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¿Se puede ser genéticamente inmune al dolor?

Cuando mujeres que tuvieron hijos recuerdan los dolores de parto, ella no entiende. Tampoco comprende cuando en una charla de café se comenta sobre el estrés y la ansiedad de la vida moderna.

A sus 71 años, la británica Jo Cameron nunca sintió dolor ni ansiedad. Nunca. La mujer entrevistada por The New York Times porta una mutación de un gen que hace que esas sensaciones no se manifiesten. Por eso no sabe lo que es el dolor físico ni emocional.

Durante décadas. Cameron no sufrió dolores, ni sintió nada cuando se cortaba el dedo pelando una cebolla, nunca le molestó la rodilla o la espalda, y solo el olor de una quemadura la alertaba de la herida. Pero jamás se preguntó por qué.

Una vida libre de dolor. Y ahora los científicos saben la razón. Un estudio publicado en British Journal of Anaesteshia, explica que en casos como el de Cameron, las personas portan la mutación de un pseudo gen llamado FAAH-OUT, que es el que dispara sensaciones como el dolor y la ansiedad.

Científicos han estado documentado casos de individuos inmunes al dolor, que parecen salidos de la serie Supernatural, pero es la primera vez que identifican una mutación genética como la causa de esta inmunidad.

Esta mutación sería hereditaria, por lo que es posible que los hijos la porten. En el caso de Cameron, su hijo varón es parcialmente inmune al dolor.

Qué es el dolor

Aunque parezca idílico, vivir sin dolor también puede ser peligroso. Según explica la biblioteca médica ADAM, el dolor le brinda al organismo un mecanismo de protección y lo alerta sobre daño potencial o real a sus tejidos.

De hecho, el marido de Cameron cuenta que muchas veces es él el que tiene que alertarla de que está apoyando su mano sobre una superficie caliente, o que se está cortando con un vidrio, porque ella simplemente no se da cuenta.

La Clínica Mayo explica que hay dos tipos de dolor básicos: 

  • El dolor agudo es un dolor intenso o repentino que se resuelve en un período de tiempo determinado. Es posible que se sienta dolor agudo cuando se sufre una lesión, se padece una enfermedad, o la persona se sometió a una cirugía.
  • El dolor crónico, que es persistente, puede durar meses o incluso más. El dolor crónico se considera una condición de salud en sí mismo.

De acuerdo con un documento sobre manejo del dolor de los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés), el dolor afecta a más estadounidenses que la diabetes, el cáncer y la enfermedad cardíaca combinadas.

El National Center of Health Statistics indica que cerca de 76 millones de personas sufren de dolores: desde aquéllos que duran más de un día hasta los que son crónicos y pueden llegar a discapacitar.

Según el trabajo Relieving Pain in America: A Blueprint for Transforming Prevention, Care, Education, and Research, las minorías, y en especial hispanos y afroamericanos, tienen dos veces más chance de no recibir medicamentos para el dolor, aunque son los que más los padecen.

Se devela el misterio

Los científicos comenzaron a estudiar a Cameron casi por casualidad. La mujer vivía tranquila con su esposo en Loch Ness (sí, en donde también vive el monstruo del lago), en Escocia, cuando, luego de una cirugía en la mano, el médico se sorprendió de que no necesitara un calmante.

Cameron le dijo que no se preocupara, que no iba a sentir nada. El doctor Devij Srivastava, consultor en medicina del dolor del National Health Service en el norte del país se contactó con especialistas en medicina molecular del University College en Londres. 

Y fue allí en donde comenzaron a analizar los genes de Cameron, hasta descubrir la mutación de FAAH-OUT. En su caso, le falta una parte frontal del gen, que al parecer es la que maneja las sensaciones de dolor y ansiedad.

La meta es conocer más sobre estos cambios genéticos que vuelven a algunos inmunes al dolor, para poder, en el futuro, diseñar terapias genéticas y tratamientos que logren controlarlo y, por qué no, eliminarlo.


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