¿El aire contaminado podría ayudar a acelerar el Alzheimer?


MARTES, 1 de diciembre de 2020 (HealthDay News) -- Los adultos mayores expuestos a la contaminación atmosférica quizá tengan un riesgo más alto de una acumulación anómala de "placas" en el cerebro, sugiere un estudio reciente.

¿El aire contaminado podría ayudar a acelerar el Alzheimer?

Las placas son aglomeraciones de una proteína llamada beta amiloide, que se acumula en los cerebros de las personas con enfermedad de Alzheimer. En el nuevo estudio, los investigadores encontraron que entre los adultos mayores con problemas de memoria y pensamiento, los expuestos a unos niveles más altos de contaminación atmosférica tenían más probabilidades de mostrar la acumulación de placa en los escáneres cerebrales.

Los hallazgos no prueban que la contaminación atmosférica provoque las placas o la demencia, apuntó el investigador principal Leonardo Iaccarino, miembro postdoctoral del Centro de la Memoria y el Envejecimiento de la Universidad de California, en San Francisco.

Pero los resultados amplían a las investigaciones que sugieren que la contaminación atmosférica es un factor de riesgo de la demencia.

Por ejemplo, un estudio reciente encontró que los estadounidenses mayores que vivían en áreas postales contaminadas tenían unas probabilidades más altas de ser hospitalizados por demencia o enfermedad de Parkinson que las personas que respiraban un aire más limpio.

El nuevo estudio es distinto, ya que observó a la calidad del aire y a su relación con un "biomarcador" del cerebro, aclaró Iaccarino.

Los 18,000 participantes del estudio tenían demencia o un deterioro cognitivo leve (unos problemas con la memoria y el pensamiento que pueden progresar hasta convertirse en demencia). Cada uno se sometió a una TEP para buscar depósitos de beta amiloide en el cerebro.

El equipo de Iaccarino usó datos de la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. para estimar la exposición de las personas a la contaminación atmosférica, tanto en el momento de la TEP como 14 años antes, basándose en sus códigos postales.

En general, un 61 por ciento mostraron aglomeraciones de beta amiloide en los escáneres cerebrales. Y las probabilidades aumentaron junto con la exposición al aire contaminado.

Las personas que vivían en las áreas más contaminadas 14 años antes tenían un 10 por ciento más de probabilidades de presentar evidencias de placas que las que vivían en las áreas menos contaminadas.

¿Por qué? Una pregunta fue si la enfermedad cardiaca o el accidente cerebrovascular (ACV) podrían explicar la conexión. La contaminación atmosférica puede empeorar a esas afecciones, y están vinculadas con el riesgo de demencia.

Pero el equipo de Iaccarino tomó en cuenta los diagnósticos de enfermedad cardiaca y ACV, además de las afecciones respiratorias y neurológicas, los hábitos de tabaquismo, los ingresos familiares y otros factores. Y la exposición al aire contaminado, en sí, siguió siendo un factor de predicción de tener placas de beta amiloide.

Los investigadores del Alzheimer sospechan que las placas comienzan a formarse en el cerebro años antes de que los síntomas de demencia sean aparentes, apuntó Iaccarino. Entonces, los hallazgos actuales vinculan a la contaminación atmosférica con una patología cerebral subyacente de la enfermedad.

Una vez más, esto no prueba causalidad. Pero, basándose en la investigación de laboratorio, dijo Iaccarino, es posible que la contaminación atmosférica afecte de manera directa a la salud del cerebro al provocar inflamación.

Xiao Wu, investigador de la Universidad de Harvard, en Boston, trabajó en un estudio reciente que vinculó a la contaminación atmosférica con las hospitalizaciones por demencia.

Afirmó que los hallazgos son "importantes", porque vinculan a la contaminación atmosférica con la biología que subyace al Alzheimer.

Wu se mostró de acuerdo en que los contaminantes del aire tienen un efecto directo. La investigación sugiere que las partículas microscópicas inhaladas pueden cruzar la barrera hematoencefálica, anotó, y posiblemente conducir a una inflamación sostenida.

En este momento, dijo Wu, la investigación sobre la contaminación atmosférica y la salud del cerebro todavía está en sus primeros días, y queda mucho por aprender.

"Es muy importante que observemos los factores modificables que se relacionan con la demencia y otras afecciones neurológicas", planteó.

Si la contaminación atmosférica sí contribuye al riesgo de Alzheimer, sería solo uno de muchos factores, señaló Iaccarino.

"El Alzheimer es una afección muy compleja", dijo. "La contaminación del aire podría ser un determinante pequeño, pero significativo".

Es significativo, en parte, porque la calidad del aire se puede mejorar.

De hecho, anotó Iaccarino, la Comisión sobre la Demencia de Lancet añadió hace poco a la contaminación atmosférica a su lista de factores de riesgo modificables de la enfermedad. Otros incluyen fumar, la hipertensión, la inactividad física y la lesión cerebral traumática.

Iaccarino también enfatizó que el estudio no observó eventos singulares que contaminaran al aire, como los incendios forestales, sino las exposiciones promedio en la vida diaria al aire contaminado.

Todo sugiere que incluso los niveles de contaminación atmosférica en el rango "normal" se asocian con la beta amiloide en el cerebro, enfatizó.

Un aspecto positivo es que los estadounidenses están viviendo con un aire menos contaminado, en general, que en años anteriores, dijo Iaccarino.

"La calidad del aire de EE. UU. ha mejorado mucho en los últimos 20 años", añadió. "Va en la dirección correcta".

Los hallazgos se publicaron en la edición en línea del 30 de noviembre de la revista JAMA Neurology.

Más información

La Asociación del Alzheimer (Alzheimer's Association) ofrece consejos para mantener sano al cerebro.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com


FUENTES: Leonardo Iaccarino, PhD, postdoctoral fellow, Memory and Aging Center, Weill Institute of Neurosciences, University of California, San Francisco; Xiao Wu, MS, PhD, researcher, biostatistics, Harvard T.H. Chan School of Public Health, Boston; JAMA Neurology, Nov. 30, 2020, online

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