Las aplicaciones ayudan a gestionar las afecciones de salud, pero pocos las usan, según una encuesta

LUNES, 7 de marzo de 2022 (HealthDay News) -- La popularidad de las aplicaciones de salud y para mantenerse en forma física aumenta, pero no entre las personas que más podrían beneficiarse de ellas: los adultos mayores y las que tienen afecciones de salud crónicas.

Casi dos de cada tres adultos estadounidenses viven con un problema de salud crónico, como la enfermedad cardiaca, la diabetes o el asma, encontró una nueva encuesta de HealthDay/Harris Poll.

Las aplicaciones ayudan a gestionar las afecciones de salud, pero pocos las usan, según una encuesta

Las aplicaciones de salud pueden ofrecer a los usuarios de teléfonos inteligentes una ventaja real para gestionar estas enfermedades crónicas, aseguró el Dr. David Bates, jefe de medicina interna del Hospital Brigham and Women's de Boston, y un experto de renombre internacional en la seguridad del paciente y la tecnología de atención de la salud.

"Varía bastante de una aplicación a otra, pero se ha demostrado que algunas de las aplicaciones resultan en beneficios", declaró Bates en HealthDay Now. "Algunas de las aplicaciones para perder peso de verdad ayudan a las personas a perder peso. De manera similar, algunas de las aplicaciones para la diabetes pueden ayudar a controlar el azúcar con una mayor efectividad".

Pero apenas un 14 por ciento de las personas con una enfermedad crónica dijeron que usan una aplicación diseñada en específico para ayudarlas a gestionar su afección, encontró la encuesta.

Además, apenas uno de cada cinco adultos mayores dijo que es probable que utilice estos tipos de aplicaciones en el futuro, aunque un 69 por ciento de las personas de a partir de 65 años dijeron que viven con un problema de salud crónico.

Las personas dijeron sobre todo que no utilizan este tipo de aplicaciones porque no necesitan monitorizar su salud de forma constante, aunque otras respuestas indicaron que sí tienen unos problemas de salud continuos, mostraron los resultados de la encuesta.

"Lo interesante de esto es que un 45 por ciento de los adultos de a partir de 65 años que no utilizan aplicaciones de salud dijeron que este es el motivo, pero muchas de estas personas viven con una afección de salud crónica", señaló Kathy Steinberg, vicepresidenta de The Harris Poll.

Los participantes de la encuesta también citaron preocupaciones sobre la privacidad y la asequibilidad como los motivos de que no aprovechen más las aplicaciones de salud.

Las personas en general conocen varias aplicaciones de salud, sobre todo monitores generales de la salud y la forma física (un 93 por ciento), las aplicaciones de nutrición y para perder peso (un 83 por ciento), y las aplicaciones para monitorizar el sueño y el consumo de agua, o ayudar en la meditación (un 77 por ciento).

Incluso conocen aplicaciones que proveen consejería de salud mental (un 69 por ciento) o que ayudan a monitorizar y gestionar afecciones crónicas como la diabetes y la enfermedad cardiaca (un 64 por ciento).

Pero las personas tienen el doble de probabilidades de utilizar una aplicación general de salud y forma física, como Fitbit o Apple Fitness+ (un 38 por ciento) que una aplicación que les ayude a gestionar una afección de salud crónica (un 17 por ciento).

La edad importa

Las personas mayores son incluso menos propensas a utilizar aplicaciones para las enfermedades crónicas, a pesar de que son las que más se beneficiarían. Apenas un 4 por ciento de los adultos de a partir de 55 años utilizan estos tipos de aplicaciones, aunque hasta un 25 por ciento de ellos usan monitores generales de la salud y la forma física, mostraron los resultados de la encuesta.

Las preocupaciones de seguridad son un motivo principal de que las personas mayores no confíen en una aplicación para ayudar a gestionar una enfermedad crónica. Alrededor de un 30 por ciento de las personas dijeron que les preocupa la seguridad de sus datos personales.

"Los problemas de seguridad son una preocupación real, y las aplicaciones no lo hacen tan bien como podrían respecto a proteger nuestra privacidad", lamentó Bates. "Es algo en lo que debemos seguir enfocándonos. Muchos de estos tipos de datos no son privados, pero algunos sí".

Pero apenas alrededor de una de cada cinco personas tenía un sentimiento fuerte respecto a los problemas de privacidad, mientras que dos de cada cinco no tenían ninguna preocupación sobre la seguridad, anotó Steinberg.

"Sin duda hay una oportunidad para que los proveedores de estas aplicaciones y los desarrolladores de estas aplicaciones ayuden a educar a los consumidores sobre los tipos de datos que se recolectan y cómo se comparten", planteó Steinberg.

Las personas tampoco quieren pagar por las aplicaciones.

"Alrededor de una de cada cinco afirma que no usa aplicaciones de salud porque no puede permitírselo o porque su seguro no las cubre. Es un número incluso mayor cuando se observa a las personas con una afección de salud crónica, y es un número incluso mayor cuando se observa a las personas que viven con ansiedad, depresión o una afección de la salud mental", apuntó Steinberg.

"Estas son las personas que de verdad necesitan estas aplicaciones, más que la persona promedio que cuenta sus pasos, y son más propensas a citar el costo y la cobertura como el motivo por el cual no las utilizan", continúo Steinberg.

Pero más o menos una de cada cuatro personas dijo que utilizaría una aplicación si su médico se la recetara o recomendara para gestionar su salud, mostró la encuesta.

Esta encuesta se realizó en línea del 24 al 28 de enero, entre 2,062 adultos de EE. UU. de a partir de 18 años.

"En general, la actitud respecto a estas aplicaciones es positiva", aseguró Steinberg. "La mayoría de las personas reconocen su valor. Una mayoría estaría abierta a utilizar estas aplicaciones si los beneficios fueran claros y si los seguros las cubrieran".

Lamentablemente, los médicos de atención primaria no han adoptado con rapidez la práctica de recomendar el uso de estas aplicaciones, comentó la Dra. Tochi Iroku-Malize, presidenta electa de la Academia Estadounidense de Médicos de Familia (American Academy of Family Physicians).

Los médicos se muestran renuentes a recomendar las aplicaciones de salud porque hay tantas disponibles, y hay pocas reseñas que les ayuden a saber cuál sería la mejor para sus pacientes, apuntó Iroku-Malize.

Tantas aplicaciones, ¿pero cuáles funcionan?

"Debemos estudiar los distintos tipos de aplicaciones de salud que hay, en términos de su efectividad, porque hay tantas de ellas", dijo Iroku-Malize. "Vamos a estudiarlas, a compararlas entre sí, a averiguar cuáles de verdad nos dan información precisa que de verdad podamos utilizar o no".

Algunas aplicaciones creadas por fuentes poco fiables no recibirán las actualizaciones necesarias basándose en los datos médicos más recientes, advirtió Iroku-Malize.

Y lo que es peor aún, Bates anotó que algunas pueden en realidad proveer información potencialmente dañina para la salud. Le preocupa en particular que las aplicaciones a veces no notifican a las personas de afecciones potencialmente letales.

"En muchas aplicaciones, usted puede decir que su azúcar en la sangre es de 10, que puede ser letalmente bajo, y la aplicación quizá no le diga que debe hacer algo con urgencia", señaló Bates. "Me gustaría que las aplicaciones fueran mejores para advertir si hay una situación grave".

Iroku-Malize añadió que también hay problemas de incompatibilidad tecnológica, es decir, las aplicaciones no siempre intercambian datos de forma nítida y fácil con los sistemas computarizados de los médicos, lo que dificulta más que los médicos utilicen la información en provecho de los pacientes.

Bates y sus colaboradores han sugerido que una tercera parte independiente comience a calificar las aplicaciones de salud, de forma que las personas puedan encontrar unos productos de calidad que satisfagan sus necesidades.

"Debemos hacer algo respecto a limitar la cantidad de opciones, porque cuando se tienen demasiadas opciones, las personas con frecuencia no pueden elegir. Resulta demasiado difícil", apuntó Bates.

"Simplemente limitar el número sería algo de verdad útil", agregó. "Por ejemplo, en Inglaterra, tienen unas 60 aplicaciones que cuentan con un respaldo nacional y que se promueven. Hay mucha competencia para entrar en ese grupo, pero esto hace que sea mucho más fácil elegir cuáles podrían ser relevantes para uno".

Los hombres parecen ser más propensos que las mujeres a utilizar una aplicación de salud, lo que incluye las que son para mejorar la salud mental (un 14 frente a un 10 por ciento), gestionar afecciones crónicas (un 15 frente a un 8 por ciento), y monitorizar los niveles de azúcar en la sangre (un 12 frente a un 7 por ciento).

Iroku-Malize se preguntó si esto se debe simplemente a que a los hombres no les gusta ir al médico, y una aplicación presenta una alternativa más aceptable.

"Piense en que los hombres son menos propensos a realizar visitas de mantenimiento para las afecciones crónicas, y las aplicaciones proveen una forma más fácil de controlar el tema", aseguró Iroku-Malize. "También es una forma de gestionar sus problemas de salud mental sin tener que visitar a un médico de atención primaria o algo parecido".

Más información

El Centro Médico de la Universidad de Kansas ofrece más información sobre las aplicaciones de salud.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com


FUENTES: David Bates, MD, chief, internal medicine, Brigham and Women's Hospital, Boston; Kathy Steinberg, vice president, The Harris Poll; Tochi Iroku-Malize, MD, MPH, president-elect, American Academy of Family Physicians; HealthDay/Harris Poll survey

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