Efectos del ejercicio físico en la enfermedad de Parkinson

Efectos del ejercicio físico en la enfermedad de Parkinson
La enfermedad de Parkinson es una patología degenerativa crónica y progresiva del Sistema Nervioso Central, | Foto: GETTY IMAGES

La enfermedad de Parkinson es una patología degenerativa crónica y progresiva del Sistema Nervioso Central. Suele aparecer hacia los 60 años.

Afecta en un porcentaje mayor al 50% a hombres, la sintomatología principal es el temblor en extremidades acompañado de lentitud en movimientos, rigidez muscular, pérdida del equilibrio, lo que lleva a una inactividad lo que a la postre empeora la sintomatología, pues el paciente deja de tener actividad física y afectando a las actividades de la vida diaria. 

El objetivo del ejercicio físico en esta patología es conservar la movilidad y aumentar la fuerza muscular, y por ende mejorar la calidad de vida.

¿Qué tipo de ejercicio debe hacer una persona con Parkinson?

El impacto del ejercicio en el sistema músculo esquelético es el de mayor importancia, ya que al ejercitar mediante ejercicios de fuerza la rigidez muscular se elimina, aumenta por ende la fuerza y los arcos de movilidad se mantienen funcionales. Se ha observado un beneficio mediante ejercicio aeróbico (incluso ejercicio de alta intensidad en paciente con Parkinson leve-moderado) beneficios en el equilibrio y la marcha.

Incluso el ejercicio se recomienda como medida de prevención de esta enfermedad.

El ejercicio de fuerza se ha recomendado realizarlo con bandas elásticas, ya que son de bajo costo y son de bajo riesgo al no tener que cargar objetos pesados (pesas), son fáciles de usar y se pueden usar prácticamente en cualquier lado, incluso en la casa del paciente.

El ejercicio aeróbico se recomienda también como por ejemplo, la caminata, correr, nadar o andar en bicicleta, para los pacientes con enfermedad de Parkinson, según sus aptitudes y condición física.

Los ejercicios dentro de la alberca y la caminata son los de mejor opción, la intensidad y la distancia varía entre paciente y otro, debe ser prescrita por un profesional en este ámbito, respetando siempre el principio de individualización y progresión.

Otro beneficio de hacer ejercicio es en cuanto al estado psicológico y emocional del paciente mayor, al poder manejar sus actividades cotidianas de una manera más sencilla y con poca ayuda o sin ayuda externa.

Un objetivo secundario de la actividad física es que el paciente continúe siendo independiente y valerse por sí solo.

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