Una insulina para la diabetes tipo 2 se muestra promisoria

Una insulina para la diabetes tipo 2 se muestra promisoria
| Foto: HEALTHDAY

La diabetes tipo 2 puede ser difícil de controlar sin medicamentos. Pero, para algunas personas, la idea de inyecciones diarias hace que retrasen o eviten la terapia con insulina.

Ahora, una nueva investigación ofrece algunas esperanzas para las personas que evitan la insulina: una inyección de insulina una vez a la semana podría algún día reemplazar a las inyecciones diarias.

Un ensayo de fase 2 comparó a la nueva insulina semanal, llamada icodec, con la insulina glargina de uso común (Lantus, Basaglar), y encontró que la nueva insulina condujo a una reducción similar en los niveles de azúcar en la sangre. La insulina semanal también tuvo un perfil de seguridad similar al de la insulina glargina diaria.

"Esta es la primera insulina inyectable una vez por semana, y este estudio sugiere que es igual de efectiva que tomar insulina a diario. Si le va bien en el escrutinio en ensayos en fase 3, podría facilitarles la vida a las personas con diabetes tipo 2", explicó el Dr. Robert Gabbay, director científico y médico de la Asociación Americana de la Diabetes (American Diabetes Association).

"Con frecuencia, lograr que las personas comiencen con la insulina es un desafío, pero si solo lo tienen que hacer una vez a la semana, podría ayudar", añadió.

Una vez las personas superen el obstáculo de iniciar unas inyecciones semanales, planteó Gabbay, es probable que "cumplan mejor, tengan un mejor control del azúcar en la sangre, y así menos complicaciones".

El estudio fue financiado por el fabricante de icodec, Novo Nordisk, en Dinamarca. HealthDay intentó comunicarse con los investigadores del estudio para obtener un comentario, pero no estaban disponibles.

La insulina es una hormona que ayuda al cuerpo a procesar los azúcares de los alimentos. La insulina lleva el azúcar de la sangre a las células del cuerpo, donde puede utilizarse como combustible.

Las personas con diabetes tipo 2 en general no usan la insulina de forma eficiente, y quizá no produzcan suficiente insulina para mantenerse al día con las demandas del cuerpo. Ese es el momento en que las personas con diabetes tipo 2 con frecuencia deben comenzar a tomar insulina. (En las personas con diabetes tipo 1, el sistema inmunitario ataca por error a las células sanas que producen insulina, destruyendo a la mayoría de ellas. Las personas con diabetes tipo 1 no tienen más opción que recibir insulina mediante inyección o una bomba de insulina).

Este último estudio incluyó a casi 250 personas con diabetes tipo 2, de 18 a 75 años. Ninguna había recibido insulina a largo plazo antes del ensayo.

Se consideró que la diabetes de los participantes no estaba controlada de forma adecuada, con una A1C de un 7 a un 9.5 por ciento. La A1C es una medida que estima los niveles de azúcar en la sangre a lo largo de unos dos meses. Las metas de A1C varían según el individuo, pero con frecuencia la meta es de menos de un 7 por ciento.

Durante el ensayo de seis meses, la mitad de los participantes se asignaron al azar a recibir inyecciones semanales de icodec. Los demás voluntarios recibieron insulina glargina a diario.

Al final del ensayo, las personas que tomaron icodec experimentaron una reducción de 1.33 puntos de porcentaje en su A1C. El grupo de la insulina glargina tuvo una reducción de 1.15 puntos de porcentaje. Ambos grupos tuvieron unas A1C promedio de menos de un 7 por ciento tras iniciar la terapia con insulina.

Un problema de cualquier tipo de terapia con insulina es el azúcar bajo en la sangre (hipoglucemia). Tomar insulina es un acto de equilibrismo. Si la insulina es insuficiente, los niveles de azúcar en la sangre permanecen demasiado altos, lo que puede en algún momento conducir a complicaciones si sucede de forma regular. Si la insulina es excesiva, puede provocar que el azúcar en la sangre se reduzca a niveles peligrosos, que pueden hacer que una persona se sientan muy mal, pueden conducir a la pérdida de la conciencia e incluso a la muerte si no se tratan.

Ambos tipos de insulina tuvieron unos niveles similares de eventos de hipoglucemia. Sin embargo, la mayoría de esos eventos adversos fueron leves en este ensayo.

La Dra. Akankasha Goyal, endocrinóloga de Langone Health de la NYU, en la ciudad de Nueva York, afirmó que "se trata de un tratamiento muy promisorio e innovador. La insulina se libera de forma gradual durante siete días. Hasta ahora, la eficacia y la seguridad son similares entre la icodec y la insulina glargina".

Goyal añadió que "ahora mismo, la insulina es una inyección diaria y genera mucha resistencia. Icodec es más cómoda, y la inyección semanal es atractiva".

Tanto Gabbay como Goyal afirmaron que visualizan un futuro en que la insulina semanal podrá ayudar a múltiples grupos. Un grupo, anotó Gabbay, son los adolescentes mayores y los adultos jóvenes, que tienen unos estilos de vida impredecibles y que tal vez no se pongan la insulina más o menos a la misma hora todos los días.

Otro son los pacientes mayores, ya sea que vivan solos, que tengan servicios de enfermeros a domicilio o que vivan en un hogar de ancianos.

"Hacer que la insulina sea más sencilla para las personas con problemas físicos o cognitivos a quienes otras personas cuidan es un beneficio potencial de la insulina semanal. Las probabilidades de errores son más bajas si el medicamento se administra una vez por semana, en lugar de siete veces", explicó Gabbay.

Goyal dijo que la familia o los amigos con frecuencia ayudan a los pacientes mayores, lo que puede resultar difícil si necesitan insulina a diario. Dijo que, sin duda, una insulina semanal podría ayudar en esa situación.

Novo Nordisk espera iniciar sus ensayos en fase 3 de icodec a finales de año.

Si todo sale bien en los ensayos de fase 3, tanto Goyal como Gabbay señalaron que prevén que el fármaco al final esté disponible para las personas con diabetes tanto tipo 1 como tipo 2.

El informe, del Dr. Julio Rosenstock del Centro de Investigación de la Diabetes de Dallas de Medical City, en Dallas, y sus colaboradores, se publicó en la edición del 22 de septiembre de la revista New England Journal of Medicine.

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