¿Pueden los dispositivos portátiles monitorizar la gravedad de los síntomas de COVID?

MARTES, 19 de abril de 2022 (HealthDay News) -- Los monitores de actividad portátiles pueden decirle qué tan bien duerme, qué tan rápido camina y, por supuesto, cuántos pasos ha dado.

Pero durante la pandemia, los investigadores también han estudiado la capacidad de los relojes inteligentes de ayudar a detectar la COVID-19 o proveer datos sobre la recuperación.

¿Pueden los dispositivos portátiles monitorizar la gravedad de los síntomas de COVID?

El estudio más reciente usa varias medidas de datos de la frecuencia cardiaca para ayudar a monitorizar la progresión de los síntomas en alguien que tiene coronavirus y para mostrar qué tanto enferma la persona afectada.

En el estudio, los monitores de actividad detectaron que la COVID-19 reducía las señales de cronometraje biológico, señaló el coautor Daniel Forger, profesor de matemáticas de la Universidad de Michigan, en Ann Arbor. Los investigadores también encontraron señales de cambios en la forma en que la frecuencia cardiaca de las personas responde a la actividad, una alteración en la frecuencia cardiaca en reposo y señales de estrés.

"La mayoría de las personas que usan estos datos piensan en la frecuencia cardiaca como un número, pero la frecuencia cardiaca es una constante vital que refleja muchos distintos procesos fisiológicos", aclaró Forger. "Esta es nuestra meta como matemáticos: ¿Podemos tomar este secuencia de números, todos estos latidos cardiacos, con todo el ruido y todo lo demás y decir algo sobre distintas señales fisiológicas?".

Aunque investigaciones anteriores han incluido un trabajo para comprender la enfermedad a través de datos portátiles sobre la frecuencia cardiaca, en esta iniciativa los investigadores se enfocaron en dividir la constante de la frecuencia cardiaca en partes.

El equipo usó datos de las cohortes de 2019 y 2020 del Estudio de la salud de residentes, que da seguimiento a los médicos durante su primer año de residencia, y del Roadmap College Student Data Set, que examinó la salud y el bienestar de los estudiantes durante el año académico 2020-2021. Los estudiantes del estudio usaron Fitbits, y reportaron sus diagnósticos y síntomas de COVID-19.

Este nuevo estudio incluyó a 43 médicos internos y a 72 estudiantes universitarios y de postgrado que tuvieron una prueba positiva de COVID-19. Usaron sus monitores de actividad 50 días antes y 14 días después del inicio de los síntomas.

Los investigadores encontraron que cuando los síntomas de COVID comenzaron, los participantes del estudio experimentaron un aumento en la frecuencia cardiaca por paso. La frecuencia cardiaca por paso de los individuos con tos fue significativamente más alta.

La frecuencia cardiaca en reposo diaria de una persona aumentó cuando los síntomas comenzaron o antes, quizá debido a la fiebre o a un aumento en la ansiedad, sugirieron los investigadores.

Cuando los síntomas de COVID comenzaron, los individuos tuvieron un aumento en la "incertidumbre de la fase circadiana", que es la incapacidad del cuerpo de programar los eventos diarios. Esto podría corresponderse con las señales tempranas de infección, apuntaron los autores del estudio.

Además de afectar a la frecuencia cardiaca, el reloj circadiano del cuerpo regula los patrones de vigilia y sueño, la temperatura y más.

"En realidad hay trabajos interesantes con animales que muestran que los ritmos circadianos se embotan alrededor del momento de la infección", dijo Forger. "Fisiológicamente tiene sentido. En el cuerpo hay unas grandes variaciones diarias, pero si uno está enfermo, el cuerpo quizá no quiera tener esas variaciones tan grandes. Quizá quiera desactivar ese cronómetro".

El trabajo establece algoritmos que se pueden usar para comprender cómo una enfermedad afecta a la fisiología de la frecuencia cardiaca, según el estudio.

Los algoritmos ya son suficientemente buenos para poder ofrecer un panorama más general de la salud, aseguró Forger, lo que podría ayudar a los profesionales de la medicina a clasificar a los pacientes y a tomar unas decisiones más informadas.

"Pienso que ahora que tenemos una mejor comprensión de estos cambios en los parámetros con el tiempo, de verdad prepara el terreno para una detección de la enfermedad en tiempo real en el futuro", aseguró el autor principal, Caleb Mayer, estudiante doctoral de matemáticas de la Universidad de Michigan. "Todavía no hemos llegado ahí, pero pienso que dividir la constante de la frecuencia cardiaca en todos estos sistemas distintos es un paso de verdad necesario para llegar a esa meta".

Estos dispositivos portátiles ya son muy comunes, y el número de personas que los utilizan solo crecerá en los próximos años, dijo el Dr. Matthew Martínez, director de Cardiología Deportiva de los Sistemas de Salud Atlánticos del Centro Médico de Morristown, en Nueva Jersey, y expresidente del Consejo de Cardiología del Deporte y el Ejercicio del Colegio Americano de Cardiología (American College of Cardiology).

Martínez, que no participó en el este estudio, dijo que con frecuencia atiende a pacientes que le proveen múltiples datos de sus monitores.

"Pienso que es de verdad importante que las personas continúen asumiendo el mando de su propia atención de la salud", planteó.

Martínez añadió algunas salvedades respecto a fiarse de esta información. Por un lado, la comunidad médica deberá determinar cuáles datos podrían ser valiosos.

Apuntó que podía ver el valor en la capacidad de monitorizar la información de salud de una persona y también en reunir datos de los que quizá no puedan acudir al médico en persona fácilmente.

"También me gusta la capacidad de monitorizar a las personas en su ambiente usual, para poder comprenderlo mejor. Además, permite una visión más asequible y de la vida real de lo que les sucede a los pacientes", aseguró Martínez.

Las limitaciones del estudio incluyen que no toma en cuenta las enfermedades gripales y que no tomó en cuenta otros factores, como la edad, el peso, el sexo o que los datos se reunieron en un momento en que la transmisión de la gripe y otras enfermedades también era alta.

Los hallazgos se publicaron el 19 de abril en la revista Cell Reports Medicine.

Más información

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. ofrecen más información sobre la COVID-19.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com


FUENTES: Daniel Forger, PhD, professor, department of mathematics and research professor, department of computational medicine and bioinformatics, University of Michigan, Ann Arbor, Mich.; Caleb Mayer, PhD student, department of mathematics, University of Michigan, Ann Arbor, Mich.; Matthew Martinez, MD, past chair, American College of Cardiology Sports and Exercise Cardiology Council, and director, Atlantic Health System Sports Cardiology, Morristown Medical Center, Morristown, N.J.; Cell Reports Medicine, April 19, 2022

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