Muchos niños separados de sus familias en la frontera de EE. UU. sufren un TEPT

MIÉRCOLES, 24 de noviembre de 2021 (HealthDay News) -- Los padres y los niños que fueron separados bajo la política de inmigración de "tolerancia cero" de la administración de Trump han mostrado un trauma psicológico duradero, incluso tras reunirse, encuentra un estudio reciente.

Entre 2017 y 2018, más de 5,000 niños fueron separados de sus padres en la frontera entre EE. UU. y México bajo la política, que buscaba disuadir a los solicitantes de asilo.

Muchos niños separados de sus familias en la frontera de EE. UU. sufren un TEPT

Los grupos de derechos humanos y los expertos médicos denunciaron que la práctica era inhumana, y la Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics) la llamó "abuso infantil sancionado por el gobierno". Al final, los tribunales la anularon.

Pero ese no fue el final de la historia. Hasta agosto, más de 1,800 niños seguían separados de sus padres, según un grupo de trabajo establecido por la administración de Biden. Y el gobierno federal de EE. UU. está ahora en negociaciones sobre cómo compensar a las familias.

Ahora, el nuevo estudio ofrece una instantánea de las secuelas de salud mental de la política.

Los investigadores encontraron que, entre 25 familias separadas en la frontera, casi todos los padres y los niños cumplían con los criterios de un diagnóstico psiquiátrico, aunque habían sido reunidos.

El trastorno por estrés postraumático (TEPT), la depresión mayor y los trastornos de ansiedad (lo que incluye la ansiedad de separación en algunos niños) se encontraron entre los diagnósticos que recibieron.

Las familias habían experimentado un "trauma complejo", señaló la investigadora, la Dra. Ranit Mishori, asesora médica sénior de Physicians for Human Rights (PHR), una organización sin fines de lucro.

Muchos fueron víctimas de la persecución de las bandas en su país de origen, y huyeron debido a la violencia y las amenazas de violencia. Una vez llegaron a la frontera de EE. UU. tras un horroroso viaje, fueron confinados en un centro de detención.

Y cuando fueron separados de sus hijos, a los padres en general no les dieron ninguna información sobre dónde iban a llevarlos o cómo iban a reunirlos.

Entonces, quizá no parezca sorprendente que haya consecuencias psicológicas. Pero ha habido pocos datos sólidos sobre estas familias. Mishori dijo que esto se debe a que, para los investigadores, acceder a esta población es difícil.

Los hallazgos aparecen en la edición del 24 de noviembre de la revista PLOS ONE.

"Es un estudio muy importante", aseguró el Dr. Alan Shapiro, director médico sénior del programa de pediatría comunitaria del Hospital Pediátrico Montefiore, en la ciudad de Nueva York. "Es extremadamente importante que los legisladores comprendan las consecuencias de estas acciones".

Shapiro, que no participó en la investigación, es cofundador de Terra Firma, un programa con sede en Montefiore que provee atención de la salud y servicios legales a los niños y familias de inmigrantes.

Como muestra este estudio, apuntó Shapiro, el trauma de la separación no desaparece cuando las familias se reúnen.

"El recuerdo del miedo no desaparece por arte de magia", enfatizó. Y la reunión en sí quizá no sea un proceso exento de problemas, anotó Shapiro. Los niños pueden estar enojados, y los padres sentirse llenos de culpa.

Mishori dijo lo mismo, y anotó que si los niños son muy pequeños y la separación fue larga, quizá ni recuerden a sus padres.

¿Cuánto tiempo tarda la recuperación? Varía y depende de muchos factores, dijo Mishori. Pero años de investigación sobre las experiencias infantiles adversas muestran que los efectos de salud mental pueden ser duraderos.

En este grupo de estudio se encontraron ciertas señales de esto.

"Un chico de 8 años seguía teniendo pesadillas dos años después de ser reunido con sus padres", comentó la coinvestigadora, Kathryn Hampton, subdirectora del Programa de Asilo de PHR.

Comentó que la política de tolerancia cero y sus secuelas "de verdad deberían hacer que observemos cómo se implementan nuestras políticas de inmigración. ¿Cómo llegamos a esto, y cómo evitamos que suceda de nuevo?".

Shapiro se mostró de acuerdo. "Son familias que huyen de sus países de origen para salvar sus vidas. Nunca deberíamos tener una política de tolerancia cero de nuevo".

Los hallazgos más recientes se basan en los expedientes de 31 padres e hijos que fueron separados en la frontera entre EE. UU. y México. Todos habían sido remitidos a una evaluación de la salud mental relacionada con un caso legal, lo que incluye las solicitudes de asilo, apelaciones o demandas por los daños relacionados con la separación familiar.

Mishori, Hampton y sus colaboradores examinaron las narrativas detalladas escritas por los profesionales de la atención de la salud que realizaron las evaluaciones.

En general, encontraron que 16 de 19 adultos y los 12 niños cumplían los criterios diagnósticos del TEPT, la depresión o un trastorno de ansiedad. Muchos tenían más de un diagnóstico.

Según Shapiro, las familias como esta necesitan acceso a una atención de la salud mental "orientada al trauma". Pero encontrar y pagar esta atención es un gran problema.

"Incluso para los ciudadanos de EE. UU., acceder a los servicios de salud mental con frecuencia resulta difícil", anotó Mishori.

Añadió que los efectos de salud mental duraderos de la separación se deben tomar en cuenta al pensar en llegar a un acuerdo con las familias afectadas.

Más información

La Organización Mundial de la Salud ofrece más información sobre la salud de los refugiados.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

FUENTES: Ranit Mishori, MD, senior medical advisor, Physicians for Human Rights, New York City; Kathryn Hampton, MSt, MA, deputy director, Asylum Program, Physicians for Human Rights; Alan J. Shapiro, MD, senior medical director, community pediatrics program, and co-founder, medical director, Terra Firma, Children's Hospital at Montefiore, assistant professor, pediatrics, Albert Einstein College of Medicine, New York City; PLOS One, Nov. 24, 2021, online

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