¿Podría por fin haber audífonos más baratos de venta libre?

JUEVES, 9 de septiembre de 2021 (HealthDay News) -- Hasta ahora, las personas que sufren de pérdida auditiva en general han tenido que gastar miles de dólares en un dispositivo que solo podía ser ajustado por un audiólogo profesional.

No resulta sorprendente que apenas una cuarta parte de los 29 millones de adultos de EE. UU. que se podrían beneficiar de un audífono en realidad hayan intentado utilizar uno, según los Institutos Nacionales de la Salud de EE. UU.

¿Podría por fin haber audífonos más baratos de venta libre?

Se están desarrollando unos dispositivos de audición de alta tecnología más baratos para su venta libre, y algunos ya han llegado al mercado, de compañías como Bose, el fabricante de altavoces.

Pero estas opciones más recientes y asequibles existen en un área médica gris, mientras los expertos en la audición y los reguladores federales se enfrentan al problema planteado por una clase de dispositivos que se podrían comprar sin ir al médico ni hacerse una prueba de audición.

Una ley de 2007 requiere que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE. UU. establezca una categoría para los audífonos de venta libre, además de estándares sobre los mismos. La FDA no cumplió su fecha límite de agosto de 2020 para proponer estas nuevas normas, y culpó a la pandemia de COVID-19 del retraso.

Pero quizá la espera pronto acabe: el Presidente Joe Biden ordenó a la agencia que finalice su propuesta de normas en noviembre.

"Estamos esperando que la FDA presente unas directrices que pensamos que se deberían publicar pronto, que orientarían los requisitos para la venta libre y el etiquetado", señaló Angela Shoup, presidenta de la Academia Americana de Audiología (American Academy of Audiology). "Esto determinaría entonces lo que los fabricantes pueden hacer".

La misma FDA ha complicado la situación al permitir a compañías como Bose que sigan adelante con unos dispositivos que parecen encajar en esta nueva, pero todavía indefinida, categoría.

En 2018, la FDA aprobó un audífono de Bose para la venta directa a los consumidores, basándose en evidencias de un ensayo clínico que mostraron que las personas podían adaptarlo igual de bien que un audiólogo profesional.

El dispositivo de Bose cuesta 850 dólares, en comparación con el costo de entre 2,000 y 8,000 dólares para comprar y adaptar un par de audífonos estándar.

Una compañía de Illinois, Lexie Hearing, comenzó a vender en línea sus propios audífonos por 799 dólares directamente a los consumidores, y a través de farmacias Walgreens en cinco estados del Sur y el Oeste.

La intención de estos dispositivos más recientes es rellenar la gran brecha en el mercado de los audífonos, que ahora ofrece a las personas dos opciones: pasar por el costoso proceso de ajuste de un audífono en toda regla, o gastar mucho menos dinero en un dispositivo llamado producto personal de amplificación del sonido (PSAP, por sus siglas en inglés).

¿Quién realiza los diagnósticos?

En general, los PSAP cuestan menos de 500 dólares, y Amazon vende algunos por incluso apenas 60 dólares. Pero los expertos señalan que la persona recibe por lo que paga: un PSAP amplifica todo el sonido que le rodea, pero no permite otros ajustes para tomar en cuenta la distorsión o la pérdida auditiva de distintos tonos.

"En realidad no hay mucha personalización aparte de subir o bajar el control del volumen", comentó Hope Lanter, audióloga principal de Hear.com, un minorista de audífonos en línea de Holanda. "Un amplificador hace que todo suene más alto. No necesariamente conforma el sonido según la pérdida auditiva de la persona, sino que hace que todo suene más alto. Cuando se hace esto, en realidad se podría crear más distorsión o una mayor magnificación del problema".

En comparación con los PSAP, los dispositivos de Bose y Lexie permiten a los consumidores hacer ellos mismos ajustes mediante una aplicación para teléfono inteligente, con opciones tanto de volumen como de frecuencias específicas.

Parte del problema al que se enfrenta la FDA para la creación de las normas es que la pérdida auditiva es mucho más sutil y difícil de discernir que la pérdida de la vista. Estos dispositivos de venta libre se deben diseñar para ayudar a los consumidores a básicamente diagnosticarse ellos mismos, observaron los expertos.

"Muchas veces, las dificultades de audición pueden ser bastante complejas", apuntó Shoup. "Sabemos que algunos oyentes podrían tener una sencilla reducción en la audibilidad de ciertos tonos de sonido".

Por ejemplo, un individuo podría tener problemas con los sonidos agudos.

"En ese caso, su experiencia quizá sea que sienten que escuchan bien los sonidos, pero que el habla no es muy clara", apuntó Shoup. "Sienten que las personas no hablan con mucha claridad, porque se están perdiendo algunas de esas consonantes agudas".

En ese caso, si puede ajustar el dispositivo de sonido de forma adecuada, quizá les vaya bien, dijo.

Pero el oído en sí es solo parte del problema, añadió Shoup.

El cerebro tiene sus propios procesos de interpretación de las señales del oído, y algunas personas con pérdida auditiva a largo plazo quizá deban volver a entrenar el cerebro para ajustar un audífono.

"Las vías de nuestro cerebro cambian y ayudan a respaldar nuestra capacidad de descodificar los sonidos complejos, como el habla, sobre todo el habla con ruido de fondo", aclaró Shoup. "En algunos casos, hay personas que incluso cuando el sonido mejora para ellas en las regiones de audibilidad en que han experimentado algunos déficits de escucha, podrían de cualquier forma sufrir cierta distorsión o dificultades para comprender las señales del habla".

En esos casos, la persona quizá necesite rehabilitación y entrenamiento auditivos para aprovechar su dispositivo al máximo, comentó Shoup.

Los audiólogos pueden ayudar

Hay otro problema: quizá no seamos quienes mejor pueden evaluar nuestra propia audición.

"Al cerebro le gusta a lo que está acostumbrado. Muchas veces, las personas se ponen un dispositivo de amplificación y lo ajustan para que se sienta cómodo y suene normal, y para ellas el sonido normal no es escuchar todos los sonidos que tienen a su disposición", aclaró Shoup. "Les resulta difícil saber qué tipo de dificultades de audición mejorarán con este dispositivo de venta libre".

La FDA reconoce problemas como éstos, y declaró hace poco a CBS MoneyWatch que ha estado "trabajando con diligencia" para crear la propuesta de nuevas normas.

"Publicar la propuesta de normas es una alta prioridad para la FDA, y la agencia está comprometida a garantizar que se implementen protecciones adecuadas para asegurar que los audífonos de venta libre sean una opción segura y efectiva para los clientes", señaló la FDA en una declaración.

Shoup y Lanter dijeron que su mayor preocupación es que el consumidor no obtenga un alivio inmediato con un dispositivo de venta libre, y se resigne a una audición inferior en lugar de buscar ayuda profesional.

"Si una persona elige probar un dispositivo de venta libre, debe recordar que si no parece que satisfaga sus necesidades, podría de cualquier forma beneficiarse de la orientación de un audiólogo para el diagnóstico", dijo Shoup.

Las personas incluso podrían llevar su dispositivo de venta libre a un audiólogo para que lo ajuste, o hablar por adelantado con un profesional para ver si este tipo de dispositivo sería una alternativa razonable, aconsejó Lanter.

"La mejor situación sería que un profesional de la atención auditiva evalúe su audición, independientemente de todo. Entonces, podrá ver cuáles son los resultados reales", observó. "Resuelve el misterio de si esta dirección es o no la adecuada para usted".

Más información

Los Institutos Nacionales de la Salud de EE. UU. ofrece más información sobre los audífonos de venta libre.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

FUENTES: Angela Shoup, PhD, president, American Academy of Audiology; Hope Lanter, AuD, lead audiologist, Hear.com, CBS Money Watch

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