¿Qué pasaría si las personas rechazan la vacuna contra la COVID-19?

¿Qué pasaría si las personas rechazan la vacuna contra la COVID-19?

Hay varias vacunas potenciales contra la COVID-19 que están ahora en ensayos clínicos, y los legisladores de EE. UU. deben planificar para el próximo obstáculo: asegurar que los estadounidenses realmente se vacunen.

Esto es lo que plantea un nuevo informe del Centro de Seguridad de la Salud Johns Hopkins. Describe recomendaciones para ganarse la confianza del público para cualquier vacuna futura, y ayudar a que el acceso sea lo más fácil posible.

La Operación velocidad de la luz del gobierno de EE. UU. ha declarado su objetivo: administrar 300 millones de dosis de una vacuna segura y efectiva contra la COVID-19 en enero de 2021.

Hasta el 11 de julio, 22 vacunas estaban en alguna etapa de ensayos clínicos con humanos, según el monitor de vacunas contra el coronavirus del The New York Times.

La carrera por desarrollar una vacuna segura y efectiva contra el nuevo coronavirus ha roto récords. Normalmente, las vacunas tardan años en pasar de la investigación inicial a la aprobación. En este caso, los científicos aprovecharon el hecho de que tenían a mano la conformación genética del SARS-CoV-2, el virus que provoca a la COVID-19, a principios de la pandemia.

Algunos de los principales candidatos a vacuna, incluyendo la vacuna de Moderna Inc. que está ahora en ensayos clínicos, se basan en esa información genética.

"Pero tener una vacuna clínicamente exitosa es una cosa", señaló Monica Schoch-Spana, científica sénior del centro Hopkins. "Hacer que sea socialmente aceptable es otra".

No se sabe exactamente cómo recibirán los estadounidenses a una vacuna contra la COVID-19, pero las encuestas sugieren que muchos mostrarán cautela. En una encuesta de Associated Press de finales de mayo, apenas la mitad de los participantes dijeron que se vacunarían.

Las encuestas, por supuesto, pueden equivocarse. Pero Schoch-Spana observó que las experiencias pasadas también ofrecen algunas lecciones. En 2010, durante la pandemia de gripe H1N1, muchos estadounidenses se negaron a inmunizarse, aunque la vacuna solo implicaba una modificación de la vacuna existente contra la gripe, y no una nueva tecnología.

"Como la producción se apresuró, algunas personas se preocuparon sobre la seguridad", dijo Schoch-Spana.

Esta vez, agregó, tanto la enfermedad como cualquier vacuna son completamente nuevas, lo que podría amplificar el recelo del público.

A esto se añade una erosión general de la confianza provocada por la respuesta del gobierno a la pandemia. "Debemos recuperar la confianza del público", anotó Schoch-Spana.

Es fácil imaginar que haya resistencia a una futura vacuna contra la COVID-19, concurrió el Dr. Paul Offit, director del Centro de Educación sobre las Vacunas del Hospital Pediátrico de Filadelfia.

"Cuando la primera vacuna salga, tendremos algunos datos de seguridad de los ensayos clínicos", dijo Offit, que no participó en el nuevo informe. "Pero no tendremos datos sobre suficientes personas como para detectar cualquier efecto secundario poco común".

Más allá de esto, la mayoría de las personas infectadas con el SARS-CoV-2 no enferman de gravedad. Entonces, las personas más jóvenes y sanas podrían decidir que su beneficio personal con la vacunación no compensa a cualquier riesgo desconocido.

Pero la vacunación no es una cuestión solo individual, enfatizaron tanto Offit como Schoch-Spana. Se trata de crear la "inmunidad grupal" que protege a las personas más vulnerables de la comunidad.

Con el fin de "parar la propagación de esta enfermedad y recuperar nuestras vidas", la mayor parte de la población tendrá que vacunarse, apuntó Offit.

Dijo que una comunicación clara sobre la efectividad y la seguridad de cualquier vacuna, así como su distribución, será esencial.

Ninguna vacuna contra la COVID-19 estará disponible para todo el mundo de inmediato. Tanto los planificadores del gobierno de EE. UU. como la Organización Mundial de la Salud han comenzado a hablar sobre una distribución "estratégica". Es probable que la vacunación se abra primero para los trabajadores de la atención de la salud, y entonces a otros trabajadores esenciales y a las personas que tienen un riesgo más alto de complicaciones graves con la COVID-19, entre ellas los adultos mayores y los que sufren de ciertas afecciones médicas.

"Será importante que la distribución sea justa, y que haya un reconocimiento público de que lo es", señaló Schoch-Spana.

Llegar a las minorías, en particular los afroamericanos, será esencial. No solo han sido muy afectados por el virus, dijo Schoch-Spana, sino que hace mucho que se enfrentan a un racismo institucional en el sistema de atención de la salud.

Entonces, los mensajes deben provenir no solo de las agencias nacionales, sino también de las autoridades locales y los grupos comunitarios, según las recomendaciones del Hopkins.

Schoch-Spana dijo que este tipo de colaboración ha ocurrido para las pruebas del coronavirus. Unos "socios no tradicionales", como las iglesias negras, han ayudado a llegar a las personas.

Y cualquier plan de distribución, señaló el informe del Hopkins, debe tomar en cuenta más factores, aparte de cuáles grupos se priorizan. La vacuna también deberá estar disponible sin costo, y ser accesible en lugares convenientes y conocidos, por ejemplo la farmacia del vecindario.

"A veces, las decisiones de las personas [sobre las vacunas] se reducen a si es algo cómodo que pueden encajar en sus vidas", añadió Schoch-Spana.

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