La diabetes tipo 2 en la adolescencia puede conllevar complicaciones peligrosas en la veintena

JUEVES, 29 de julio de 2021 (HealthDay News) -- Los niños diagnosticados con diabetes tipo 2 se enfrentan a unas mayores probabilidades de desarrollar complicaciones antes de los 30 años, sugiere un estudio reciente.

Los investigadores encontraron que, entre 500 niños y adolescentes con diabetes tipo 2, un 60 por ciento desarrollaron al menos una complicación en los 15 años posteriores, entre ellas daño nervioso, enfermedad ocular y enfermedad renal.

La diabetes tipo 2 en la adolescencia puede conllevar complicaciones peligrosas en la veintena

La diabetes tipo 2, que con frecuencia se asocia con una edad más avanzada y la obesidad, antes se veía de forma casi exclusiva en adultos. Pero a medida que la obesidad infantil ha aumentado en las últimas décadas, la afección se está diagnosticando en más niños.

La diabetes tipo 2 surge cuando el cuerpo ya no puede utilizar de forma adecuada la hormona insulina, que regula los niveles de azúcar en la sangre. Como resultado, esos niveles de azúcar en la sangre pueden dispararse, lo que puede dañar a los vasos sanguíneos y a varios órganos con el tiempo.

Los nuevos hallazgos, que se publicaron en la edición del 29 de julio de la revista New England Journal of Medicine, muestran la rapidez con la que pueden surgir las complicaciones.

Al final del periodo del estudio, los participantes tenían, en promedio, 26 años. Pero un 55 por ciento tenían enfermedad renal, un tercio tenían daños nerviosos, y la mitad tenían una enfermedad ocular relacionada con el daño en los vasos sanguíneos.

"Hasta cierto punto, esto confirma lo que sospechábamos pero no sabíamos", aseguró el Dr. Philip Zeitler, uno de los investigadores del estudio.

"Sigue habiendo una pregunta sobre si los niños desarrollan complicaciones con una mayor rapidez que los adultos. Pero no sucede con una mayor lentitud", advirtió Zeitler, endocrinólogo pediátrico del Hospital Pediátrico de Colorado, en Aurora.

Incluso en los niños, advirtió, "la enfermedad es potencialmente muy agresiva. Hay que tomarla en serio".

Pero no hay una solución simple. Se pueden utilizar medicamentos orales, como la metformina, además de la insulina, para controlar el azúcar en la sangre elevado.

Pero incluso en los jóvenes, la diabetes en general sucede junto con una presión arterial elevada y unos niveles malsanos de colesterol LDL (el "malo"), que son en sí factores de riesgo de complicaciones como las observadas en este estudio.

Al principio, cuando los participantes del estudio tenían, en promedio, 14 años, alrededor de un 20 por ciento tenían una presión arterial o unos niveles de colesterol malsanos. A finales de la veintena, un 67 por ciento tenían hipertensión, y poco más de la mitad tenían un colesterol alto.

Una dieta saludable, el ejercicio regular y perder peso, si es necesario, son esenciales para gestionar todos estos problemas. Sin embargo, Zeitler señaló que para las familias que no pueden costear alimentos saludables, o que no tienen un lugar seguro para que sus hijos hagan ejercicio, es más fácil decir todo esto que hacerlo.

"En realidad es un problema social", planteó. "Es una reflexión de que nuestra red de seguridad social no funciona".

Entre los hallazgos de su equipo se encuentran: Los niños negros e hispanos tenían un 80 y un 57 por ciento más de probabilidades, respectivamente, de desarrollar complicaciones que los niños blancos.

La Dra. Molly Regelmann es endocrinóloga pediátrica en el Hospital Pediátrico de Montefiore, en la ciudad de Nueva York.

Dijo que a los niños con diabetes tipo 2 les va mejor cuando las familias pueden hacer cambios en la dieta y los hábitos de ejercicio de toda la familia. Y esto puede resultar difícil.

"Las tasas de obesidad y diabetes tipo 2 tienden a ser más altas en los 'desiertos de alimentos', las áreas con un acceso limitado a alimentos frescos y saludables que hay en los supermercados y los puestos de granjeros", observó Regelmann, que no participó en el estudio.

Esas mismas áreas también podrían carecer de lugares seguros para hacer ejercicio. Y es probable que la pandemia haya complicado el problema, añadió.

"Los cierres de las escuelas durante la pandemia de COVID-19 condujeron a que hubiera menos oportunidades para los deportes organizados y las clases de educación física", aseguró Regelmann. "La pandemia también ha hecho que cierren los gimnasios, y en las áreas donde se necesita transporte público para llegar a los espacios abiertos, las familias han tenido que sopesar los riesgos y los beneficios del ejercicio con las exposiciones potenciales a la infección".

En cuanto a los medicamentos, dijo Zeitler, con frecuencia hay renuencia a utilizarlos para gestionar la presión arterial y el colesterol de los niños.

Pero, en su centro, señaló son "más agresivos" respecto a recetar estos medicamentos a los niños con diabetes tipo 2.

Regelmann se mostró de acuerdo en que el "umbral" para comenzar con los medicamentos es más bajo para los niños que tienen diabetes que para los que no.

También hay menos opciones para controlar el azúcar en la sangre de los niños, en comparación con los adultos. En el momento del estudio, dijo Zeitler, los únicos tratamientos aprobados para los pacientes menores de 18 años eran la metformina y la insulina.

Regelmann dijo que se ha mostrado que algunos medicamentos más recientes aprobados para los adultos no solo reducen el azúcar en la sangre, sino que también controlan el riesgo de complicaciones.

"El estudio resalta la necesidad de evaluar estos medicamentos en pacientes más jóvenes", añadió.

Más información

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. ofrecen más información sobre la prevención de la diabetes tipo 2 en los niños.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com


FUENTES: Philip Zeitler, MD, PhD, medical director, Children's Hospital Colorado Clinical and Translational Research Center, Aurora, Colo.; Molly Regelmann, MD, assistant professor, pediatrics, Children's Hospital at Montefiore, New York City; New England Journal of Medicine, July 29, 2021

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