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¿Las fotos "perfectas" motivan o alejan del ejercicio?

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¿Las fotos "perfectas" motivan o alejan del ejercicio?
CRÉDITO: MEZCALENT

Las revistas muestran modelos perfectas en indumentaria deportiva, con músculos marcados y un cuerpo envidiable. ¿Esta imagen ideal, aleja del gimnasio a las mujeres reales?

Las imágenes de mujeres en ropa deportiva que circulan por Internet o aparecen en las revistas parecen estar muy lejos de la realidad. Muchas son como esculpidas a mano, con brazos delgados pero musculosos, abdominales ultra chatos y hasta con esa envidiable “tabla de lavar”, glúteos redondos y turgentes como las frutas más tentadoras, piernas largas y esbeltas con cuádriceps marcados… solo hasta el punto justo para no parecer una fornida levantadora de pesas. 

Las fotos carecen de celulitis, estrías, arañitas, manchas o esos defectos o imperfecciones que tenemos los mortales. Aún cuando transpiran, estas bellezas se ven salvajes y sensuales, con el cabello húmedo y despeinado que les cae como al descuido, enmarcando un rostro perfecto. Hasta el sudor en su ropa deportiva es una señal de un adecuado esfuerzo, que incluso le agrega cierta carga de erotismo. 

En la otra orilla, cuando se quiere retratar a una mujer “normal” que trata de mejorar su figura en el gimnasio, se suele caer en el estereotipo de la gordita esforzada con cara de disgusto. Es esa ilusa que cree que por más que pase horas y horas, no logrará salir del bando de los perdedores, que cuando transpira luce cansada, antiestética, olorosa y carente de glamour.

Ante este bombardeo de perfección atlética enfrentada con los defectos de lo cotidiano, ¿qué queda para una mujer normal? A veces, ante lo rotunda y cruel que resulta la comparación, se le pueden disparar estas reflexiones:

  • "¿Para qué van al gimnasio estas mujeres divinas, si no lo necesitan?"
  • "Yo nunca podría quedar como ellas. Mejor me quedo en mi casa mirando televisión."
  • "Logré algunos cambios pero cuando quise sacarme una selfie al estilo tapa de revista... me deprimí."

Como consuelo, hay un detalle que vale la pena revelar: antes de ir a la sesión de fotos, muchas de estas modelos están varios días sin comer, para poder lograr ese ansiado cuerpo magro y perfecto. Algunas entrenan durísimo antes para marcar su cuerpo, que al poco tiempo ya no se ve tan maravilloso. También se recurre a trucos “engañosos” como untar el cuerpo con aceite para disimular imperfecciones, un bronceado real o ficticio y por supuesto, a ese mago que todo lo transforma: Mr. PhotoShop

Esta dicotomía entre lo que se ve en las revistas y en la pantalla y lo que nos muestran nuestros propios ojos – sin filtros ni programas de edición de imágenes – pueden causarnos algunos perjuicios. Hay personas que desarrollan una fobia al gimnasio, porque solo el hecho de juntarse con diosas en corpiño deportivo las hace sentir el insecto más infame. También hay casos de alergia al ejercicio, donde causas físicas y psicológicas provocan erupciones en la piel que solo se curan bien lejos de las cintas de correr y las bicicletas. 

Tanta belleza y perfección no hacen más que desvirtuar el primer objetivo del ejercicio: mejorar la salud. La lista de beneficios es enorme: según recuerda el Consejo Americano de Ejercicio (ACE), la actividad física ayuda a fortalecer y tonificar los músculos, fortalecer huesos y articulaciones, reducir y evitar dolores musculares y articulares, aumentar la capacidad y el funcionamiento de los pulmones y el corazón y quemar calorías para mantener un peso adecuado.

La lista es extensa: el ejercicio también favorece la sociabilización si se entrena con otras personas, y como si esto fuera poco, segrega endorfinas, llamadas “hormonas de la felicidad”. Tal vez no se vea en las fotos, pero aún cuando el cuerpo no luzca extremadamente bello o firme como una roca, una persona que hace actividad física logra muchos otros beneficios, tal vez muchísimos más que los que arroja esa imagen que solo muestra un cuerpo perfecto. 

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