En el año tras la recuperación de la COVID, pueden surgir problemas de salud mental

JUEVES, 17 de febrero de 2022 (HealthDay News) -- La COVID-19 puede cobrarse un alto precio en el cuerpo, pero una nueva investigación muestra que los pacientes también tienen un 60 por ciento más de probabilidades de sufrir problemas mentales y emocionales persistentes en el año tras la infección.

Estos problemas incluyen ansiedad, depresión, pensamientos suicidas, trastorno por uso de opioides, trastornos por el uso de las drogas ilícitas y el alcohol, alteraciones del sueño, y problemas de pensamiento y concentración.

En el año tras la recuperación de la COVID, pueden surgir problemas de salud mental

"Si después de la COVID-19 las personas sufren problemas del sueño o depresión o ansiedad, no están solas. Atendemos a miles de personas iguales. No se debe dudar en buscar ayuda", señaló el investigador principal, el Dr. Ziyad Al-Aly, epidemiólogo clínico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, en St. Louis, y del Sistema de Atención de la Salud de Asuntos de Veteranos de St. Louis.

Al-Aly cree que hay que tomarse estos problemas en serio.

"Quiero que prestemos más atención a cosas como estas, de forma que no empeoren ni se conviertan en crisis mucho más grandes en el futuro", planteó. "Observamos un aumento en el riesgo de uso de opioides. Observamos un aumento en el riesgo de ideación suicida, observamos depresión, observamos ansiedad, y, para mí, es como la tormenta perfecta para otra epidemia de opioides y otra epidemia de suicidios".

Aunque no está claro cómo el virus afecta al cerebro, Al-Aly cree que el daño ocurre cuando la COVID-19 entra en las células cerebrales.

"El virus puede en realidad entrar al cerebro y provocar una variedad de problemas distintos, entre ellos una alteración de las conexiones neuronales, una elevación de ciertos marcadores inflamatorios, una alteración de la señalización, y cambios en la arquitectura del cerebro, lo que también podría explicar las lagunas mentales o el deterioro neurocognitivo [del pensamiento] de algunas personas", explicó.

Los médicos deben estar atentos a estos problemas entre los pacientes que se hayan recuperado de la COVID-19, planteó Al-Aly.

"Los médicos de verdad deben comprender que la COVID-19 es un factor de riesgo de estos problemas. Definitivamente pregunte sobre la salud mental, sobre el sueño, sobre el dolor", aconsejó. "Lo más importante es diagnosticar estas afecciones pronto y resolverlas antes de que se conviertan en unas crisis muchísimo peores en el futuro".

En el estudio, Al-Aly y sus colaboradores utilizaron una base de datos del Departamento de Asuntos de Veteranos de EE. UU. para recolectar información sobre casi 154,000 adultos que tuvieron COVID-19 entre el 1 de marzo de 2020 y el 15 de enero de 2021.

Los investigadores utilizaron estos datos para comparar los resultados de salud mental con casi 6 millones de personas que no tuvieron COVID-19, y otros 6 millones de personas de antes del inicio de la pandemia.

La mayoría de los participantes eran hombres blancos mayores, pero debido al gran tamaño del estudio, incluyó a más de 1 millón de mujeres, más de 2 millones de pacientes negros, y a adultos de todas las edades.

El equipo de Al-Aly encontró que las personas que han tenido COVID-19 tenían un 35 por ciento más de probabilidades de sufrir de ansiedad, y casi un 40 por ciento más de probabilidades de sufrir depresión o trastornos relacionados con el estrés. Entre estos pacientes, hubo un aumento del 55 por ciento en el uso de antidepresivos, y un aumento del 65 por ciento en el uso de las benzodiacepinas para tratar la ansiedad.

Estos pacientes también tenían un 41 por ciento más de probabilidades de sufrir de trastornos del sueño, y un 80 por ciento más de probabilidades de presentar un deterioro en el pensamiento, lo que incluía olvido, confusión y una falta de concentración, anotaron los investigadores.

Los pacientes con COVID-19 también tenían un 34 por ciento más de probabilidades de volverse adictos a los opioides, un 20 por ciento más de probabilidades de desarrollar una adicción al alcohol o a drogas ilegales, y un 46 por ciento más de probabilidades de tener pensamientos suicidas, mostraron los hallazgos.

El riesgo de problemas mentales se vinculó con la gravedad de la infección con la COVID-19, encontraron los investigadores. Los que tuvieron un caso leve fueron un 27 por ciento más propensos a desarrollar problemas mentales, mientras que los que tuvieron una infección grave fueron un 45 por ciento más propensos a desarrollarlos.

Estos riesgos no se observaron con otras enfermedades, como la influenza, apuntó Al-Aly.

El informe se publicó en la edición en línea del 16 de febrero de la revista BMJ.

Un experto piensa que el residuo mental del virus en algunos pacientes es un grave problema.

"Pienso que el impacto neurológico y psiquiátrico del virus es una segunda pandemia", comentó el Dr. Marc Siegel, profesor clínico de medicina del Centro Médico Langone de la NYU, en la ciudad de Nueva York. "En la mayoría de los casos, las lagunas cerebrales se alivian, pero no sabemos el impacto completo de esto a largo plazo, y es muy preocupante".

Reducir el riesgo de estos problemas mentales y emocionales, y de hacerse adicto a las drogas o el alcohol, es otro motivo de que vacunarse sea importante.

Vacunarse reduce el riesgo de sufrir estos problemas. "La vacunación podría reducir su riesgo, aunque tenga una [infección] postvacunación", apuntó Siegel.

Más información

Aprenda más sobre la COVID-19 y la salud mental en la Asociación Americana de Psicología (American Psychological Association).

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

FUENTES: Ziyad Al-Aly, MD, clinical epidemiologist, Washington University School of Medicine, St. Louis, Mo., Veterans Affairs St. Louis Health Care System; Marc Siegel, MD, clinical professor, medicine, NYU Langone Medical Center, New York City; BMJ, Feb. 16, 2022, online

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