¿Quiere evitar un segundo ataque cardiaco? Pierda grasa abdominal

¿Quiere evitar un segundo ataque cardiaco? Pierda grasa abdominal

MARTES, 21 de enero de 2020 (HealthDay News) -- Para las personas que sobreviven a un ataque cardiaco, un vientre gordo podría significar que es probable que sufran otro, sugiere un estudio reciente.

Estudios anteriores han mostrado que la obesidad abdominal pone a las personas en riesgo de un primer ataque cardiaco. Este nuevo estudio muestra que también aumenta las probabilidades de un segundo ataque cardiaco, señalan los investigadores.

"La obesidad abdominal no solo aumenta el riesgo de un primer ataque cardiaco o accidente cerebrovascular (ACV), sino también el riesgo de eventos recurrentes tras el primero", comentó la autora del estudio, la Dra. Hanieh Mohammadi, del Hospital de la Universidad de Karolinska en Solna, Suecia.

Una cintura con una medida saludable es importante para prevenir ataques cardiacos y ACV futuros, independientemente de cuántos medicamentos preventivos tome o de qué tan sanos sean sus resultados en los análisis sanguíneos, enfatizó.

"La obesidad abdominal puede abordarse mediante una dieta saludable y equilibrada, y la actividad física regular", aseguró Mohammadi. "También recomendaríamos que los médicos y los enfermeros midan la circunferencia de la cintura en los ámbitos clínicos para identificar a los pacientes con un primer ataque cardiaco que estén en riesgo de eventos recurrentes".

La grasa abdominal es peligrosa porque se asocia con afecciones que aceleran la obstrucción de las arterias, como la hipertensión, el azúcar alto en la sangre y la diabetes, además de unos niveles elevados de colesterol, observó.

Pero esas afecciones no son toda la historia, porque la obesidad abdominal es un factor de riesgo independiente, anotó Mohammadi.

"Esto sugiere que hay más mecanismos negativos implicados en la obesidad abdominal que se desconocen", dijo.

El Dr. Gregg Fonarow, profesor de cardiología de la Universidad de California en Los Ángeles, dijo que no se sabe con certeza que solo perder peso reduzca el riesgo de otro ataque cardiaco.

"[Determinar] si las estrategias para reducir la adiposidad abdominal [la grasa en el vientre] en los pacientes tras un infarto de miocardio [ataque cardiaco] se traducirán o no en una reducción en el riesgo de eventos requiere ensayos clínicos prospectivos", observó Fonarow, que no participó en la investigación.

En el estudio, Mohammadi y su equipo siguieron a más de 22,000 personas de Suecia que habían sufrido un primer ataque cardiaco.

Entre los hombres, un 78 por ciento tenían obesidad abdominal, al igual que casi un 90 por ciento de las mujeres. La obesidad abdominal se definió como una medida de la cintura de 37 pulgadas (94 centímetros) para los hombres y de 31.5 pulgadas (80 cm) para las mujeres.

Durante casi cuatro años de seguimiento, los investigadores encontraron que la obesidad abdominal se vinculaba de forma independiente con ataques cardiacos y ACV letales y no letales.

El riesgo de la obesidad abdominal fue independiente de otros factores, como fumar, la diabetes, la hipertensión, el colesterol y el peso total.

El riesgo de un segundo ataque cardiaco vinculado con la obesidad abdominal fue más alto entre los hombres que entre las mujeres. Como en el estudio hubo menos mujeres que hombres, se necesita más investigación para explicar la diferencia en el riesgo, dijeron los investigadores.

La obesidad abdominal en los hombres podría consistir de grasa visceral, que rodea a los órganos. Es más peligrosa que la grasa subcutánea en las mujeres, que simplemente se ubica por debajo de la superficie y es menos dañina.

Los hallazgos aparecen en la edición del 21 de enero de la revista European Journal of Preventive Cardiology.

"Este estudio describió un marcador de riesgo fácilmente identificable con un factor pronóstico que no se conocía antes", comentó el Dr. Daniel Matos, del Hospital de Santa Cruz en Lisboa, Portugal.

En la actualidad, no hay terapias específicas dirigidas a la grasa abdominal aparte de perder peso, la dieta y los cambios en el estilo de vida, señaló Matos, coautor de un editorial publicado junto con el estudio.

"Este artículo no solo refuerza la necesidad de la reducción de la grasa abdominal a través de la pérdida de peso, sino que también plantea la hipótesis de que, en el futuro, unos métodos terapéuticos específicos que se dirijan a la grasa abdominal podrían tener un impacto positivo en los resultados de estos pacientes tras un infarto de miocardio", añadió.

Más información

Para más información sobre el ataque cardiaco, visite la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association).


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

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