Beneficios del té oolong

El té oolong se elabora con las hojas, tallos y ramas de la planta Camellia Sinensis, que es la misma que se utiliza para obtener el té negro y el verde. En realidad, todas las bebidas elaboradas con esta planta se denominan “té”. 

La experta en té Inés Berton, de la firma Tealosophy, aclara que si se utiliza otro tipo de vegetal se las debe llamar infusión o tisana. Por eso no es correcto decir “té de manzanilla” o “té de tilo” si no incluye entre estas hojas otras de la variedad Camellia Sinensis.

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Cada variedad de té se obtiene mediante un procedimiento diferente: el verde no se fermenta, el oolong está parcialmente fermentado y el negro está completamente fermentado. Este proceso les confiere distintas cualidades, en el caso del oolong, algunas hojas se procesan en forma de pequeñas bolitas, aunque también se los puede enrollar formando hojas largas y curvas.

El oolong también es conocido como “té azul” por el color que le da la oxidación. Contiene potasio y manganeso, el doble de cafeína que el té verde y la mitad que el negro. Esta sustancia estimula el sistema nervioso central, el corazón y los músculos. 

También contiene teofilina y teogramina, que son químicos similares a la cafeína. Por su contenido de polifenoles, poderosos antioxidantes, se le confiere la propiedad de activar la capacidad intelectual y lograr una mente más alerta. 

El Instituto Linus Pauling, de la Oregon State University, cita varias investigaciones que avalan que el té oolong tiene propiedades que benefician la salud. Se le confiere la cualidad de poder prevenir el cáncer, el decaimiento dental, la osteoporosis y las enfermedades cardiacas. También se cree que ayuda a combatir la obesidad y la diabetes, las flatulencias, las arterias endurecidas, el colesterol alto, las alergias de la piel como el eczema, además de ser capaz de acelerar el metabolismo.

¿Cómo se prepara un buen té oolong?

Para optimizar su sabor conviene elaborarlo colocando dos cucharaditas por taza, y agregando agua sin hervir, entre 180 y 190ºF (82 y 88ºC). Se lo deja macerar durante 3 o 4 minutos, y luego se retiran las hojas. Si el té es de buena calidad, se pueden volver a utilizar hasta 4 veces más, y el sabor será cada vez mejor.