EE. UU. ¿también hay una pandemia de depresión?

EE. UU. ¿también hay una pandemia de depresión?

A medida que la pandemia del coronavirus ha avanzado por EE. UU., lo mismo ha sucedido con una pandemia de depresión, muestra un estudio reciente.

Desde el inicio de la pandemia, la prevalencia de los síntomas de depresión se ha multiplicado más o menos por tres, y las personas pobres que perdieron sus empleos y ahorros son las más afectadas, informan los investigadores.

"Las personas con unos ingresos más bajos tenían el doble de probabilidades de sufrir de depresión, y las personas con los mismos ingresos pero que tenían menos ahorros tenían 1.5 veces más probabilidades de sufrir de depresión", señaló la investigadora principal, Catherine Ettman, directora de desarrollo estratégico de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston.

"Los niveles altos de depresión nos sorprendieron", dijo. "Esas tasas fueron más altas que las que vimos en la población general tras otros traumas a gran escala, como el 11 de septiembre y el huracán Katrina".

La pandemia actual no es un solo evento. La COVID conlleva miedo, ansiedad y unas consecuencias económicas dramáticas, en particular entre las personas con menos recursos, apuntó Ettman.

"Esto nos lleva a prestar atención a los problemas de salud mental que están surgiendo en este momento y que necesitarán atención en los próximos meses y años", aseguró.

En el estudio, los investigadores usaron una encuesta de más de 1,400 personas de a partir de 18 años, que completaron la encuesta Impacto de la COVID-19 y los estresores vitales en la salud mental y el bienestar, que se realizó del 31 de marzo al 13 de abril.

Entonces, compararon esos datos con los datos de más de 5,000 personas que participaron en la Encuesta nacional de examen de salud y nutrición de 2017 a 2018.

Desde la pandemia, un 25 por ciento de los encuestados reportaron que tenían una depresión leve, frente a un 16 por ciento antes de la pandemia. Un 15 por ciento tenían una depresión moderada, en comparación con un 6 por ciento antes de la pandemia.

Hubo un 8 por ciento con una depresión moderadamente grave, en comparación con un 2 por ciento antes de la COVID-19, y un 5 por ciento con una depresión grave, en comparación con menos de un 1 por ciento antes de la COVID-19.

El riesgo de síntomas de depresión fue mayor entre las personas con menos de 5,000 dólares de ahorros, encontraron los investigadores.

Ettman cree que, además de un mayor acceso a la atención de la salud mental, se necesitan programas que ayuden a las personas económicamente, para garantizar que tengan los recursos para superar estos tiempos difíciles.

Pueden incluir moratorias de los desalojos, una extensión de la compensación por el desempleo, y un acceso universal a la atención de la salud.

El informe se publicó en la edición en línea del 2 de septiembre de la revista JAMA Network Open.

Un experto que no participó en el estudio cree que las tasas de depresión vinculadas con la COVID-19 podrían ser incluso más altas ahora que en marzo y abril.

"Prevería que es incluso mayor, pero no hay forma de saberlo con certeza", dijo el Dr. Robert Dicker, director asociado de la división de psiquiatría infantil y adolescentes de Northwell Health, en New Hyde Park, Nueva York.

Dicker también piensa que además del estrés de la pandemia, los padres se preocupan sobre mandar a sus hijos a la escuela.

El estrés y la depresión, sobre todo entre aquellos cuya economía se ve más afectada, durarán mucho tiempo, advirtió.

"No creo que estos síntomas vayan a desaparecer pronto. La pandemia está con nosotros, lo desconocido está con nosotros", apuntó Dicker. "La crisis económica y social está con nosotros. Creo que es prematuro prever que serán de corta duración".

Las personas que se sienten deprimidas no deben pasar esos sentimientos por alto, recomendó Dicker.

"Lo primero es ser consciente y honesto con el hecho de que uno quizá tenga una reacción emocional a la COVID", planteó.

"Hable con los familiares, quizá con el médico de atención primaria, tal vez con el clero, para de verdad comprender el grado de los síntomas depresivos", añadió Dicker. "Y entonces, más allá de esto, recibir unas evaluaciones más formales, y quizá abordar la depresión en una psicoterapia individual o grupal".

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