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Distrés por la diabetes no es lo mismo que depresión

Por HealthDay / HolaDoctor -

Las personas con diabetes tienen que pensar en su afección y tomar decisiones sobre el tratamiento constantemente, y todo ese trabajo y esas preocupaciones adicionales pueden llevar a sufrir un malestar psicológico en algunos momentos.

Pero esa angustia o  "distrés"  (distress, en inglés) por la diabetes no es lo mismo que la depresión, indican los expertos en diabetes. Es una afección única con respecto a las exigencias a todas horas, todos los días, que conlleva la diabetes, en particular para las personas que dependen de la insulina.

"El día en que alguien desarrolla diabetes, es como si el universo le diera un nuevo trabajo a tiempo completo que tiene que hacer además de cualquier otra cosa que esté haciendo. Es un trabajo especial que tiene un gran impacto en el resto de su vida. No hay salario ni vacaciones", dijo William Polonsky, presidente del Instituto Conductual de la Diabetes en San Diego.

Alicia McAuliffe-Fogarty, vicepresidenta de gestión del estilo de vida de la Asociación Americana de la Diabetes (American Diabetes Association), lo explicó en estos términos: 

"El distrés por la diabetes es la carga extra que las personas con diabetes tienen que soportar. Tienen que hacer todo lo que las demás personas hacen (ocuparse del trabajo, de la familia, de las finanzas) y además tienen que asegurarse de comprobar su nivel de azúcar en la sangre, recordar tomar los medicamentos y/o ajustar sus dosis de insulina y contar los carbohidratos cuando comen".

"Es una carga que soportan día tras día, minuto tras minuto. Es hacer todo 'bien' y aun así ver que los niveles de azúcar en la sangre aumentan", añadió.

El distrés por la diabetes es una variedad de distintas respuestas emocionales que conlleva la carga de cuidar de la diabetes, explicó Polonsky.

"Es hartarse y sentirse abrumado por las exigencias y preocupaciones en torno a la diabetes. Es sentirse impotente frente a la diabetes. Es saber que a pesar de lo bien que lo haga, a veces las cifras [de insulina] aumentan y se reducen y parecen más allá de su capacidad de influencia. Y puede influir negativamente en la calidad de vida", añadió.

El fenómeno no se ha estudiado bien; Polonsky afirmó que él y sus colaboradores están en mitad de un estudio sobre el distrés por la diabetes que se espera que responda a algunas preguntas sobre la afección.

Afirmó que el distrés por la diabetes probablemente afecte a aproximadamente el 30 por ciento de las personas con diabetes en algún momento de su vida.

"No le pasa a todo el mundo y no pasa todo el tiempo, pero es bastante habitual, y mucho más común que la depresión" en las personas con diabetes, añadió Polonsky.

El distrés por la diabetes y otras afecciones psicológicas son lo suficientemente habituales como para que la Asociación Americana de la Diabetes añadiera una sección a sus directrices Estándares en la atención médica de la diabetes - 2017 sobre la evaluación y tratamiento de las personas con diabetes con respecto al distrés, la depresión y otros problemas de la salud mental.

Las nuevas directrices, publicadas recientemente en la revista Diabetes Care, sugieren que los profesionales evalúen a todos sus pacientes con diabetes con pruebas estandarizadas para estas afecciones.

Un malabarismo exigente sin descansos

Hay dos tipos principales de diabetes: tipo 1 y tipo 2.

Las personas con diabetes tipo 1 no producen suficiente insulina, una hormona que el cuerpo necesita para usar los carbohidratos de los alimentos como combustible. Debido a esto, las personas con diabetes tipo 1 dependen de las inyecciones de insulina o de la insulina administrada a través de un minúsculo catéter insertado bajo la piel y vinculado con una bomba de insulina que se usa en el exterior del cuerpo. Las personas con diabetes tipo 1 que usan las inyecciones podrían necesitar cinco o seis inyecciones de insulina al día.

En las personas con diabetes tipo 2, el cuerpo ya no puede seguir usando la insulina adecuadamente. La mayoría (el 95 por ciento) de los casos de diabetes son del tipo 2 de la enfermedad. A veces, las personas con diabetes tipo 2 también necesitan usar inyecciones de insulina.

Pero usar insulina es un difícil acto de malabarismo: demasiada o demasiada poca puede provocar problemas, incluso problemas potencialmente letales.

Cuando los niveles de azúcar en la sangre bajan demasiado por una cantidad demasiado alta de insulina, las personas pueden sentirse desorientadas, y si los niveles se reducen más, quizá se desmayen. Los niveles de azúcar en la sangre que son demasiado altos y que se dejan sin tratar a lo largo del tiempo pueden provocar complicaciones como problemas renales, problemas oculares y enfermedad cardiaca.

Para hacer un seguimiento de los niveles de azúcar en la sangre cuando se usa la insulina, la mayoría de las personas confían en medidores de glucosa y en un dispositivo de punción que pincha un dedo para extraer una gota de sangre. Esto se debe hacer hasta 4 veces al día como mínimo, o hasta una docena o más veces al día, dependiendo de cómo estén fluctuando los niveles de azúcar en la sangre.

Y hay muchos factores además de la insulina que pueden influir en los niveles de azúcar. La comida, el alcohol, la actividad física, las emociones como el estrés, y las enfermedades pueden provocar cambios impredecibles en los niveles de azúcar en la sangre.

Es útil sacar fuerza de los demás

Tanto Polonsky como McAuliffe-Fogarty dijeron que es importante reconocer y tratar el malestar por la diabetes, porque puede tener un efecto negativo en la gestión del azúcar en la sangre.

"En algunos estudios, el distrés por la diabetes puede tener un mayor impacto sobre la atención de la diabetes que la depresión", señaló McAuliffe-Fogarty.

Los antidepresivos probablemente no ayuden a alguien con distrés por la diabetes, según Polonsky.

McAuliffe-Fogarty sugiere que se hable con el profesional de atención de la salud para poder analizar su régimen actual de gestión de la diabetes. Es posible que los cambios en la gestión puedan servir de ayuda, dijo.

O podría ser útil tener una visita con un educador de diabetes para analizar de nuevo algunos puntos básicos, recomendó. Muchas personas con diabetes tipo 1 son diagnosticadas cuando son niños, y al llegar a la adultez quizá no sean conscientes de que quizá no sepan algunas cuestiones básicas de la educación de la diabetes.

"Quizá puede escoger una o dos cosas que tendrían el mayor impacto en su gestión y centrarse en esa pequeña cosa o dos, y probablemente logre esos objetivos. Luego establezca uno o dos objetivos más y avance con eso; no hay por qué hacerlo todo de una vez", indicó McAuliffe-Fogarty.

También es importante tener una "esperanza basada en las evidencias", señaló Polonsky. Muchos estudios han sugerido que con una gestión moderna consistente de la diabetes, muchas personas pueden vivir bien con la enfermedad.

"La mayoría de las personas han oído mensajes que dan miedo, pero con un buen cuidado, lo más probable es que usted pueda vivir una vida larga y saludable con diabetes", indicó.

Ambos expertos se mostraron de acuerdo en que el respaldo es un componente importante de tratar el malestar por la diabetes. "No es bueno afrontar la diabetes en soledad. Si tiene a alguien que le respalde, eso realmente ayuda", comentó Polonsky.

Dijo que los padres o los cónyuges pueden dar a una persona con diabetes un descanso al encargarse de la gestión de la enfermedad en algún momento. Les da unas "vacaciones de la diabetes".

Para algunos, el malestar puede volverse más grave. La depresión no siempre es fácil de detectar en una persona con diabetes. Y algunos de los signos físicos de la diabetes, como una energía baja, podrían indicar que el azúcar en la sangre de una persona está descontrolado, explicó Polonsky.

McAuliffe-Fogarty afirmó que alrededor de 1 de cada 4 o 5 personas con diabetes sufrirá de depresión en algún momento.

Dijo que las señales que sugieren que necesita hablar con un profesional de la salud mental incluyen: cambios en el apetito y en los patrones de sueño; perder el interés en actividades que antes se disfrutaban; el aislamiento social; sentirse triste o desesperanzado de forma persistente, y tener un estado de ánimo bajo la mayoría de los días.

 

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