Cambio climático: el calor podría provocar una 'crisis de salud'

Cambio climático: el calor podría provocar una 'crisis de salud'

Algunos de los principales puntos calientes de Estados Unidos podrían volverse incluso más asfixiantes en las próximas décadas, gracias a una combinación de emisiones de gases de invernadero, desarrollo urbano y crecimiento poblacional.

En un nuevo estudio, los investigadores estiman que a lo largo de este siglo, los mayores aumentos relativos en el calor extremo afectarán a las ciudades de la Franja del Sol, entre ellas Atlanta; Austin, Texas, Miami y Orlando, Florida.

Y los estadounidenses que no viven en esas áreas tampoco deben respirar aliviados: el estudio también advierte de unas crecientes temperaturas en las grandes metrópolis, como la ciudad de Nueva York, Los Ángeles y Washington, D.C.

Esto es a menos que se hagan esfuerzos por contrarrestar la tendencia.

Los pronósticos se basan en un modelo en que "la situación siga igual", explicó el investigador líder, Ashley Broadbent, profesor asistente de investigación de la Universidad Estatal de Arizona, en Tempe.

"Nos estamos imaginando qué sucedería si seguimos como ahora", señaló Broadbent, que anotó que no se trata de una suposición poco realista.

"Pero hay cosas que podemos hacer", enfatizó.

La más importante y abarcadora sería resolver las emisiones de gases de invernadero, que son unos gases que atrapan al calor, y que son liberados al aire cuando se queman los combustibles fósiles, como el carbón, el aceite y el gas natural.

Pero, a nivel local, dijo Broadbent, los gases de invernadero no son los únicos que contribuyen a las crecientes temperaturas y a la experiencia en sí de calor de las personas. También hay factores como la urbanización. Las ciudades con poco dosel arbóreo, pero con mucho concreto y edificios altos, se convierten en islas de calor. También está el crecimiento de la población. Ciertas ciudades que son puntos calientes se expanden con rapidez, lo que significa que más personas se exponen a sus crecientes temperaturas.

Los nuevos pronósticos toman en cuenta a esos factores, y la forma en que interactúan entre sí.

Y esa es la novedad de este estudio, comentó Juan Declet-Barreto, un investigador del clima que trabaja en Union of Concerned Scientists, una organización sin fines de lucro en Cambridge, Massachusetts.

Los gases de invernadero son el principal propulsor del calentamiento global, anotó Declet-Barreto, que no participó en el estudio. Pero, dijo, los pronósticos resaltan el rol de otros factores en la forma en que los estadounidenses experimentarán el calor en los años venideros.

Y ese calor no será solo incómodo. Las temperaturas extremas pueden afectar a la salud pública de varias formas. "El cambio climático constituye una crisis de salud", advirtió Declet-Barreto.

La Dra. Mona Sarfaty, directora del Programa de Clima y Salud de la Universidad de George Mason en Fairfax, Virginia, se hizo eco de ese punto.

El calor extremo causa estragos directos al provocar insolación, pero su efecto es mucho más amplio, explicó Sarfaty.

En primer lugar, apuntó, el calentamiento contribuye a la contaminación del aire, que puede ser peligrosa para las personas con afecciones cardiacas y pulmonares. La humedad y el calor crecientes también pueden aumentar las tasas de infecciones transmitidas por los insectos, como la enfermedad de Lyme y el Zika. Y a medida que el nivel del mar sube, y los aguaceros e inundaciones se hacen más comunes, los suministros contaminados de alimentos y agua pueden conducir a enfermedades.

Sarfaty también es directora ejecutiva del Consorcio del Clima y la Salud de la Sociedad Médica (Medical Society), un grupo de organizaciones médicas que ha resaltado la amplia variedad de efectos de salud relacionados con el calentamiento global.

En el nuevo estudio, el equipo de Broadbent realizó pronósticos sobre la exposición de la población a los días de calor extremo en 47 áreas metropolitanas de EE. UU. No hubo una sola definición de "extremo". Más bien, se definió de forma local, basándose en las temperaturas de verano promedio de una ciudad en la primera década de este siglo.

Los investigadores encontraron que, en el peor de los casos (con un calentamiento global, un desarrollo urbano y un crecimiento poblacional máximos), esas exposiciones podrían aumentar en un factor de 30. Pero esos efectos no serán uniformes.

Los mayores aumentos relativos, según los pronósticos, se sentirían en ciudades como Atlanta, Austin, Miami y Orlando, debido en parte al rápido crecimiento de la población. De hecho, 23 de las 29 ciudades "con el peor impacto" estarán en la Franja del Sol del país.

Por otro lado, los mayores cambios absolutos en la exposición al calor se prevén en ciudades como la ciudad de Nueva York, Los Ángeles y Washington, D.C.

Los hallazgos aparecen en la edición del 17 de agosto de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Aunque las emisiones de los gases de invernadero son un problema global, hay cosas que las comunidades locales pueden hacer para mitigar a las crecientes temperaturas, enfatizaron tanto Sarfaty como Declet-Barreto. Éstas abarcan desde aumentar el dosel arbóreo y usar tecnología de techos reflectantes y de pavimento "fresco", hasta aumentar la disponibilidad de los centros de enfriamiento.

Y, dentro de cualquier ciudad que sea un punto caliente, los residentes no se verán afectados de manera uniforme, apuntó Declet-Barreto. Las personas con unos ingresos más bajos se verán más afectadas, ya sea debido a unos vecindarios sin árboles, a los trabajos al aire libre o a la falta de acceso al aire acondicionado, por mencionar solo algunos factores.

Entonces, esto debe formar parte de la planificación de las ciudades, añadió Declet-Bareto. Si se plantan árboles, deben plantarse en los lugares que más los necesiten.

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