La solidez científica de la dieta mediterránea

La dieta mediterránea ha sido objeto de innumerables investigaciones nutricionales. Su base en productos frescos, frutas, legumbres, granos enteros, frutos secos, proteínas magras  y grasas saludables la ha vuelto una líder no solo del buen comer, sino también de la prevención de enfermedades. 

Además, es una de las pocas dietas avalada por un sólido corpus de estudios científicos, pequeños y grandes, que han demostrado la ventaja de consumirla para ayudar a bajar la presión arterial y el colesterol, reducir el riesgo de diabetes tipo 2 y mejorar la salud cardiovascular en general.

La solidez científica de la dieta mediterránea
| Foto: GETTY IMAGES

Una de estas mega investigaciones es el Estudio de los Siete Países (Seven Country Studies o SCS), uno de los primeros trabajos colectivos internacionales iniciado a mediados del siglo XX, para estudiar la cultura nutricional, el consumo de grasas saturadas y las enfermedades cardiovasculares (ECV) en siete países: Estados Unidos, los Países Bajos, la ex Yugoslavia, Finlandia, Grecia, Italia y Japón.

La investigación se realizó de manera simultánea con decenas de estudios que tuvieron sus seguimientos a los 25 y 50 años de iniciarse.

Parte de esta investigación se centró en la dieta mediterránea, y se aplicó el índice de adecuación mediterránea (MAI), desarrollado para evaluar qué tan cerca está una dieta de la Dieta Mediterránea Nacional de Referencia Saludable (HRNMD), en las que los patrones alimentarios mediterráneos están inversamente correlacionados con la prevalencia de factores de riesgo de enfermedades crónicas.

El Estudio de los Siete Países mostró que los grupos de alimentos de origen animal, con la excepción de los pescados, tenían una relación muy positiva con la mortalidad por cardiopatía coronaria y que los alimentos vegetales, con la excepción de las papas, tenían una relación inversa. 

De los alimentos individuales, la mantequilla, las margarinas duras y la carne fueron los que más se relacionaron con las tasas de mortalidad por cardiopatía coronaria. La puntuación factorial, es decir el grado del factor de riesgo, fue positiva para los alimentos de origen animal y negativa para los vegetales. Las puntuaciones de los factores de población se correlacionaron positivamente con las tasas de mortalidad por cardiopatía coronaria.

En la búsqueda de la longevidad, los científicos descubrieron que las personas que vivían en el sur de Europa no solo vivían más que las de muchas otras partes del mundo, sino que también tenían tasas mucho más bajas de enfermedades cardiovasculares.

En estudios metabolómicos en plasma, la dieta mediterránea pudo atenuar los efectos cardiovasculares nocivos de los aminoácidos de cadena ramificada, de las ceramidas, y ciertos metabolitos. Otros trabajos indican que las cantidades de polifenoles generalmente presentes en la esta dieta son suficientes para provocar cambios sustanciales en las rutas metabólicas que juegan un papel fundamental en la salud cardiovascular.

La dieta se ha considerado tradicionalmente como un determinante principal de la salud cardiovascular. De hecho, una de las 7 métricas de salud cardiovascular propuestas en 2010 por la American Heart Association (Life's simple 7) se corresponde directamente con una dieta saludable. Pero también, otras 4 de las 6 métricas de salud propuestas restantes (índice de masa corporal, presión arterial, colesterol total y glucosa en sangre) están estrechamente determinados por los hábitos alimentarios. 

En Latinoamérica y el Caribe, las enfermedades cardiovasculares son responsables de casi un tercio del total de muertes anuales, 1.8 millones de fallecimientos. La mayoría de las ECV tienen su origen en factores de riesgo que pueden controlarse, tratarse o modificarse. Según expertos, implementar programas de nutrición que incorporen más ingredientes de la dieta mediterránea ayudaría a reducir dramáticamente los factores de riesgo y mejorar la salud cardíaca de la población de la región.

Los 10 principios básicos de la dieta mediterránea

  1. Usar aceite de oliva como principal fuente de grasas añadidas.
  2. Comer muchas frutas y verduras, legumbres y frutos secos.
  3. El pan y otros productos con cereales y granos deben formar parte de la dieta diaria. 
  4. Los alimentos que han tenido un procesamiento mínimo o que son frescos y producidos localmente son los mejores. 
  5. Consumir diariamente productos lácteos, principalmente yogurt y queso. 
  6. La carne roja debe consumirse con moderación, de ser posible como parte de guisados y otras receta.
  7. Consumir pescado en abundancia y huevos con moderación. 
  8. La fruta fresca debe ser el postre de todos los días. Los postres lácteos, dulces y pasteles solo en ocasiones.
  9. El agua es la bebida por excelencia en la dieta meditarránea.
  10. Mantenerse físicamente activo todos los días es tan importante como alimentarse bien


NOTA: Esta historia se produjo utilizando contenido del estudio o informe original, y de otras investigaciones médicas y fuentes de salud, y salud pública, destacadas en enlaces relacionados a lo largo del artículo.

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