Las prisiones y cárceles de EE. UU. son terreno fértil para la COVID-19

Las prisiones y cárceles de EE. UU. son terreno fértil para la COVID-19

LUNES, 18 de mayo de 2020 (HealthDay News) -- Las cárceles y las prisiones son focos para la propagación de la COVID-19, lo que pone en peligro tanto a los reclusos como a la comunidad en general, advierten expertos en salud pública.

El virus, que es altamente infeccioso, pasa con facilidad de una persona a otra, y las condiciones de las prisiones (hacinamiento con mala ventilación y habitaciones compartidas) hacen que sea incluso más probable que pueda ocurrir un brote de COVID-19, señaló la Dra. Alysse Wurcel, representante de enfermedades infecciosas de la Asociación del Sheriff (Sheriff's Association) de Massachusetts.

"Cuando se encuentra un caso en una cárcel, ya está más bien en todas partes", comentó Wurcel, profesora asistente de medicina comunitaria y salud pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tufts en Boston.

Los expertos señalan que un brote dentro de un establecimiento correccional también es un peligro para la salud pública de las comunidades circundantes.

Los agentes penitenciarios se exponen con regularidad durante un brote entre los reclusos, y podrían potencialmente propagar el virus una vez salgan del trabajo, señaló Wurcel.

Además, los reclusos son apresados y liberados constantemente, lo que crea una puerta giratoria que podría pasar las infecciones fácilmente a la comunidad.

"Son personas que viven entre nosotros. Ellos somos nosotros. Al ignorarlos, ignoramos a nuestra comunidad", comentó la Dra. Sandra Springer, profesora asociada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale. Tanto ella como Wurcel realizaron declaraciones el 12 de mayo en una conferencia de prensa de la Sociedad Americana de Enfermedades Infecciosas (Infectious Diseases Society of America).

Cada año, en Estados Unidos unos 7.3 millones de personas están encarceladas de alguna manera, según un informe publicado el mes pasado en la revista American Journal of Preventive Medicine.

El riesgo de infectar a otros fuera de las paredes es tan grande que algunos han elegido seguir encarcelados, comentó Wurcel.

"He visto a personas que estaban en la cárcel o en prisión que han decidido quedarse y entrar en autocuarentena porque les preocupa ir a casa donde hay un familiar que quizá esté en quimioterapia", comentó. "Deciden pasar ese tiempo adicional en la cárcel o en prisión para no exponer a su seres queridos".

Los reclusos no tienen la capacidad de distanciarse de forma efectiva entre sí, añadió Wurcel. Con frecuencia están encerrados en lugares parecidos a dormitorios con literas, comen en comedores comunitarios, se duchan juntos y salen en grupos para recrearse.

"Si hay un brote en un dormitorio, donde cinco o seis personas son positivas, la pregunta es qué pasa con las otras 80 personas en ese dormitorio, ¿se les separa en lugares específicos?", preguntó Wurcel.

Las duchas comunitarias pueden hacer que unas gotitas llenas de coronavirus floten en el aire, lo que aumenta el riesgo de infección, observó Wurcel. Los comedores con frecuencia obligan a que durante las comidas se amontonen de cerca.

Más allá del hacinamiento, con frecuencia los reclusos no pueden practicar una higiene protectora debido a las normas de la prisión, anotaron Springer y Wurcel.

Algunas cárceles y prisiones no ofrecen jabón, desinfectante de manos y pañuelos desechables, sino que requieren que los reclusos compren los suministros necesarios para prevenir la propagación personal de gérmenes, advirtieron los expertos.

Los establecimientos correccionales también distribuyen la ropa y la ropa de cama frescas con frugalidad, anotó el artículo de la revista. Los virus pueden propagarse mejor si se aferran a las telas sucias y se transmiten mediante el contacto.

"En la era de esta pandemia, espero que estas políticas puedan replantearse para dar a todo el mundo que esté en la cárcel acceso a jabón gratis", dijo Wurcel.

Las autoridades penitenciarias quizá no puedan detectar un brote rápidamente porque los reclusos son renuentes a reportar sus enfermedades, añadieron Wurcel y Springer.

"A veces, las personas que tienen síntomas en la cárcel, debido a la desconfianza que sienten del sistema médico, son renuentes a identificar y hablar sobre sus síntomas, por el miedo a que las pongan en aislamiento, lo que les quita incluso más de los limitados privilegios que tienen", dijo Wurcel. "De muchas formas, hay un desincentivo para que las personas encarceladas identifiquen cuando tienen síntomas, lo que es de verdad la clave para encontrar y contener una epidemia, encontrar a las personas que presentan síntomas".

Más de medio millón de funcionarios penitenciarios trabajan en las instalaciones de EE. UU., y su salud está en riesgo ante cualquier brote que ocurra en su cárcel o prisión, advirtieron los expertos.

"Las personas que trabajan en cárceles y prisiones son trabajadores esenciales que, lamentablemente, con frecuencia no se incluyen en la conversación", dijo Wurcel.

Los establecimientos correccionales necesitan el mismo tipo de equipo de protección que usan los trabajadores de la atención de la salud (máscaras y guantes quirúrgicos), pero encontrar un suministro constante puede resultar difícil hoy en día, dijo Wurcel.

"Recomendaríamos que todo el mundo use máscaras", observó Springer.

Las autoridades penitenciarias han probado distintas estrategias para reducir el riesgo de infección en sus instituciones, apuntaron Springer y Wurcel. Éstas incluyen:

  • Liberar a los reclusos mayores o crónicamente enfermos, tanto para reducir el riesgo de COVID-19 como para liberar espacio para el distanciamiento social dentro de las prisiones.
  • Desinfectar los teléfonos con regularidad.
  • Limitar el número de personas que se duchan o van al patio a la vez.
  • Instituir una recreación al aire libre más frecuente, dado que para el virus propagarse al aire libre es más difícil.
  • Evaluar las señales de la infección con la COVID-19 en todos los reclusos entrantes.

"En realidad no hay una solución universal", comentó Wurcel respecto a estas iniciativas. "Cada cárcel, cada prisión, tiene una estructura específica, y las cosas tienen que ser específicas para esa cárcel".

Las comunidades circundantes también pueden ayudar a reducir la propagación de la COVID-19 de cárcel al asegurarse de que los reclusos liberados tengan un lugar en el que quedarse y acceso a la atención de la salud, añadió Springer.

"Debemos recordar que solo somos tan sanos como los más enfermos de nosotros", enfatizó Springer.

Más información

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. ofrecen más información sobre la COVID-19.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

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