El cambio climático acarreará más olas de calor consecutivas

El cambio climático acarreará más olas de calor consecutivas

MIÉRCOLES, 15 de mayo de 2019 (HealthDay News) -- El cambio climático acarreará otro peligro para la salud en los próximos años: una nueva investigación advierte que las olas de calor consecutivas y de días de duración se harán más comunes a medida que el planeta se caliente.

Las personas mayores y los pobres serán los menos preparados para afrontar esta amenaza, anotaron los investigadores. Pero las salas de emergencias de los hospitales y los proveedores de servicios de emergencia también serán vulnerables al caos de salud pública que es probable que esas "olas de calor compuestas" inflijan.

"Consideramos que las olas de calor compuestas son olas de calor múltiples (o posiblemente días individuales de un calor extremo) que ocurren una después de la otra, separadas por pausas breves de temperatura más fresca", explicó la autora del estudio, Jane Wilson Baldwin, asociada postdoctoral de investigación en el Instituto Ambiental de Princeton, en Nueva Jersey.

Un ejemplo, dijo Baldwin, serían cinco días extremadamente calurosos, seguidos por una pausa de un par de días más frescos, y entonces tres días más de calor extremo.

Esas altas temperaturas repetitivas no se confinan a un futuro distante, encontró el estudio. Ya suceden, y actualmente se ha determinado que las olas de calor y las sequías son la causa directa de alrededor de un 20 por ciento de las muertes por desastres naturales en la parte continental de Estados Unidos, más que cualquier otra causa natural individual.

"Pero es probable que esos eventos sean mucho más comunes con el calentamiento global", anotó Baldwin.

"En el clima presente, apenas alrededor de un 10 por ciento de las olas de calor exhiben esas estructuras compuestas. Sin cambios drásticos en las emisiones de carbono, estimamos que en 2050 esa proporción aumentaría a más o menos un 30 por ciento, lo que indica un cambio drástico en el carácter de las olas de calor, y quizá en la forma en que la sociedad debe prepararse para ellas", señaló.

El estudio observó una serie de simulaciones climáticas generadas por el Laboratorio de Dinámicas de los Fluidos Biofísicos de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EE. UU., en conjunto con el Instituto Ambiental Princeton.

Las simulaciones examinaron patrones climáticos, remontándose incluso a 1861 y pronosticando hasta 2100. Usaron dos escenarios posibles sobre las emisiones de dióxido de carbono (CO2): uno con niveles constantes en las cifras de 1990 (que hace mucho que se superaron), y otro en que los niveles de 1990 se duplicaron.

A los niveles de 1990, las olas de calor eran mínimas, equivalente a hasta unos 10 días en verano, con apenas un 10 por ciento de olas de calor compuestas.

Pero en el escenario de la duplicación, se calculó que el número de días con olas de calor al final se multiplicaría por siete, y que las regiones tropicales corren el mayor riesgo. Una cuarta parte de esos días eran ciclos de olas de calor compuestas.

En general, se proyectó que las olas de calor se harían más comunes y durarían más, con menos días de tiempo fresco entre ellas.

Baldwin y sus colaboradores reportaron sus hallazgos en una edición reciente de la revista Earth's Future.

Por ahora, el equipo "no llegó a cuantificar directamente los impactos de esos eventos en los humanos", anotó Baldwin.

Pero unos graves resultados de salud pública son una clara posibilidad. Por ejemplo, una red eléctrica sobrecargada podría conducir a caídas de tensiones y apagones cada vez más frecuentes y duraderos, haciendo que los aires acondicionados sean inútiles, y dejando a una creciente cantidad de personas (en particular personas mayores) sin acceso a un refugio fresco que pueda salvar sus vidas. Esto también podría estar acompañado por una cadena de suministro de comida más incierta, debido al debilitamiento provocado por el calor en los recursos agrícolas y de ganadería, advirtió Baldwin.

Además, en las próximas décadas, es probable que las tendencias proyectadas de olas de calor sean inevitables, señaló.

"El calentamiento global y los cambios en las olas de calor son esencialmente imparables hasta 2050", dijo Baldwin. Y eso significa que la adaptación es esencial, "por ejemplo un mayor uso del aire acondicionado y una mejor ventilación en los edificios; permanecer en lugares con sombra y frescos y beber más agua; [y] que las salas de los hospitales se preparen para unas víctimas de estrés por calor potencialmente más frecuentes".

El problema es que "es probable que esa adaptación sea más bien fácil para los países y las personas ricas, y mucho más difícil para los pobres y para los que tienen alguna otra desventaja socioeconómica, que ya son los que más sufren por las olas de calor en el presente", explicó Baldwin.

Kristie Ebi es directora del Centro de Salud y Medioambiente Global de la Universidad de Washington, en Seattle. Concurrió en que de ahora en adelante "los individuos y las comunidades deben prepararse mejor para gestionar temperaturas fuera del rango de lo que consideran normal".

"Los gases de invernadero de la atmósfera aumentarán el número y la intensidad de las olas de calor en las próximas dos décadas", dijo Ebi.

"Basándose en el número actual de enfermedades y muertes durante las olas de calor, es razonable dar por sentado que las cifras aumentarían si hay más olas de calor compuestas, si no se toman medidas adicionales para aumentar la concienciación y el nivel de preparación", añadió Ebi.

Más información

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. tienen más información sobre los peligros del calor extremo.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

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