Benzodiacepinas y alcohol, la mezcla que pone en riesgo la vida

Las benzodiacepinas son un grupo de medicamentos entre los que se encuentran el diazepam o el clonazepam. 

Aunque su uso clínico está muy extendido y se consideran seguras para la mayoría de los adultos, los expertos advierten que pueden significar un grave peligro para la salud cuando se combinan con bebidas alcohólicas. En muchos casos los médicos que recetan estas drogas no saben si sus pacientes consumen alcohol y en qué cantidad.

Benzodiacepinas y alcohol, la mezcla que pone en riesgo la vida
Alprazolam es una benzodiacepina que se usa para tratar la ansiedad y los trastornos de pánico | Foto: GETTY IMAGES

Aquí veremos por qué y qué precauciones se deben tomar. 

Qué son las benzodiacepinas

Las benzodiacepinas, comúnmente conocidas como "benzos", son medicamentos psicotrópicos, esto significa que actúan sobre el sistema nervioso central.

Poseen efectos amnésicos, ansiolíticos, anticonvulsivos, hipnóticos, miorrelajantes y sedantes. Por este motivo, es común que se utilicen para tratar:

  • Ansiedad generalizada.
  • Crisis convulsivas. 
  • Fobias. 
  • Esquizofrenia. 
  • Insomnio. 
  • Trastorno obsesivo compulsivo. 
  • Trastornos afectivos.

Dependiendo el efecto que se quiera obtener, los profesionales de la salud pueden recetar distintos tipos de benzodiacepinas:

  • Alprazolam: comercializado como Xanax.
  • Clonazepam: comercializado como Klonopin.
  • Diazepam: comercializado como Diastat, Diastat Acudial, o Valium.
  • Lorazepam: comercializado como Ativan.
  • Quazepam: comercializado como Doral.
  • Temazepam: comercializado como Restoril.

Benzos y alcohol

Las benzodiacepinas suelen ser bien tolerados por la mayoría de las personas, aunque, al igual que ocurre con otros medicamentos, no están libres de riesgos.

Por sus efectos sobre el sistema nervioso central, a corto plazo pueden provocar: problemas de atención, concentración y memoria, somnolencia, debilidad y mareos.

Además, si se utilizan a largo y mediano plazo pueden desencadenar dependencia o adicción.

Todos estos efectos adversos se pueden potenciar si las benzodiacepinas se consumen con alcohol, una droga legal, fácilmente accesible, socialmente aceptada y que también actúa como depresor del sistema nervioso central.

Esta combinación suele ser común debido a que los consumidores buscan potenciar sus efectos y así alterar las sensaciones y emociones que se sienten con ambas drogas.

En 2019, un estudio publicado en American Journal of Managed Care encontró que los pacientes de atención primaria con "consumo de alcohol no saludable" tenían un 15% más de probabilidad de consumir benzodiacepinas que los bebedores moderados o los abstemios.

Se considera consumo de alcohol no saludable a la ingesta de al menos 15 bebidas por semana para hombres menores de 65 años, o al menos ocho bebidas por semana para mujeres y hombres de 65 años o más.

Aunque la combinación de bebidas alcohólicas con benzodiacepinas muchas veces es intencional, los expertos señalaron que la incidencia que encontraron en su trabajo podría deberse al desconocimiento sobre los hábitos de consumo de alcohol de los pacientes, por parte de los profesionales de salud al momento de realizar una receta.

"Es posible que algunos médicos receten sin saber que sus pacientes consumen alcohol de forma poco saludable", dijo el primer autor Matthew Hirschtritt, profesor clínico en el Departamento de Psiquiatría de Universidad de Californa en San Francisco (UCSF) y autor principal de la investigación.

Además, en muchos casos los pacientes toman benzodiacepinas durante años creyendo que son inofensivas y pasando por alto sus interacciones con otras sustancias, incluido el alcohol.

Cuando las benzodiacepinas se consumen junto a bebidas alcohólicas pueden afectar la coordinación, aumentando el riesgo de caídas o accidentes, y alterar el juicio o la toma de decisiones.

Incluso existen estudios que señalan que a largo plazo esta combinación puede provocar severas lesiones cardiovasculares, gastrointestinales, hepáticas, renales y neurológicas, incluyendo un mayor riesgo de demencia.

Para disminuir el riesgo que esta combinación representa, Stacy Sterling, científica investigadora en la División de Investigación, Kaiser Permanente Northern California, y directora del estudio, explicó que es necesario aprender más sobre los hábitos de consumo de alcohol los pacientes antes de recomendar un medicamento.

De esta forma se podrán adaptar mejor las recetas médicas y desarrollar estrategias de identificación y prevención.

Consumo de benzodiacepinas

El mal uso de las benzodiacepinas no es una problemática nueva. En EE. UU., entre 1996 y 2013, aumentó el porcentaje de adultos que recibió una prescripción de benzodiacepinas de 4,1 a 5,6%, mientras que el número de muertes por sobredosis que involucran a estos medicamentos creció de 0,58 a 3,07 por cada 100.000 adultos, según informan los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

A su vez, el alcohol fue responsable en una de cada cuatro visitas a departamentos de emergencia y en una de cada cinco muertes relacionadas con sobredosis de benzodiacepinas.

Estos medicamentos también significan un problema en Latinoamérica, debido a la extensión de su uso. Según un estudio publicado en Revista Médica de Chile, el uso de benzodiacepinas en América Latina llega a 50.8% en pacientes hospitalizados y 61.4% en atención primaria.

Estos números se obtuvieron tras analizar 21 artículos sobre cinco países: Argentina (2), Brasil (14), Chile (3), Cuba (1), México (1). Estos trabajos también arrojaron que:

  • El tipo de benzodiazepina más utilizado en Latinoamérica es el diazepam.
  • Se registra un mayor uso de benzodiacepinas en mujeres.
  • El consumo de benzodiacepinas incrementa significativamente con la edad (especialmente entre 70 y 79 años).

Fuentes consultadas: Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU., Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, Clínica Mayo, Universidad de California en San Francisco.

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