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Pacientes con Ébola: ¿pueden sobrevivir?

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Pacientes con Ébola: ¿pueden sobrevivir?

El doctor Kent Brantly, quien contrajo Ébola atendiendo a pacientes con el virus en Liberia, ya descansa en una habitación con aislamiento especial en el Hospital de la Universidad Emory, en Atlanta. La otra estadounidense infectada, la misionera Nancy Writebol, llegará en pocos días. Lejos de África y con cuidados de alta calidad, ¿podrán superar esta letal enfermedad?   

El Virus del Ébola existe en las enciclopedias médicas desde 1976, cuando se registró el primer brote en una zona remota y densamente selvática de la República Democrática del Congo (ex Zaire); pero este fin de semana de agosto de 2014 marcó la llegada del virus a suelo estadounidense por primera vez. 

No fue, como tanto se temía, por un viajero enfermo en un vuelo comercial, o a través de un mono infectado, cazado de manera furtiva y escondido en un barco de carga. Llegó en la sangre de un médico que cumplía una misión samaritana en Liberia. Y pronto arribará en el cuerpo de otra samaritana, una enfermera que se infectó de la misma manera.

Este nuevo brote de Ébola, que comenzó en Guinea, y se expandió a Liberia y Sierra Leona, ya ha enfermado a 1,323 personas, con 729 muertes, según datos de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) hasta el 27 de julio.

Pero Kent Brantly y Nancy Writebol correrán tal vez con más suerte que los casos africanos, pacientes que deben ser tratados en hospitales en donde las medidas de extrema bioseguridad son una utopía.

Ambos estarán en tratamiento en salas especiales de un hospital universitario, especialmente diseñadas para enfrentar casos extremos: allí los doctores ya trataron a pacientes con Sindrome Agudo Respiratorio Severo (SARS) en el 2005. 

Estas salas del Hospital de la Universidad Emory se construyeron hace 12 años para atender a oficiales de salud de los CDC —cuya sede está en Atlanta, a pocas cuadras del hospital— que contrajeran enfermedades asociadas a sus trabajos.

En los CDC funciona uno de los pocos laboratorios de Bioseguridad de Nivel 4, en donde se manipulan virus de máxima peligrosidad como la viruela o el ántrax. Y fue justamente uno de los espacios altamente cuestionados cuando se supo en julio que decenas de científicos habrían estado expuestos a graves enfermedades por la mala manipulación de muestras de virus peligrosos.

El Ébola es una fiebre hemorrágica que causa fiebre alta, tremendo dolor muscular y sangrados graves, por todos los orificios imaginables. Entre que se contrae el virus y se presentan los síntomas pueden pasar hasta dos semanas. 

El virus del Ébola se contagia de persona a persona. Pero no es un virus aeróbico como lo era por ejemplo el de la viruela, no se contrae inhalando partículas de aire que contengan el virus, sino estando en contacto muy cercano con el paciente infectado.

A diferencia del VIH, el virus que causa el sida, que se toma su tiempo para infectar y puede manifestarse años después de estar dentro de un organismo, el Ébola, una vez que ingresa al cuerpo, lo aniquila. 

No existe una cura farmacológica para el Ébola, es decir, hasta el momento no hay una droga curativa, o una vacuna terapéutica. Sí existen los llamados cuidados paliativos como el manejo de la fiebre, el cuidado de los sangrados, etc, que logran controlar la infección y eventualmente erradicarla del organismo.

Sin embargo, esto ocurre en pocos casos: el Ébola tiene una mortalidad que va del 60% al 90%.

Por eso, los cuidados paliativos son tremendamente esenciales para controlar esta infección. Y es lo que recibirán con una precisión médica de relojería suiza los dos pacientes internados en Atlanta. El doctor Bruce Ribner, quien los tratará, dice que hay chance de que salgan caminando del aislamiento.

"Nada sale de esta unidad hasta que deje ser infeccioso", aseguró en conferencia de prensa. Y ambos tendrán cuidados minuto a minuto, y estarán aislados, o sea no correrán peligro de adquirir otra infección oportunista que pudiera matarlos.

Justamente por eso el Ébola ha sido tan difícil de controlar al otro lado del océano: en los países de África en donde se expande el brote, los hospitales no cuentan con salas de aislamiento como las de Emory.

Los médicos aseguran que la letalidad del virus disminuye cuando el sistema de cuidado de salud funciona.

En África, se lucha contra el Ébola con menos armas y en sistemas sanitarios más frágiles. Además, esta vez, a diferencia de otros brotes, el virus ha saltado de la espesura de la selva a las grandes ciudades, en donde la posibilidad de contagio aumenta.

Expertos dicen que en la zona occidental del continente en donde surgió este brote, salvarse es casi como una lotería biológica: sólo los sistemas inmunes realmente fuertes sobreviven al Ébola.

El doctor Philip Brachman, uno de los epidemiólogos de los CDC que lidera la batalla contra brotes epidémicos, asegura que la combinación de distintas opciones terapéuticas de alta calidad son las que podrán hacer la diferencia entre la vida y la muerte. "El mejor control de los electrolitos, fluidos y signos vitales permitirán que mantengamos vivos a los pacientes, para darle tiempo al organismo que controle la infección".

Tom Frieden, director de los CDC, dijo que se están recibiendo llamadas "desagradables" de personas que preguntan "por qué trajeron el Ébola al país".

Mientras vecinos del barrio Decatur, lindero con Emory y los CDC, y los que viven en las decenas de calles llamadas Peachtree que hay en Atlanta, piensan que Brantly y Writebol están en el lugar correcto, otros se dejan ganar por el miedo. 

Siempre es la doble lucha. Contra el virus, y el estigma y la discriminación que lo acompaña.

 

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