Otro medicamento para el Alzheimer fracasa: ¿qué hace que esta enfermedad sea tan difícil de combatir?

Otro medicamento para el Alzheimer fracasa: ¿qué hace que esta enfermedad sea tan difícil de combatir?

JUEVES, 25 de enero de 2018 (HealthDay News) -- Una mayor cantidad de fármacos experimentales no logran evitar que el Alzheimer destruya la memoria humana, y los expertos se preguntan ahora si la investigación sobre la devastadora enfermedad cerebral se ha encaminado en la dirección errónea.

En las últimas semanas, se han reportado un par de decepciones de alto perfil, incluyendo uno que se acaba de anunciar en un ensayo del medicamento de Eli Lily solanezumab.

Ahora, los científicos intentan averiguar qué podría haberse pasado por alto en la búsqueda de una cura para el Alzheimer.

¿Ocurrieron errores en los ensayos clínicos de estos medicamentos, creando el fracaso de las terapias potencialmente promisorias? ¿O ha habido un malentendido fundamental sobre la compleja naturaleza de la enfermedad de Alzheimer?

Hasta ahora, la investigación se ha enfocado sobre todo en el tratamiento o la prevención del Alzheimer al atacar las aglomeraciones de proteína beta amiloidea que se forman en los cerebros de los pacientes, bloqueando potencialmente las señales entre las sinapsis del cerebro. Las placas de amiloidea son una de las características de la enfermedad.

"La hipótesis predominante durante muchos años ha sido la hipótesis de la amiloidea, la idea de que si se puede detener, ralentizar o limpiar la formación de las placas amiloideas en el cerebro se podrá tratar la enfermedad y observar mejoras marcadas en la cognición", comentó James Hendrix, director de iniciativas científicas globales de la Asociación del Alzheimer (Alzheimer's Association). "Hasta ahora, eso no ha funcionado".

El solanezumab se vincula con la beta amiloidea, y buscaba ayudar al cuerpo a eliminar la proteína del cerebro antes de que pudiera formar las placas nocivas.

Pero el medicamento no logró ralentizar significativamente los declives en el pensamiento, reportaron los investigadores de la Universidad de Columbia en la edición del 25 de enero de la revista New England Journal of Medicine.

Esos resultados llegan poco después de un trío de ensayos fracasados del fármaco idalopirdina, que buscaba ayudar a tratar el Alzheimer al fomentar la producción de serotonina y otras sustancias cerebrales esenciales. Un equipo de investigadores reportó en la revista Journal of the American Medical Association a principios de mes que el medicamento no logró mejorar el pensamiento ni la memoria en los pacientes de Alzheimer.

¿Las placas amiloideas son el objetivo erróneo?

En la última década, la investigación sobre el Alzheimer se ha enfocado en las placas amiloideas debido a una necesidad económica, explicó Hendrix.

"Hace diez años, había muy poca financiación para la enfermedad de Alzheimer", dijo Hendrix. "Cuando no hay muchos fondos, uno tiende a optar por el método más obvio, y eso era la amiloidea".

Pero una dificultad temprana quizá haya hecho tropezar a muchos de los ensayos clínicos a largo plazo que ahora están dando frutos, planteó el Dr. Donald Petersen, director del Centro de Investigación sobre la Enfermedad de Alzheimer de la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota.

En ese entonces, no había forma de decir si una persona diagnosticada con Alzheimer en realidad tenía placas de beta amiloidea en el cerebro. Esas placas solo podían observarse en una autopsia.

Ahora, los científicos pueden observar la amiloidea en el cerebro gracias a la TEP, una técnica de imagen que observa los procesos metabólicos del cuerpo. Como resultado, los científicos se han enterado que más o menos un tercio de las personas que parecen tener la enfermedad de Alzheimer no tienen unos niveles altos de amiloidea en el cerebro, señaló Hendrix.

"Si un 30 por ciento de las personas en un ensayo clínico contra la amiloidea no tienen amiloidea en el cerebro, desde el principio mismo es probable que el ensayo fracase, porque un 30 por ciento de las personas no responderán al agente terapéutico", apuntó.

La suposición básica de que eliminar la amiloidea conducirá de forma automática a una mejora en los pacientes de Alzheimer debe reevaluarse, dijo Michael Murphy, profesor asociado en el Centro sobre el Envejecimiento Sanders-Brown de la Universidad de Kentucky.

Aunque las evidencias genéticas sobre el hecho de que la amiloidea fomenta la enfermedad han sido convincentes, eso no significa que eliminar la proteína de las personas que ya sean víctimas del Alzheimer les vaya a ayudar, indicó Murphy.

"De verdad creo que sería más justo pensar que lo que sucede es que la patología de la amiloidea es más como un desencadenante de la enfermedad", dijo.

"Una vez eso comienza, se puede pensar en ello casi como en un tren. Cuando arranca, pararlo es muy difícil", enfatizó Murphy. "Quizá se haya eliminado el desencadenante, pero aunque se haya eliminado el desencadenante no se ha lidiado con las consecuencias de los eventos que han puesto en marcha".

Otros factores que inciden en el Alzheimer

Los cerebros de las personas mayores son vulnerables a otros problemas del envejecimiento que se sabe que contribuyen al Alzheimer y a la demencia, como el colesterol alto y la presión arterial elevada, dijo Murphy.

Así que los investigadores han comenzado a pensar que cualquier tratamiento exitoso para el Alzheimer se parecerá a la "cura" que reciben los pacientes del VIH: un régimen en varios frentes de medicamentos y de estilo de vida que mantiene la enfermedad a raya.

"Creo que de aquí a entre cinco y ocho años, si hay alguien que tiene un poco de problemas de la memoria a los 75 años, se realizará una serie de pruebas de biomarcadores para ver qué contribuye a su declive", planteó Petersen. "Entonces se desarrollan terapias que se dirijan a esos componentes individuales".

La financiación para la investigación sobre el Alzheimer ha mejorado en la última década, así que ahora hay dinero disponible para abordar una variedad de factores que probablemente contribuyan a la enfermedad, dijo Hendrix.

Por ejemplo, otra característica del Alzheimer son los nudos de la proteína Tau, que también aparecen en los cerebros de los jugadores de fútbol americano con encefalopatía traumática crónica (ETC), anotó Hendrix.

"Una cosa interesante que estamos aprendiendo de las imágenes de la Tau con la TEP es que la Tau aparece en un momento muy cercano a cuando ocurren los síntomas. Eso también hace que sea un objetivo atractivo para los medicamentos", dijo Hendrix.

La inflamación de las neuronas también tiene un rol en el Alzheimer, lo que conduce a algunos investigadores a estudiarla, dijo.

Y otros investigan la forma en que el cerebro usa la energía.

"El cerebro es más o menos un 3 por ciento de nuestro peso corporal, pero utiliza alrededor de un 23 por ciento de la energía de nuestro cuerpo", explicó Hendrix. "Si el cerebro no procesa la energía con eficiencia, se podría razonar que comenzamos a declinar. Si podemos manipular la forma en que nuestros cerebros procesan la energía, entonces quizá podamos tener un impacto en la enfermedad".

"Si logramos retrasar el reloj de la enfermedad de Alzheimer y ralentizarlo lo suficiente como para morir de otra cosa con nuestras memorias intactas, eso me parece una cura", añadió.

Más información

Para más información sobre la enfermedad de Alzheimer, visite la Asociación del Alzheimer.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

© Derechos de autor 2018, HealthDay

logo

Comparte tu opinión