La salud mental de los estudiantes universitarios sigue siendo mala tras las vacunas y el fin de los cierres

JUEVES, 2 de diciembre de 2021 (HealthDay News) -- Los estudiantes universitarios no se están recuperando de los cambios provocados por la pandemia de COVID-19, encuentra un problemático nuevo estudio.

A los investigadores les sorprendió encontrar que un año tras el inicio de la pandemia, los estudiantes universitarios eran menos activos y tenían un mayor riesgo de depresión, incluso cuando las restricciones sociales se levantaron y muchos ya estaban vacunados.

La salud mental de los estudiantes universitarios sigue siendo mala tras las vacunas y el fin de los cierres

Aunque el nuevo estudio se enfocó en las experiencias de los estudiantes universitarios en la primavera de 2021, los resultados preliminares de una investigación continua sugieren que estas tendencias se extendieron hasta principios de otoño.

"El hecho sorprendente es que, a pesar del fin de muchas restricciones y a la luz de la vacuna, los estudiantes seguían reportando unas tasas muy altas de malestar mental", señaló el autor del estudio, Osea Giuntella, profesor asistente del departamento de economía de la Facultad de Artes y Ciencias Kenneth P. Dietrich de la Universidad de Pittsburgh.

En primavera de 2019, investigadores de cuatro universidades (la Universidad de Pittsburgh, la Universidad de Carnegie Mellon en Pittsburgh, la Universidad de California en San Diego, y la Universidad de Gotemburgo en Suecia) comenzaron a monitorizar la salud mental y la actividad física de estudiantes de la Universidad de Pittsburgh, utilizando datos biométricos y de encuestas. Al principio, estudiaban la actividad física y la salud mental, para pensar en formas de animar a los estudiantes a tener unas conductas más saludables, dijo Giuntella.

Cuando la pandemia llegó al mundo un año más tarde, proveyó una oportunidad inusual para comparar las experiencias de los estudiantes con el mundo previo a la pandemia.

Los investigadores estudiaron a cinco cohortes de estudiantes en distintos semestres de 2019, 2020 y 2021. La mediana de edad de los estudiantes era de 19 años, y un 95 por ciento tenían menos de 23 años.

Aunque los estudiantes daban unos 9,800 pasos medidos al día antes de la pandemia, esto se redujo a 4,600 pasos al día en marzo y abril de 2020. Los participantes del estudio aumentaron sus pasos de forma gradual hasta 6,300 al día entre mayo y julio de 2020, y luego hasta 6,900 entre septiembre y noviembre de 2020, antes de reducirse a 6,400 entre febrero y mayo de 2021, una disminución de un 35 por ciento respecto a las cifras anteriores a la pandemia.

Aunque el tiempo frente a las pantallas siguió siendo significativamente más alto durante la pandemia, las interacciones sociales se recuperaron.

Los investigadores utilizaron la escala del Centro de Depresión Epidemiológica, y encontraron que las puntuaciones de los estudiantes aumentaron en un 50 por ciento desde principios de la pandemia. En primavera de 2021, todavía eran un 24 por ciento más altas que los niveles previos a la pandemia.

El equipo calculó que entre un 42 y un 56 por ciento de los participantes del estudio de primavera de 2021 estaban en riesgo de una depresión clínica.

"Estaban vacunados. Volvían al campus, pero su bienestar mental no se estaba recuperando hasta los niveles anteriores a la pandemia", lamentó Giuntella.

Los investigadores piensan que uno de los motivos de que los estudiantes no estén experimentando el mismo bienestar que antes de la pandemia es debido a la falta de novedad, dijo Giuntella. Han perdido la capacidad de conocer a personas nuevas en las clases, o de explorar la vida en el campus en todo su potencial. Algunos estudiantes quizá se hayan adaptado a la vida durante la COVID-19, y ahora sienten estrés por la vuelta a la normalidad, planteó Giuntella.

Será importante que las universidades desarrollen intervenciones para mejorar el bienestar estudiantil y aumentar la actividad, según los autores del estudio.

"Se debe realizar más investigación para iluminarnos sobre cuáles podrían ser los factores, y entonces lo que podemos hacer para mejorar la actividad física y el bienestar mental de los estudiantes universitarios", comentó Giuntella.

Los hallazgos se publicaron en la edición en línea del 2 de diciembre de la revista Scientific Reports.

La información es coherente con muchos otros datos, que han encontrado que los adultos jóvenes sufrieron un impacto desproporcionado por los cambios repentinos durante la pandemia, comentó la Dra. Rachel Conrad, directora de Salud Mental de los Adultos Jóvenes del departamento de psiquiatría del Hospital Brigham and Women's, en Boston. Conrad no participó en el nuevo estudio.

Entre los cambios en el campus que provocaron sufrimiento a los estudiantes universitarios se encontraba la mudanza obligatoria del alojamiento en el campus, dijo Conrad.

"En realidad observamos que hay muchos motivos distintos que afectaron de forma exclusiva a los estudiantes universitarios a principios de la pandemia, las mudanzas obligatorias, la separación de sus amigos, la soledad, la preocupación sobre la transmisión de la COVID", apuntó Conrad.

Al mismo tiempo, los adultos jóvenes perdieron algunos de sus principales mecanismos de afrontamiento, como el ejercicio y la socialización. Fue una pérdida traumática, y el tipo de experiencia de la que las personas no siempre se recuperan con rapidez, incluso cuando sus vidas vuelven a la normalidad, indicó Conrad. Y, por supuesto, todavía queda cierta incertidumbre.

"Cuando las personas tienen una experiencia potencialmente traumática y entonces la incertidumbre persiste, en realidad esto impide su capacidad de recuperarse", dijo Conrad. "Nuestro sistema de atención mental para los estudiantes universitarios, fragmentado e inadecuado, complica todo esto".

Los sistemas de salud mental de las universidades ya recibían pocos fondos, tenían poco personal y estaban mal estructurados, explicó. Deben ampliar sus servicios de forma significativa, sugirió Conrad. Las opciones de telesalud pueden ayudar en las universidades rurales. Aumentar el respaldo y las mentorías paritarias también podría rellenar las lagunas mientras haya una escasez de profesionales de la salud mental.

"Debe existir una expectativa de paridad entre la salud mental y la salud física. En ciertas instituciones educativas hay una actitud de que no necesariamente son responsables de la salud mental del alumnado, al mismo tiempo que sienten que no tienen la experiencia en estas áreas y no tienen los fondos para ampliar estos servicios", apuntó Conrad.

"Pero si pensamos sobre la salud física del alumnado, por ejemplo si hubiera un brote de COVID en un campus [o] si hubiera un brote de E. coli en la cafetería, no sería aceptable que una institución educativa dijera que la COVID o la E. coli no es su problema", añadió.

Más información

La Alianza Nacional Sobre Enfermedades Mentales (National Alliance on Mental Illness) ofrece más información sobre la salud mental en la universidad.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

FUENTES: Osea Giuntella, PhD, assistant professor, department of economics, Kenneth P. Dietrich School of Arts & Sciences, University of Pittsburgh, Penn.; Rachel Conrad, MD, director, Young Adult Mental Health, department of psychiatry, Brigham and Women's Hospital, Boston; Scientific Reports, Dec. 2, 2021, online

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