El progreso contra la muerte cardiovascular precoz se está ralentizando

El progreso contra la muerte cardiovascular precoz se está ralentizando

Entre la década de los 60 y la década de los 2010, Estados Unidos experimentó una importante reducción en las muertes relacionadas con la enfermedad cardiaca entre los adultos más jóvenes, que con frecuencia se conoce como muerte cardiaca prematura.

Pero ese declive se ha ralentizado de forma significativa desde 2010, y el riesgo de muerte cardiovascular prematura podría depender del lugar donde uno viva, según un estudio que se publicó el 29 de julio en la revista Journal of the American Heart Association.

Las décadas de progreso, durante las cuales la tasa de mortalidad por la muerte cardiaca prematura entre los adultos de 35 a 74 años se desplomó, "se consideran uno de los logros de salud importantes del siglo XX", señaló en un comunicado de prensa de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association) el autor principal del estudio, Zhi-Jie Zheng.

Pero esos logros quizá se estén desvaneciendo, mostró la nueva investigación.

En el nuevo estudio, el equipo de Zheng analizó datos de múltiples fuentes de cada condado de todo Estados Unidos, que cubrían a casi 1.6 millones de muertes cardiacas prematuras entre 1999 y 2017. Todas las muertes resultaron de la enfermedad cardiaca, y sucedieron en personas de 35 a 74 años.

A pesar de la sorprendente reducción en las muertes cardiacas prematuras antes de 2010, los investigadores descubrieron que el ritmo del declive comenzó a ralentizarse en 2010, y que ciertos condados tenían unas tasas más altas debido a las disparidades sociales.

Algunas poblaciones tenían un riesgo más alto de muerte cardiaca prematura, según el sexo, la edad, la raza/etnia y la riqueza, mostraron los hallazgos.

Los hombres tuvieron el doble de muertes cardiacas prematuras que las mujeres, y las tasas de mortalidad fueron tres veces más altas entre los negros que entre los asiáticos o nativos de las Islas del Pacífico.

Las diferencias en los factores socioeconómicos (como los ingresos, el empleo, la inscripción en la escuela y las tasas de delincuencia) explicaron alrededor de un 20 por ciento de las muertes, y las diferencias demográficas explicaron poco más de un tercio.

"Nuestros hallazgos sugieren una necesidad de cambios en las políticas de atención de la salud, así como programas que puedan identificar a las poblaciones jóvenes con un riesgo alto que tengan una tendencia a la muerte cardiaca prematura, y respaldar una mejor salud cardiaca", señaló Zheng, profesor de la Universidad de Pekín, en Beijing.

Si bien las tasas generales de muerte cardiovascular prematura han seguido en declive desde 2010, a pesar de haberse ralentizado de forma significativa, la proporción de muertes fuera del hospital ha aumentado, comentaron los autores del estudio.

Según el estudio, alrededor de seis de cada 10 de los 1.6 millones de muertes cardiacas prematuras ocurrieron fuera del hospital, y el porcentaje de muertes fuera del hospital aumentó de un 58 por ciento en 1999 a un 61.5 por ciento en 2017.

"Un ataque cardiaco puede ocurrir a cualquier edad, no solo en las personas mayores", dijo Zheng. "El declive más lento en las tasas fuera del hospital es alarmante, y amerita unos esfuerzos orientados con una mayor precisión y sostenidos para integrar las intervenciones del estilo de vida y conductuales que aumentan la salud cardiaca y reducen el riesgo de muerte cardiaca prematura".

Dos especialistas cardiacos que no participaron en el estudio dijeron que la influencia de la raza y la clase en las tasas de mortalidad es clave.

"A medida que la laguna socioeconómica sigue aumentando, los que tienen el mayor riesgo de enfermedad cardiaca también son los más afectados por las disparidades de la salud relacionadas con la atención", advirtió el Dr Satjit Bhusri, cardiólogo del Hospital Lenox Hill, en la ciudad de Nueva York.

El Dr. Guy Mintz es director de salud cardiovascular en el Hospital Sandra Atlas Bass de Northwell Health en Manhasset, Nueva York. Se mostró de acuerdo en que "no es sorprendente que las áreas del país con una gran población desposeída se asocien con una tasa más alta de muerte cardiaca prematura".

La pobreza y los niveles educativos "siempre se han asociado con unos malos resultados en la salud. Si se añade la falta de seguro de salud o de acceso a la atención de la salud, el problema se infla", lamentó Mintz.

Cree que la educación sobre la salud cardiovascular en las comunidades afectadas es esencial. Esta educación "debe comenzar en las guarderías, las escuelas, los programas extraescolares, los clubes deportivos, las iglesias, las reuniones comunitarias, las barberías y los salones", enfatizó Mintz.

Un acceso rápido a la atención de la salud también es clave, agregó.

"El acceso a la atención de la salud debe ser fácil, con citas el mismo día", planteó Mintz. "Los pacientes se pierden en unos laberintos telefónicos, y al final, cuando alguien responde, muchas veces se enfrentan a la indiferencia del personal que programa las citas. Aquí, el mensaje es sencillo: mientras más fácil es el acceso, mayor es el retorno, en términos de la atención del paciente".

Aparte de la genética, "todos los riesgos cardiacos" (como la obesidad, la diabetes, la hipertensión y el colesterol alto) "se pueden modificar y neutralizar", añadió.

"Tenemos que ponernos a trabajar y llevar la lucha contra la enfermedad cardiovascular al frente, a las personas en sus hogares y comunidades", dijo Mintz. "El fracaso no es una opción".

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