La COVID-19 implica un mayor riesgo de ACV que la gripe

La COVID-19 implica un mayor riesgo de ACV que la gripe

Tanto la gripe como la COVID-19 pueden aumentar el riesgo de accidente cerebrovascular (ACV), pero las probabilidades parecen ser ocho veces mayores con el coronavirus, encuentra un estudio reciente.

Entre más de 1,900 pacientes con COVID-19, un 1.6 por ciento sufrieron un ACV, frente a un 0.2 por ciento de casi 1,500 pacientes enfermos de gravedad con la gripe, encontraron los investigadores.

"Los médicos y los profesionales que atienden a los pacientes infectados con la COVID-19 deben estar atentos a las señales y síntomas del ACV, porque un diagnóstico rápido podría permitir un tratamiento efectivo del accidente cerebrovascular", planteó el investigador, el Dr. Neal Parikh, profesor asistente de neurología y neurociencia de Weill Cornell Medicine, en la ciudad de Nueva York.

"Básicamente, nuestros resultados respaldan la idea de que la infección con la COVID-19 es más grave que la infección con la influenza", añadió Parikh.

En el estudio, Parikh y sus colaboradores compararon la incidencia de ACV entre los pacientes con COVID y los pacientes con influenza en dos hospitales de la ciudad de Nueva York. Los pacientes con coronavirus fueron evaluados del 4 de marzo al 2 de mayo, mientras que los investigadores analizaron datos de la gripe del 1 de enero de 2016 al 31 de mayo de 2018.

A dos neurólogos que revisaron los hallazgos no les sorprendió que la COVID se vinculara con el accidente cerebrovascular.

"Las infecciones y otras afecciones inflamatorias son factores de riesgo establecidos del ACV, así que no resulta sorprendente que los pacientes con la enfermedad de la COVID-19 pudieran sufrir un ACV como una complicación de la infección", comentó el Dr. Larry Goldstein, profesor y catedrático de neurología de la Universidad de Kentucky.

La enfermedad de la COVID-19 también se ha asociado con coágulos sanguíneos, lo que podría aumentar el riesgo de ACV, apuntó.

El Dr. Salman Azhar es director de ACV del Hospital Lenox Hill, en la ciudad de Nueva York. Comentó que "este virus tiene una predilección por provocar algún nivel de coagulación, y creemos que quizá se deba a que aumenta la inflamación en el cuerpo".

Azhar explicó que la COVID-19 ataca a las células que revisten a los vasos sanguíneos, que es un motivo del aumento en el riesgo de unos coágulos sanguíneos que conducen a un ACV. Además, el virus aumenta la producción de los factores coagulantes, dijo.

Los anticuerpos también tienen un rol en el desarrollo del ACV, apuntó Azhar.

"Hay anticuerpos que conocemos hace mucho tiempo, que no tienen nada que ver con el virus, pero sabemos que aumentan el riesgo de las personas de sufrir ACV y otros coágulos de los vasos sanguíneos, y observamos una mayor incidencia de ellos en los pacientes con COVID-19", dijo Azhar.

Debido a estos riesgos, en los pacientes con COVID-19 se monitorizan las señales de coagulación. En general, "a todos los pacientes con COVID-19 se les administran anticoagulantes de bajo nivel para intentar prevenir los coágulos", apuntó Azhar.

"A los pacientes que tienen coágulos se les administran unas dosis más altas de anticoagulantes para evitar que sufran coágulos que puedan dañar a los órganos vitales", observó.

Los pacientes tanto jóvenes como mayores con COVID-19 pueden desarrollar coágulos, y los más enfermos tiene el mayor riesgo, advirtió Azhar.

En algunos pacientes, un ACV podría ser la primera señal de la COVID-19. En este estudio, más de una cuarta parte de los pacientes acudieron a la sala de emergencias debido a un ACV, y fueron diagnosticados luego con el coronavirus.

Por suerte, solo un pequeño porcentaje de los pacientes con COVID-19 sufren ACV, dijo Azhar. De los 1,916 pacientes que tenían el virus en el estudio, 31 sufrieron un accidente cerebrovascular. Pero la discapacidad tras un ACV puede ser un efecto duradero del virus, advirtió.

No todas las partes del país han experimentado el mismo riesgo de ACV en los pacientes con COVID que se reportaron en Nueva York, dijo Goldstein, que ejerce en Lexington, Kentucky.

"Todavía no hemos tenido un solo paciente con ambas afecciones, aunque el número con COVID-19 en nuestra área es, por suerte, mucho más bajo que en Nueva York", anotó. "De cualquier forma, la enfermedad con la COVID-19 se asocia de forma clara con una propensión a la formación de coágulos sanguíneos, y el ACV se debe considerar como una complicación potencial".

El informe se publicó en la edición en línea del 2 de junio de la revista JAMA Neurology.

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