Unos escáneres cerebrales ofrecen más pistas sobre el autismo

Unos escáneres cerebrales ofrecen más pistas sobre el autismo

MARTES, 17 de julio de 2018 (HealthDay News) -- Los niños con autismo muestran anomalías en un circuito cerebral profundo que por lo general hace que socializar sea agradable, encuentra un estudio reciente.

Utilizando IRM del cerebro, los investigadores encontraron que los niños autistas mostraban diferencias en la estructura y la función de un circuito cerebral llamada vía mesolímbica de recompensa.

Ese circuito, ubicado en la profundidad del cerebro, ayuda a sentir placer durante la interacción social, algo con que las personas autistas tienen problemas, explicaron los autores del estudio.

Los expertos dijeron que los hallazgos, que aparecen en la edición del 17 de julio de la revista Brain, ofrecen información sobre lo que sucede en el cerebro afectado por el autismo.

Una de las características del trastorno es la dificultad con reconocer y responder a las pistas sociales de las otras personas. El nuevo estudio sugiere que, debido a las conexiones cerebrales, esas interacciones simplemente no parecen tan gratificantes a las personas con autismo.

Si un niño pequeño no siente el placer inherente de la socialización, comentaron los investigadores, quizá la evite, y entonces se pierda la oportunidad de desarrollar unas habilidades sociales más complejas.

Pero los hallazgos no prueban de forma definitiva que la anomalía cerebral cause las dificultades sociales, señaló Kaustubh Supekar, un científico investigador en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford que trabajó en el estudio.

Los investigadores escanearon a niños de 7 a 13 años de edad. Y es posible, dijo Supekar, que el circuito cerebral no se desarrollara de forma normal porque los niños carecían de años de interacciones sociales típicas.

Por otra parte, dijo, hay investigaciones con animales que sugieren que las diferencias cerebrales podrían ser la causa. Si la vía mesolímbica de recompensa se perturba en ratones de laboratorio, se vuelven menos sociales entre sí.

Nada de esto significa que los niños autistas no puedan aprender habilidades sociales, apuntó el Dr. Xavier Castellanos, director del Centro de Trastornos del Neurodesarrollo del Centro Médico Langone de la NYU, en la ciudad de Nueva York.

De hecho, dijo, hay terapias establecidas centradas en la idea de que utilizar "recompensas y refuerzo positivo" puede animar a los niños autistas a implicarse más socialmente.

Pero si los investigadores pueden comprender mejor los mecanismos cerebrales relacionados con el autismo, quizá puedan desarrollar más terapias, más refinadas, dijo Castellanos, que no participó en el estudio.

"Creo que es lo más importante que podemos hacer, científicamente", aseguró. "Mientras mejor comprendamos el cerebro, más creativos podemos ser al diseñar nuevas terapias".

En el estudio, el equipo de Supekar examinó escáneres cerebrales de IRM funcional de 24 niños con autismo que tenían un "alto funcionamiento", lo que significa que el trastorno era menos grave, y de 24 niños sin el trastorno. Las IRM funcionales rastrean el flujo sanguíneo en el cerebro, como medida de la actividad cerebral.

El estudio encontró que, en general, los niños autistas mostraban diferencias marcadas en la vía mesolímbica de recompensa. Las fibras nerviosas tendían a ser más delgadas, y había señales de unas conexiones más débiles entre las células cerebrales.

Y esas anomalías, dijo Supekar, eran más pronunciadas en los niños que tenían una mayor dificultad para socializar.

Entonces, los investigadores realizaron los escáneres en un segundo grupo de 34 niños, y encontraron los mismos patrones.

Es importante que los hallazgos se sostuvieran en ese segundo grupo de niños, afirmó Castellanos. Pero, añadió, todavía se necesitan estudios adicionales para confirmar que los patrones se observan de forma constante.

Entonces, dijo Castellanos, la pregunta será si la disfunción en la vía cerebral en realidad ayuda a causar las dificultades sociales.

Si es así, indicó Supekar, eso plantearía la posibilidad de desarrollar tratamientos que "manipulen" la vía de alguna forma.

Pero falta mucho para que llegue cualquier terapia de ese tipo. De forma más inmediata, Supekar dijo que su equipo desea observar si las terapias actuales "basadas en la recompensa" para el autismo en realidad alteran la vía mesolímbica de recompensa.

Si es así, plantearía otra posibilidad, según Supekar: los médicos podrían utilizar IRM cerebrales para ver si la terapia de un niño está teniendo un efecto.

"La conducta en sí puede tardar mucho en cambiar", dijo Supekar. Pero si se pueden detectar antes cambios en el cerebro, explicó, eso podría servir como un "biomarcador" de que se está logrando un progreso.

Las terapias conductuales que utilizan recompensas funcionan para algunos niños, pero no para otros, dijo Castellanos. Ahora mismo no hay forma de predecir si un niño al final se beneficiará o no.

Más información

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. tienen más información sobre las terapias para el autismo.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

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