La COVID provoca un aumento en las muertes excesivas en EE. UU.

La COVID provoca un aumento en las muertes excesivas en EE. UU.
| Foto: HEALTHDAY

Dos nuevos estudios afirman que la respuesta de EE. UU. a la pandemia de la COVID-19 ha sido un desastre, al provocar más muertes de lo que se pensaba y prolongar el sufrimiento de los estadounidenses más que el de ningún otro país.

Estados Unidos experimentó un aumento del 20 por ciento respecto a las muertes previstas entre marzo y agosto de 2020, y más de 225,000 personas murieron de forma innecesaria, señaló el investigador principal del primer estudio, el Dr. Steven Woolf, director del Centro de Sociedad y Salud de la Universidad Estatal de Virginia, en Richmond.

Todas esas muertes adicionales pueden atribuirse a la pandemia de la COVID-19 y a la respuesta inadecuada de EE. UU., lamentó Woolf.

Según el Dr. Amesh Adalja, experto sénior del Centro de Seguridad de la Salud Johns Hopkins, en Baltimore, "la investigación sobre la mortalidad excesiva por la COVID-19 de verdad subraya lo que muchos hemos visto a diario. Esta pandemia fue trascendental para este país, y las reverberaciones de la pandemia se sintieron en todos sitios, y llegaron incluso a los que nunca se infectaron con el virus".

Como resultado, Estados Unidos es el primero de los países desarrollado en el número de ciudadanos per cápita que han fallecido debido a la COVID-19.

Y lo que es peor, la pandemia de EE. UU. siguió a lo largo del verano, mientras que otros países lograron controlar al nuevo coronavirus, informa el segundo estudio.

Entre mayo y septiembre, Estados Unidos experimentó más de 31 muertes adicionales por cada 100,000 personas, encontraron el Dr. Ezekiel Emanuel, de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia, y su colaborador.

En comparación, otros países donde se han perdido muchas vidas por la COVID-19 (España, Reino Unido, Bélgica, Francia, Suecia) han tenido unas tasas mucho más bajas de muertes adicionales debidas a la pandemia este verano, ya que adoptaron tácticas para frenar la transmisión del virus.

Por ejemplo, Suecia tuvo unas 15 muertes adicionales por cada 100,000, la mitad que Estados Unidos, y Reino Unido tuvo unas 14 muertes adicionales por cada 100,000.

"Sabíamos que era malo. Pero en realidad fue incluso peor", lamentó el Dr. Harvey Fineberg, presidente de la Gordon and Betty Moore Foundation en Palo Alto, California.

Los dos nuevos estudios, y un editorial de Fineberg, se publicaron en la edición en línea del 12 de octubre de la revista Journal of the American Medical Association.

El aumento de un 20 por ciento en las muertes de EE. UU. se relacionó del todo con la pandemia, pero no todas fueron provocadas por el virus, dijo Woolf. La COVID-19 fue la causa documentada en solo un 67 por ciento de esos casos.

"El cálculo sobre las muertes adicionales muestra que por cada dos estadounidenses que sabemos que muere por la COVID-19, un estadounidense adicional muere de otras causas, aparte de la COVID-19", señaló Woolf.

Las otras muertes relacionadas con la pandemia se debieron a:

  • Las personas que no recibieron atención en situaciones de emergencia, por ejemplo, "el paciente con dolor de pecho que tuvo miedo de llamar al 911 porque no quería contraer el virus, y murió de un ataque cardiaco", apuntó Woolf.
  • Los pacientes que fallecieron por afecciones crónicas, como la diabetes, el cáncer y los problemas cardiacos, porque no tuvieron acceso a la atención médica que los ayudaba a controlar sus problemas de la salud.
  • Las personas que sufren de ansiedad, depresión o estrés relacionados con la pandemia, que murieron por el suicidio o de una sobredosis accidental.

"La epidemia de opioides no ha desaparecido", comentó Woolf. "Las personas estresadas que intentaban afrontar la tensión de esta pandemia podrían haber tomado una sobredosis de fármacos y perdido la vida. Sospechamos que algunas de estas muertes adicionales se deben a estas distintas causas".

También es probable que al menos algunas de esas muertes adicionales sin explicación en realidad se deban a infecciones con la COVID-19 que no se detectaron, añadió Woolf.

Woolf y su equipo también encontraron que la lucha de EE. UU. contra la COVID-19 se vio complicada por las decisiones de algunos estados de salir del confinamiento de forma prematura, sin un buen plan para controlar la transmisión del virus.

"Las curvas de los estados como Florida, Texas, Arizona y otros que eligieron reabrir pronto, por ejemplo en abril o principios de mayo, tienen un aspecto muy distinto", dijo Woolf. "Se observa un patrón de unas muertes adicionales que al principio aumentan con lentitud y que luego se disparan en verano. Esto alargó su pandemia".

De forma comparativa, en los estados de EE. UU. que fueron los más afectados al principio (como Nueva York y Nueva Jersey) hubo un aumento a mediados de abril y entonces una reducción rápida "porque hicieron un muy buen trabajo al controlar la propagación comunitaria", aseguró Woolf.

En combinación con la comparación global del segundo estudio, "en conjunto [los estudios] dicen algo muy importante", enfatizó Woolf.

Otros países han tomado medidas efectivas para controlar la pandemia, como unas prohibiciones abarcadoras de los viajes, la producción de equipo de protección personal (EPP), el acceso a las pruebas y un trabajo de salud pública, como el rastreo de contactos.

"Se encuentra que EE. UU. se tambaleó de una forma más bien dramática en cada una de esas medidas", advirtió Woolf.

Apuntó a la prohibición temprana de los viajes que el Presidente Donald Trump con frecuencia cita como prueba de que su administración respondió a la pandemia de manera efectiva.

La prohibición solo aplicó a los ciudadanos chinos, mientras que otros países "de verdad paralizaron las entradas al país de una forma que EE. UU. no hizo", dijo Woolf.

"Los ciudadanos de EE. UU. seguían llegando en avión desde China, pero algo más importante es que el virus llegaba de Europa, y no se impuso una prohibición hasta marzo", apuntó Woolf. "Esos tipos de fallas en nuestra respuesta han llevado a que EE. UU. acabe con una tasa de mortalidad que supera a la de esos otros países".

Adalja se mostró de acuerdo.

"También es importante recordar que no teníamos por qué tener esta trayectoria con la pandemia", comentó Adalja. "Hubo medidas claras que pudimos haber tomado en enero, febrero y marzo, pero no las tomamos, y todavía no las estamos tomando".

Estados Unidos no modificó su capacidad industrial para apoyar el esfuerzo de desarrollar una estrategia de pruebas, anotó Adalja.

Estados Unidos "tampoco fortaleció nuestra infraestructura de salud pública, a pesar del hecho de que sabíamos que el virus llegaría y que sería una carga inmensa para los investigadores de casos y los rastreadores de contactos", añadió. "Tampoco hubo un esfuerzo por aumentar [el equipo de protección personal] hasta que ya fue demasiado tarde. Imagínese si hubiéramos comenzado a pensar en el EPP en enero, y a hacer compras estratégicas en ese momento para aumentar las existencias".

Todo esto ha llevado a una abrumadora pérdida de vidas que, no por casualidad, ha asolado a la economía de EE. UU., observó Fineberg.

"Las consecuencias económicas de esta pandemia son impresionantes", dijo. "Estiman que, básicamente, ha acabado con casi todo un año de la productividad de todo el país, en su estimado con un costo de 16 billones de dólares. Esto incluye tanto costos de salud directos como otros costos para la economía".

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