Hipertensión y COVID-19, ¿hay más riesgo?

Hipertensión y COVID-19, ¿hay más riesgo?
Durante este brote de COVID-19 si tienes presión arterial alta y si también tienes alguna enfermedad crónica de alto riesgo permanece en casa lo más posible para reducir el riesgo de ser expuesto.

Hasta la fecha se sabe que las personas con presión arterial alta tienen el mismo riesgo de desarrollar COVID-19 que las sanas, si no tienen otra condición preexistente y son menores de 65 años.

Sin embargo, si además de hipertensión tienen algún otro factor de riesgo, podrían presentar mayores complicaciones al desarrollar COVID-19.

¿Cuáles serían los factores de riesgo?

-Ser mayor de 65 años

Personas mayores de 65 años son más vulnerables, ya que su sistema inmune podría estar debilitado. Entre más edad mayor riesgo, en especial si también se tienen otras enfermedades crónicas que pueden incrementar el riesgo de presentar una forma grave de COVID-19. 

Según cifras actuales de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), 8 de cada 10 muertes por COVID-19 en los Estados Unidos son adultos mayores de 65 años o más.

-Enfermedades del corazón

Incluyendo falla coronaria, enfermedades del corazón congénitas, cardiopatías, hipertensión pulmonar, entre otras pueden ser de alto riesgo y presentar complicaciones si se desarrolla COVID-19.

COVID-19, al igual que otras enfermedades virales como gripe o influenza, podrían dañar el sistema respiratorio y hacer que tu corazón trabaje más. Para personas con una falla coronaria y otros padecimientos del corazón, el cuadro puede ser más complejo.

-Enfermedades crónicas pulmonares y enfermedades respiratorias, incluyendo asma

Las enfermedades pulmonares crónicas como enfermedad pulmonar obstructiva crónica que incluye enfisema y bronquitis crónica (EPOC), fibrosis pulmonar idiopática y fibrosis quística, pueden presentar mayor riesgo al enfermarse de COVID-19.

Personas con asma, ya sea en forma moderada o severa están en mayor riesgo de presentar síntomas graves de COVID-19. Ya que el COVID-19 puede afectar el tracto respiratorio (nariz, garganta y pulmones) originando ataques de asma y posiblemente pneumonia y enfermedad aguda respiratoria.

-Enfermedades renales en especial si se requiere de diálisis

-Enfermedades crónicas del hígado 

Incluyendo cirrosis, puede ser de alto riesgo si se desarrolla COVID-19. También hepatitis B y hepatitis C.

-Diabetes

Incluyendo tipo 1, tipo 2 o diabetes gestacional. En especial las personas que no cuentan con un buen manejo o control. O que presentan diabetes relacionada con otras enfermedades.

-Obesidad de alto riesgo 

La obesidad de alto riesgo (clase III) con un índice de masa corporal (IMC) de 40 o más pueden tener mayor complicaciones por COVID-19. 

¿La razón? Se incrementa el riesgo de tener problemas respiratorios como Síndrome de dificultad respiratoria aguda (ARDS, por sus siglas en inglés), que es una de las principales complicaciones de COVID-19. 

Las personas con obesidad pueden tener otros padecimientos crónicos que incrementan aún más el riesgo de complicaciones por COVID-19.

-Personas con un sistema inmune debilitado 

Personas con VIH, cáncer, inmunodeficiencias genéticas, trasplantes, entre otros. 

-Desórdenes genéticos de la hemoglobina

Como talasemia u drepanocitosis que pueden predisponer a un mayor riesgo de complicaciones por COVID-19.

¿Es necesario continuar tomando medicamentos para la hipertensión?

Si tienes presión arterial alta, es importante que la mantengas bajo control y estés bajo supervisión médica para evitar riesgos de enfermedades coronarias o accidente cerebrovascular (embolia).

Toma tus medicamentos como te lo receta tu médico y sigue adelante con los cambios recomendados en tu estilo de vida, si te es posible.

Y lleva un registro diario de tu presión arterial si cuentas con un monitor casero para medir la presión arterial.

Durante este brote de COVID-19 si tienes presión arterial alta, en especial si también tienes alguna enfermedad crónica de alto riesgo permanece en casa lo más posible para reducir el riesgo de contagio.

Fuentes: CDC, OMS

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