Las probabilidades de suicidio de un adolescente podrían triplicarse en la cárcel, según un estudio

Las probabilidades de suicidio de un adolescente podrían triplicarse en la cárcel, según un estudio

JUEVES, 24 de enero de 2019 (HealthDay News) -- Los jóvenes encarcelados en prisiones para adultos, con frecuencia mientras esperan un juicio o una sentencia, tienen un riesgo alto de suicidio, y el sistema de prisiones hace poco por parar esta situación, advierte un estudio reciente.

El suicidio explica alrededor de 1 de cada 5 muertes entre los niños y adultos jóvenes estadounidenses. Pero las tasas de suicidio de los jóvenes encarcelados fueron entre dos y tres veces más altas de 2000 a 2014, reportaron los investigadores.

Estar encarcelado puede ser un potente desencadenante para alguien que ya ha pensado en acabar con su propia vida, según Jonathan Singer, secretario de la Asociación Americana de Suicidiología (American Association of Suicidology).

"Si alguien está pensando 'he metido la pata. No tengo futuro, he decepcionado a todos. No tengo esperanzas', y está esperando una sentencia, entonces es muy fácil, sin algún tipo de intervención, que elija esa opción", señaló.

Algunos jóvenes encarcelados podrían simplemente creer que "la vida será incluso peor, así que mejor acabar ahora", dijo Singer.

Las tasas de suicidio entre los delincuentes menores de 25 años en las cárceles de adultos conformaron un 53 por ciento de las muertes en ese grupo de edad, cinco veces más que los jóvenes que no están en la cárcel, según los investigadores.

La mayoría murieron por ahorcamiento o asfixia, y la mayoría de las víctimas estaban en cárceles de adultos esperando un juicio o una sentencia, encontró el estudio.

Pocas víctimas de suicidio encarceladas señalan su intención o dejan una nota, y los expertos apuntaron que el personal de prisiones no está entrenado para reconocer las señales de advertencia del suicidio ni para saber cuándo intervenir.

"Nuestros hallazgos respaldan la necesidad de mejorar la evaluación del riesgo de suicidio, la planificación para la seguridad, y las intervenciones de prevención del suicidio relevantes para la etapa del desarrollo, ajustadas al ámbito carcelario", planteó el investigador principal, Jeff Bridge.

Bridge es director del Centro de Prevención e Investigación del Suicidio en el Hospital Pediátrico Nacional de Columbus, Ohio.

Los factores de riesgo clave incluyen intentos anteriores de suicidio, los antecedentes de problemas de salud mental, así como el abuso del alcohol y de las drogas, dijo Bridge.

Pero la vida en la cárcel magnifica el riesgo, encontraron los investigadores. Por ejemplo, el ambiente carcelario hace que sea menos probable que los presos jóvenes hablen sobre sus sentimientos de estrés.

Apenas un 19 por ciento de los adolescentes y adultos jóvenes que fallecen por suicidio en la cárcel dan señales de su intención, en comparación con un 30 por ciento fuera de la cárcel, encontró el estudio. De forma similar, solo un 23.5 por ciento de las víctimas de suicidio en la cárcel dejan una nota, frente a un 31 por ciento fuera de la cárcel.

Y aunque todos los adolescentes y adultos jóvenes sufren de problemas de salud mental similares, es menos probable que se reconozcan los problemas de los que están en la cárcel, indicó Bridge.

"Los esfuerzos de prevención del suicidio de los jóvenes encarcelados se deben enfocar en una evaluación oportuna y continua del suicidio, y en la planificación de la seguridad", dijo.

Se necesitan programas que aborden las condiciones especiales del encarcelamiento, junto con una mayor atención a la seguridad, enfatizó Bridge. Medidas como quitar los cordones de los zapatos y las sábanas que los prisioneros podrían usar para intentar suicidarse deben ser el estándar para los jóvenes en riesgo, añadió.

En el estudio, Bridge y su equipo revisaron datos de 2003 a 2012 del Sistema Nacional de Reportes de Muertes Violentas sobre más de 200 suicidios entre adolescentes y adultos en la veintena que estaban encarcelados, además de más de 9,900 suicidios de jóvenes que no estaban en la cárcel.

Singer dijo que un problema es que la mayoría de personas que realizan evaluaciones del suicidio en las cárceles no son trabajadores de la salud mental entrenados.

Contar con un profesional de la salud mental para evaluar a un adolescente o adulto joven con problemas podría animarlos a sincerarse sobre sus sentimientos de una manera que no se sincerarían con un empleado de la prisión, comentó.

Además, dijo Singer, los registros de intentos anteriores de suicidio se deberían poner a disposición de las autoridades carcelarias, para que sean conscientes del riesgo elevado. SI un joven tuvo confrontaciones violentas fuera de la prisión, eso podría señalar un mayor riesgo de suicidio, anotó.

Lamentablemente, con frecuencia los carceleros piensan que su rol es encerrar a las personas para proteger al público, de forma que podrían ignorar los problemas de salud mental que tiene un prisionero, apuntó Singer. La actitud de algunos es que "si alguien es una amenaza para la sociedad, cualquier cosa que se haga a sí mismo es mejor para la sociedad".

Las cárceles necesitan la capacidad de evaluar y tratar a los presos en riesgo, concurrieron los expertos.

"Las cárceles deben dar por sentado que una de sus responsabilidades centrales es identificar y responder al riesgo de suicidio", dijo Singer.

El informe aparece en la edición del 23 de enero de la revista Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry.

Más información

El Instituto Nacional de la Salud Mental de EE. UU. ofrece más información sobre el suicidio.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

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