ejemplo, planes de salud que te ofrece tu empresa, retribuciones en especie, etc. En suma, pon en la balanza cualquier necesidad futura que puedan tener los tuyos y calcula cuánto dinero hace falta para hacer frente a esas posibilidades.

Pero, cuidado, también puedes caer en el error de sobreasegurar. Piensa que quizá no hace falta tanto y puedes pedir menos y pagar también menos. Por ejemplo, en un matrimonio con una sola persona trabajando, hay que valorar si esa fuente de ingresos puede ser reemplazada. Es decir, si, llegado el caso, la otra persona puede trabajar o tiene alternativas para mantener el nivel de vida. En esos casos, podría ser suficiente con una cobertura más limitada que simplemente ayude a superar los primeros momentos del trance.

Con todos estos datos sobre la mesa, algunos especialistas recomiendan contratar una cantidad múltiplo de tu salario que fuera, por ejemplo, 20 veces lo que ganas en un año antes de impuestos. Si tu seguro invirtiera, por ejemplo, en bonos que pagan un 5 por ciento anual, tus beneficiarios podrían vivir de esos intereses sin tener que comerse el principal de la indemnización, que seguirá estando ahí como un colchón protector. Por supuesto, este escenario no tiene en cuenta factores como la inflación, la fluctuación de esos bonos u otros problemas. Pero el ejemplo seguramente sirve para darte una idea de qué cantidad puedes negociar para crear una cobertura poderosa.

Como ves, elegir bien la cobertura de tu seguro no es una cuestión menor. Estudia bien esta información y después habla con tu agente de seguros para que te ofrezca más detalles, ejemplos e ilustraciones. Recuerda que cuanta más cobertura puedas pagar, más seguridad y más tranquilidad dejarás a tus sucesores.