Lo que necesitas saber sobre el intestino irritable

Lo que necesitas saber sobre el intestino irritable
Las diarreas o el estreñimiento son síntomas del SII. | Foto: GETTY IMAGES

Retorcijones que no te dejan ponerte de pie, calambres, dolores y una inflamación que casi no te permite cerrarte el pantalón. Algo así es lo que se siente cuando tienes el síndrome del intestino irritable, uno de los males digestivos más comunes.

En realidad el síndrome del intestino irritable (SII) no es una enfermedad sino un conjunto de síntomas. Además de los mencionados calambres estomacales, dolor abdominal y la inflamación, se puede presentar diarrea o estreñimiento, gases, heces blandas, malestar en la parte superior de la zona estomacal, sensación de llenura o náuseas después de comer, así la comida haya sido poca.

Si estos síntomas se presentan al menos durante tres meses, podemos pensar que se trata del SII, pero es un médico quien debe diagnosticarte. Se estima que el 11% de la población mundial lo tiene y, según la Oficina para la Salud de la Mujer (ONH, por su sigla en inglés), las mujeres son más propensas a tenerlo y sus síntomas pueden empeorar durante sus períodos menstruales. Las personas mayores también son más propensas, aunque puede presentarse en antes de los 35 años, y también quienes tienen antecedentes familiares.

Los síntomas del SII pueden llegar a ser realmente molestos y pueden afectar tu día a día (cuando el dolor no te deja ponerte de pie o te ataca la diarrea, por ejemplo), pero de acuerdo a la Biblioteca de Medicina de Estados Unidos, no causa enfermedades graves, como el cáncer, ni daña de forma permanente el intestino grueso (colon).

Ni causas, ni curas

No está claro por qué ocurre el SII: se puede presentar después de una infección intestinal o por un cuadro de estrés extremo. Tampoco hay una cura definitiva, pero la mayoría de las personas pueden sentir alivio haciendo cambios en dos aspectos básicos: alimentación y manejo del estrés, pues ambos están asociados a la aparición de los síntomas, de acuerdo a la Academia Americana de Médicos de Familia.

Ciertos alimentos pueden desencadenar los síntomas. Puedes llevar un diario en el que anotes lo que comes durantes el día y así detectes cuáles son los alimentos que te afectan (suelen ser lácteos, bebidas con cafeína, bebidas gaseosas, alcohol y algunas frutas y vegetales). Una vez que os descubras, evítalos.

Hacer algunos ajustes en tu manera de comer también te hará sentir mejor. Come de forma balanceada y saludable, toma entre 6 y 8 vasos de agua al día, evita las comidas abundantes (pueden provocar calambres y diarrea) y opta por hacer 4 o 5 comidas pequeñas al día.

Lin Chang, experta en gastroenterología de la Universidad de California en Los Ángeles, afirma que para mejorar el estreñimiento se deben comer al menos de 20 a 30 gr de fibra por día y que las porciones deben ser pequeñas. Cereales, semillas, panes integrales, legumbres, frutas y verduras de hoja son buenas fuentes de este nutriente.

También hay alimentos el potencial de aliviarlo, como la menta. Un estudio publicado en el Bristish Medical Journal encontró que el aceite de menta tendría grandes beneficios para reducir los síntomas y malestares generados por el SII.

El estrés suele ser otro desencadenante del SII y puede empeorar los síntomas. Según la ONH, hay investigaciones que han demostrado que el abordaje psicológico, como la terapia conductual cognitiva y la psicoterapia dinámica, puede ayudar a aliviar el síndrome. También funciona hacer ejercicio de forma regular, meditar, hacer yoga y masajes.

En 2018 se publicó un estudio llevado a cabo por investigadores los Países Bajos cuyas conclusiones fueron que “la hipnoterapia debe considerarse como un posible tratamiento para los pacientes con SII en atención primaria y secundaria". Esta técnica consiste en llevar a un individuo a un estado de gran relajación que permita llegar hasta su subconsciente y ayuda a tener un control cerebral sobre la sensación y la conducta.

Finalmente, está el tratamiento con fármacos y suplementos. Un especialista podría recetarte antidiarréicos (loperamida), antiespasmódicos (diciclomina), antidepresivos (tricíclico o un inhibidor de recaptación de serotonina) o suplementos de fibra (psyllium) para aliviar tus síntomas. El plan de tratamiento varía de acuerdo al paciente; cada caso es único.

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