Los jabones no son todos iguales, ¿en qué se diferencian?

Los jabones pueden distinguirse fácilmente por su forma: en barra, pastilla, crema o líquidos.

También existen otros factores para clasificarlos, como sus ingredientes, métodos de fabricación o usos. Aquí te contamos más sobre cada uno de ellos:

Los jabones se clasifican según sus ingredientes, métodos de fabricación y usos. | Foto: GETTY IMAGES

Historia del jabón

Aunque los restos de jabón más antiguos conocidos datan del 2800 a. C. y se hallaron en la zona de Babilonia, los investigadores desconocen cuál es su origen y cómo se inventó.

Las teorías más difundidas indican que su aparición podría deberse a los sacrificios ceremoniales de animales.

Las lluvias podrían haber arrastrado los restos de grasa y ceniza a ríos cercanos, apreciando los habitantes la espuma que se formaba y la capacidad que esta tenía para limpiar vestimentas o la piel.

En la actualidad, el jabón se fabrica mezclando diferentes aceites, de origen vegetal (como algodón, coco, lino, maíz, oliva o soja), o de origen animal (recurriendo a su grasa, especialmente la de pescados), con agua e hidróxido de sodio o hidróxido de potasio (comúnmente llamados soda cáustica).

Luego se agregan los aceites esenciales de origen vegetal para darle aroma, y tintes para el color.

Generalmente se los clasifica por sus ingredientes, el método para prepararlos, o el uso para el que se destinan. Aquí los detallamos:

Ingredientes

Los jabones pueden diferenciarse por la materia que se utiliza para elaborarlos. Esta distinción puede darse, en primer lugar, por el uso de grasas animales o aceites vegetales.

Por ejemplo, existen jabones de leche, que se aprovechan para cuidar la piel por sus propiedades suavizantes e hidratantes.

Otra categoría es la de los aromatizados, destacándose por los extractos de hierbas que se utilizan para prepararlos.

Los más comunes son los de árbol de té, limón o lavanda, aunque también podemos encontrar otros que combinan la fragancia con la frescura de las plantas, como los de algas o menta.

Se puede recurrir a olores más fuertes en la elaboración para utilizarlos en prácticas como la aromaterapia.

Método de fabricación

La técnica que se utiliza para elaborar un jabón determinará sus características. Una vez que se prepara la mezcla, se puede optar por dos métodos de prensado, uno en frío y otro en caliente.

En el prensado en frío se aprovecha el calor generado por la reacción química de los ácidos grasos para producir jabón.

Como no se aplica calor después de haber mezclado los ingredientes, no se alteran las propiedades de los aceites utilizados y la elaboración es más rápida.

Sin embargo, una vez que enfrió, demanda una mayor cantidad de tiempo para cumplir el proceso de saponificación (conversión de los aceites o compuestos grasos en jabón).

Se estima una espera de aproximadamente un mes para poder utilizarlo.

El prensado en caliente consiste en una elaboración más lenta, en la que se cuecen los aceites o compuestos grasos hasta alcanzar un estado de gelificación.

Esto permite completar la saponificación con mayor rapidez, por lo que no es necesario, como en el caso anterior, esperar para usarlo una vez que enfrió.

Usos

En este caso se puede diferenciar aquellos jabones utilizados para la higiene personal de los que se usan para la limpieza general.

Algunos contienen una mayor cantidad de material graso total, por lo que se utilizan en todo el cuerpo por su efecto hidratante, mientras que otros son específicos para el rostro.

Otra opción ideal para humectar son los que se elaboran con glicerina, que permiten que la piel se vea fresca y suave durante más tiempo.

También existen jabones medicinales, es decir, específicamente preparados tratar diferentes afecciones cutáneas: acné, erupciones, espinillas, infecciones bacterianas o fúngicas.

Finalmente, podemos hallar aquellos que se destinan a la limpieza de la vajilla o de la ropa, con una mayor capacidad para producir espuma.

Incluso existen jabones que se usan para limpiar suciedad pesada, como manchas de grasa o aceite.

Cómo actúa el jabón

A grandes rasgos, la acción limpiadora del jabón se debe a que, por un lado, puede disolverse en agua (es hidrosoluble).

Esto disminuye la tensión superficial del agua, lo que favorece su penetración en los intersticios de la sustancia a lavar.

Por otro lado, es capaz de disolverse en grasa (es liposoluble), afectando la estructura de esta y permitiendo que se diluya en el agua.

Fuentes consultadas: Base Exhaustiva de Datos de Medicamentos Naturales, Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, Instituto Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa.