Respirar aire contaminado podría aumentar el riesgo de un niño de enfermedad mental en la adultez

JUEVES, 29 de abril de 2021 (HealthDay News) -- Los niños expuestos a la contaminación atmosférica podrían estar en riesgo de enfermedad mental en la adultez temprana, sugiere un estudio reciente.

Los investigadores encontraron que los adultos jóvenes de Gran Bretaña que se habían expuesto a unos niveles más altos de contaminantes atmosféricos relacionados con el tráfico durante la niñez y la adolescencia tendían a desarrollar síntomas de enfermedad mental más adelante. Los óxidos de nitrógeno fueron un problema particular, reportaron los autores del estudio.

Respirar aire contaminado podría aumentar el riesgo de un niño de enfermedad mental en la adultez

"Nuestros hallazgos sugieren que la exposición a una edad temprana a la contaminación atmosférica es un factor de riesgo no específico de la enfermedad mental en general", señaló el investigador principal, Aaron Reuben, estudiante doctoral de psicología clínica de la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte.

Reuben advirtió que este estudio no prueba que la contaminación atmosférica provoque la enfermedad mental, sino solo que parece haber un vínculo.

"Los efectos identificados en el estudio fueron pequeños, pero como muchas personas de todo el mundo están expuestas a unos niveles altos de contaminación atmosférica, los hallazgos tienen implicaciones importantes para la salud pública a nivel de la población", apuntó Reuben.

Unas tasas más altas de síntomas de enfermedad mental observadas a los 18 años aplicaron a todos los tipos de trastornos psiquiátricos, anotó.

Aunque el estudio se realizó en Gran Bretaña, Reuben apuntó que "los niveles de contaminación atmosférica en EE. UU. son suficientemente similares que sentimos que nuestros hallazgos se generalizan a este y a otros países desarrollados con unos ingresos altos".

En el estudio, el equipo de Reuben recolectó los datos de más de 2,000 gemelos nacidos en Inglaterra y Gales en 1994 y 1995. Se dio seguimiento a los participantes hasta la adultez temprana.

Los investigadores midieron la exposición a los contaminantes del aire, como los óxidos de nitrógeno (NOx, un contaminante gaseoso) y la materia fina particulada (la PM2.5, unas minúsculas partículas que están suspendidas en el aire).

Casi un 22 por ciento de los participantes se expusieron a unos niveles de NOx que superaban a las directrices de la Organización Mundial de la Salud, y un 84 por ciento a unos niveles de PM2.5 que excedían a esas directrices.

Los investigadores evaluaron la salud mental de los participantes a los 18 años. Buscaron síntomas vinculados con la dependencia al alcohol, el cannabis o el tabaco; el trastorno de la conducta/trastorno de déficit de atención e hiperactividad; la depresión mayor, un trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de estrés postraumático, y los trastornos de la alimentación; y, síntomas de un trastorno del pensamiento relacionados con la psicosis.

Se usaron para calcular lo que los investigadores denominaron factor de la psicopatología, o "factor p". Mientras más alto era el factor p, peor era la salud mental.

Los efectos de la contaminación atmosférica en la salud mental se observaron en todos los tipos de problemas psicológicos, aseguró el equipo del estudio.

Los investigadores también observaron las características de los vecindarios de los niños para tomar en cuenta las condiciones asociadas con unos niveles más altos de contaminación atmosférica y un mayor riesgo de enfermedad mental, como la pobreza, el peligro y la desconexión social. Comentaron que estos factores no cambiaron el vínculo entre la contaminación atmosférica y la salud mental.

Brittany LeMonda, neuropsicóloga sénior del Hospital Lenox Hill, en la ciudad de Nueva York, revisó los hallazgos. Afirmó que "esta investigación es importante, ya que podría ayudar a identificar a los que están en riesgo de enfermedad psiquiátrica en ciertos vecindarios donde hay una mayor contaminación atmosférica".

Reuben apuntó que los científicos ya saben, a partir de la investigación con modelos animales y estudios de autopsias de humanos, que la contaminación atmosférica contiene una compleja mezcla de sustancias tóxicas que pueden afectar al cerebro.

Dijo que los mecanismos exactos todavía no están claros, pero que hay fuertes sugerencias respecto a la inflamación sistémica. En otras palabras, los contaminantes del aire que penetran en los tejidos más profundos de los pulmones y que podrían circular en el torrente sanguíneo provocan una respuesta inmunitaria que podría dañar a la salud del corazón, apuntó.

"En algunos casos, se cree que los contaminantes del aire quizá lleguen directamente al cerebro, a través de la nariz, donde también podrían causar una respuesta inmunitaria que quizá dañe al tejido cerebral", planteó Reuben. "Las consecuencias incluyen una barrera hematoencefálica permeable, alteraciones en la proliferación y la señalización de las neuronas, y una amplia variedad de problemas adicionales".

Es probable que algunos jóvenes tengan un mayor riesgo, señaló.

"Sin duda, los que tienen unas mayores exposiciones son la mayor preocupación, e incluirían a los niños expuestos en su vivienda o en la escuela debido a emisiones de los vehículos o de las instalaciones como las plantas eléctricas y las incineradoras de residuos", dijo Reuben.

Es probable que las familias que viven cerca de carreteras o autopistas concurridas tengan las mayores exposiciones, apuntó.

"Aparte de esto, solo podemos especular sobre los factores que podrían hacer que los niños sean más vulnerables a los efectos de la contaminación, ya sea debido a que tienen una predisposición genética a la enfermedad mental o a que presentan otros estresores, por ejemplo unos ambientes familiares caóticos, que los pongan en riesgo", añadió Reuben.

Kai Chen, profesor asistente de epidemiología de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Yale en New Haven, Connecticut, también revisó los hallazgos.

"Debemos comprender mejor la naturaleza de la mezcla de la contaminación atmosférica, que incluye tanto gases, contaminantes como los NOx y partículas como las PM2.5", aclaró Chen. "Ambos contaminantes comparten fuentes similares, como las emisiones del tráfico. Entonces, unas políticas que se dirijan a las fuentes de combustión podrían reducir múltiples contaminantes atmosféricos, lo que mejorará la salud pública.

Los hallazgos se publicaron en la edición en línea del 28 de Abril de la revista JAMA Network Open.

Más información

Aprenda más sobre la contaminación atmosférica y la salud mental en la Asociación Americana de Psicología (American Psychological Association).

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

FUENTES: Aaron Reuben, MEM, doctoral student, clinical psychology, Duke University, Durham, N.C.; Kai Chen, PhD, assistant professor, epidemiology (environmental health), Yale School of Public Health, New Haven, Conn.; Brittany LeMonda, PhD, senior neuropsychologist, Lenox Hill Hospital, New York City; JAMA Network Open, April 28, 2021, online

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