Emociones negativas: "Quien te irrita te controla"

Amargados y enfermos
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Amargados y enfermos

Las personas que constantemente están enojadas, con cara agria y mal carácter, además de pasarla muy mal y hacer la vida insoportable a los demás, suelen sufrir muchas dolencias y condiciones generados, en gran parte, por dejar que esas emociones negativas sean su forma de conducta habitual.

Enojarnos nos hace vulnerables
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Enojarnos nos hace vulnerables

Cuando una persona se encoleriza, la frecuencia cardíaca y la presión arterial se elevan, así como el nivel de adrenalina y noradrenalina; el azúcar en la sangre se altera; la boca se seca; el estómago se afecta, lo que a largo plazo puede causar úlceras de todo tipo y sudoraciones. Los órganos internos se ven afectados y se producen muchos otros trastornos. Si esa actitud es permanente causa serios problemas de salud.

Verdades sobre la hipertensión
"Pelear o huir"
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"Pelear o huir"

Enojarse suele ser normal, y no debe preocuparnos cuando es temporal o surge como reacción a una injusticia, un abuso, o frente a un peligro en el que se produce el reflejo de “pelear o huir”, un mecanismo de defensa que existe en el reino animal y permite la supervivencia. Pero cuando ese enojo se convierte en cólera y empieza a causarnos problemas a nosotros y a los demás, habrá llegado el momento de aprender a manejar la ira.

La ira como disparador
Los buenos también se enojan
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Los buenos también se enojan

No es apropiado decir a los niños que “las personas buenas no se enojan” porque esto conlleva mensajes erróneos. Se debe establecer una clara diferencia entre las formas negativas y las positivas de canalizar las energías: las constructivas y las destructivas. Cuando el enojo se dirige contra uno mismo es altamente perjudicial y puede degenerar en sicosis y tendencias suicidas.

Buscando víctima
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Buscando víctima

Hay quienes al sentirse frustrados por algo o con alguien descargan su ira en una mascota, un animalito indefenso, un niño o un anciano, que no pueden defenderse. Otros vuelcan su cólera hacia su alrededor golpeando objetos, dándose de cabeza en la pared, rompiendo cosas.

Perdiendo el control

Perdiendo el control

Suele decirse que “quien te irrita, te controla”, y es una gran verdad, pues quienes dejan que otros con sus palabras o actos los saquen de quicio les están dando automáticamente poder sobre su estado de ánimo y, peor aún, sobre la salud de sus órganos.

Predicar con el ejemplo

Predicar con el ejemplo

Si los niños ven a un adulto responder al enojo gritando, insultando, golpeando o lanzando objetos, ellos probablemente reaccionarán de la misma manera; pero si ven a los adultos responder a esas situaciones con más calma y serenidad, respirando profunda y lentamente, caminando o reflexionando, probablemente adoptarán algunas de estas técnicas cuando estén enojados.

Educar a los padres
El enojo puede ser algo positivo
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El enojo puede ser algo positivo

El enojo no siempre es una emoción negativa. Es más, suele convertirse en algo positivo, una señal de que algo está mal para los miembros de la familia. Si se canaliza adecuadamente abre la oportunidad de solucionar problemas llamando la atención de todos. El enojo por algo que haya sucedido en el entorno familiar demuestra a esos seres queridos que son importantes, pues nadie desperdiciaría energía o tiempo en alguien a quien no ama.

Todo tiene sus ventajas

Todo tiene sus ventajas

La clave para hacer del enojo una emoción positiva es usarlo para que los miembros de la familia respondan de maneras sanas y lo apliquen para robustecer los lazos familiares y encontrar soluciones armónicas.

También se aprende a sentir

También se aprende a sentir

Aprender a expresar sentimientos es el primer paso en el manejo del enojo de una manera sana. Los padres deben ayudar a los niños enseñándoles a poner nombres a las diferentes emociones, pues los sentimientos no nacen con uno, sino que se educan con el ejemplo.

Aprender a comunicarse
Transformar los mensajes negativos
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Transformar los mensajes negativos

Frases aparentemente inocentes como “odio tal cosa" o "envidio tal otra” conllevan mensajes negativos que se van incorporando al subconsciente. Identificando ese mecanismo se puede entender qué es lo que nos molesta. Una persona que sabe lo que le causa cólera o irritación puede encontrar maneras de convertirse en parte de la solución y no del problema.

No siempre debemos estar tan serios
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No siempre debemos estar tan serios

Quienes se enojan con facilidad, por lo general, tienen una baja tolerancia a la frustración; otras veces poseen una autoestima muy baja, aunque la disfracen con sentimientos de superioridad; muchos carecen de sentido del humor, no son capaces de reírse de ellos mismos y toman muy en serio cualquier observación que se les haga. Se irritan y se frustran ante los inconvenientes que no saben cómo enfrentar.

Manejar el enojo
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Manejar el enojo

¿Cómo manejar ese enojo? Primero se debe identificar el problema que lo causó y trabajar para resolverlo. Se puede intentar “pensar en voz alta”, hablar con uno mismo, lo cual ayuda a ver la situación desde otro ángulo. También es útil colocarse como espectador de una situación conflictiva, y no como actor, ver lo que está sucediendo sin apego emocional, aunque sea muy grave.

Ejercitar la empatía
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Ejercitar la empatía

Esta distancia entre el problema y uno mismo no significa falta de amor, frialdad sentimental o poco cariño sino que se está tratando de encontrar la mejor solución para todos, y algo importante: ponerse en el lugar de la otra persona, practicar la empatía, conceder el beneficio de la duda.

El cerebro y la empatía
La clave: mantener la calma
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La clave: mantener la calma

Y, sobre todo, mantener la calma, la presencia de ánimo. Si los demás gritan, no gritar, ¡no siempre el que más alto habla es quien tiene la razón! Si una persona está calmada puede escuchar mejor lo que le dicen y tomar una buena decisión.

Que el enojo no dañe tu salud
A veces es necesario pedir ayuda
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A veces es necesario pedir ayuda

Si la ira está realmente fuera de control y está afectando la calidad de vida, relaciones, familia, trabajo y salud en general, habrá llegado el momento de buscar un sicólogo u otro profesional de la salud mental autorizado y empezar una terapia adecuada. No simplemente una charla o un curso o seminario sino todo un tratamiento. Así se conseguirá que “quien te irrite, no te controle”. Debemos controlar la ira, y no a la inversa.

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