Qué son y cómo nos afectan los radicales libres

Qué son y cómo nos afectan los radicales libres
La reacción de los radicales libres se puede equilibrar con los antioxidantes. | Foto: ISTOCK

Muchas veces nos preguntamos por qué alguien con nuestros mismos años se encuentra o se ve mejor que nosotros. Esas desigualdades pueden deberse a una de nuestras edades. Sí, leíste bien, para la ciencia todos tenemos dos edades. Una es la biológica, que mide el deterioro o envejecimiento de todas nuestras células, y la otra es la cronológica, determinada por la cantidad de años que tenemos.

Las principales diferencias al momento de llegar a la vejez son producto de la edad biológica, pero ¿Qué podemos hacer para controlar o cuidarla y llegar de la mejor manera? Muchos expertos investigaron los distintos factores de riesgo y coinciden en que los radicales libres son uno de los aspectos más importantes para tener en cuenta. Aquí te explicamos por qué.

El envejecimiento o vejez prematura es el daño que puede sufrir nuestro organismo por diferentes causas, como la herencia genética, el consumo de alcohol o tabaco, una mala alimentación, la exposición excesiva al sol y a las radiaciones, o el sedentarismo.

Estos hábitos pueden determinar el nivel de oxidación celular de nuestro cuerpo. Este es un proceso perfectamente normal que surge de las interacciones entre los radicales libres y los antioxidantes. Los primeros son moléculas que contienen oxígeno con un número desigual de electrones. Esto les permite interactuar fácilmente con otras moléculas y así generar grandes cadenas de reacción a lo largo del cuerpo.

En cambio, los antioxidantes son moléculas que pueden donar un electrón a un radical libre sin volverse inestables, logrando que estos se estabilicen y sean menos reactivo. Sin embargo, cuando los radicales son superiores a los antioxidantes pueden comenzar a dañar el tejido graso, el ADN y las proteínas. Esto constituye una gran parte del organismo, por lo que el daño puede conducir a la aparición de muchas enfermedades:

  • Aterosclerosis.
  • Cáncer.
  • Diabetes.
  • Enfermedad de Alzheimer.
  • Enfermedad de Parkinson.
  • Inflamación crónica.
  • Problemas cardíacos.

Un mayor riesgo de sufrir este conjunto de enfermedades favorecería el envejecimiento prematuro, que se manifiesta con la aparición temprana de signos como pérdida de memoria, falta de coordinación, manchas o arrugas en la piel, pérdida de cabello, y debilidad ósea, entre otras.

Esta condición no se debe confundir con la progeria o síndrome de Hutchinson-Gilford, un trastorno genético extremadamente raro que acelera el envejecimiento en los niños, reduciendo su calidad y años de vida.

¿Envejecemos más rápido?

A pesar de su joven vida, la teoría del envejecimiento por acción de los radicales libres es respaldada por una amplia evidencia científica. En los primeros trabajos, que se realizaron en ratones, se observó que los radicales libres aumentaban a medida que los roedores envejecían.

Con el tiempo, otro aspecto comenzó a tomar relevancia respecto a este mecanismo de envejecimiento. Los científicos señalaron que los radicales libres producidos específicamente en las mitocondrias (parte esencial de las células) son los que afectan a las sustancias necesarias para un buen funcionamiento fisiológico.

Este daño causa mutaciones que producen más radicales libres, acelerando la aparición de estrés oxidativo y explicando así, un posible envejecimiento acelerado. Sin embargo, al ser un campo de análisis relativamente joven, los expertos desconocen si la formación de radicales libres es inevitable con la edad.

Recientemente, investigadores de la Universidad de Valencia, analizaron 12 artículos con información de 646 participantes de edad avanzada, y encontraron que aquellos que superaban los 90 años o incluso llegaban a los 100 tenían un menor daño oxidativo y niveles más altos de vitamina A y E (ambas fuentes ricas en antioxidantes).

Esto respalda la idea de muchos investigadores, que sostienen que una forma de disminuir la incidencia de estos agentes dañinos es sumando más antioxidantes a la dieta. Esto puede lograrse consumiendo: aceitunas, ajo, bayas, brócoli, cebollas, ciruelas, cítricos, cúrcuma, frutos secos, guindas, pasas, pescado, té verde, tomates, vegetales de hoja verde o zanahorias.

Otro aspecto fundamental para reducir la formación de radicales libres es adoptando buenos hábitos de vida, a saber:

  • Realizar ejercicio regularmente, incluso las caminatas moderadas son un buen comienzo.
  • Tener cuidado al manipular productos químicos, ya sean de limpieza, jardinería o de uso industrial.
  • Ser consciente de la contaminación ambiental y evitar el uso excesivo de automóviles.
  • Cuidarse de la radiación, como la que ocasiona la sobrexposición a las pantallas.
  • Dormir lo suficiente, para mantener el cuerpo sano y lograr un buen rendimiento tanto físico como mental.
  • Disminuir el consumo de alcohol.
  • Utilizar protector solar.
  • No fumar.

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