Los "centros de inyección segura" pueden salvar vidas

Los "centros de inyección segura" pueden salvar vidas

Los centros de inyección segura para los usuarios de drogas ilícitas, como la heroína, se han probado y legalizado en países como Canadá y los Países Bajos, y un nuevo estudio sugiere que también podrían salvar vidas de estadounidenses.

En el estudio, que se publicó en la edición en línea del 8 de julio de la revista New England Journal of Medicine, los investigadores analizaron cinco años de datos (de 2014 a 2019) de un centro de consumo seguro de drogas no autorizado en Estados Unidos. Su ubicación no se reveló, por motivos de privacidad.

En el centro, las personas pueden inyectarse drogas ilícitas, como la heroína, bajo la supervisión de un personal que está entrenado para proveer consejería e intervenciones ante sobredosis de drogas, y también para ponerse en contacto con los servicios médicos de emergencia, si es necesario.

Las personas que acuden a los centros de uso seguro de drogas tenían que recibir una invitación, tener a partir de 18 años, tener antecedentes de uso de drogas ilícitas y acudir al centro con sus propias drogas.

Una vez estaban allí, se les proveían jeringuillas y equipo de inyección estériles, y un miembro del personal les ayudaba con la inyección, si lo solicitaban.

Durante el periodo del estudio, se realizaron más de 10,500 inyecciones, según los investigadores de RTI International, un instituto de investigación sin fines de lucro, y la Universidad de California, en San Diego.

De éstas, 33 resultaron en sobredosis de opioides, todas las cuales fueron revertidas por el personal, entrenado para inyectar naloxona a los usuarios, que es un medicamento para el tratamiento de las sobredosis de opioides.

Ninguna de las sobredosis requirió una llamada al 911, y no hubo muertes en el centro de inyección a lo largo de los cinco años del estudio.

"Sabemos que, cada año, casi 70,000 personas fallecen por sobredosis de drogas en EE. UU.", comentó en un comunicado de prensa de RTI el autor del estudio, Alex Kral, epidemiólogo del grupo.

"Implementar centros de consumo seguro podría conducir a una reducción en las muertes, y los estudios de otros países con centros de inyección autorizados han mostrado reducciones en el riesgo de enfermedades infecciosas, de uso de drogas, y un mayor acceso a los servicios de salud y sociales", observó Kral.

A lo largo de cinco años, tanto el número de inyecciones como el número de sobredosis aumentaron, lo que concuerda con la creciente epidemia de adicción a los opioides en Estados Unidos. El tipo de drogas que se usaban en el centro también cambió de forma significativa, apuntaron los investigadores, y se observó un aumento del 55 por ciento en el uso de una combinación de drogas opioides y estimulantes.

"Sancionar estos sitios podría ayudar a permitir vínculos con otros servicios médicos y sociales, incluyendo el tratamiento del uso de sustancias", apuntó Kral. "Los sitios también podrían ayudar a reducir los problemas que observamos en las comunidades, como el uso público de drogas y las jeringuillas descartadas de forma inadecuada".

La Dra. Roopali Parikh es una psiquiatra que se especializa en los trastornos por el uso de sustancias en la Práctica Grupal de Salud Conductual de Northwell Health Physician Partners, en Manhasset, Nueva York. Al leer el nuevo informe, se mostró de acuerdo en que "los centros de consumo seguro tienen un gran potencial para reducir las muertes por sobredosis de opioides en Estados Unidos".

"Múltiples estudios han demostrado que los individuos con un trastorno de uso de opioides valoran estos lugares de consumo seguro por el refugio y la protección que proveen, la creación de un sentimiento de pertenencia para individuos que con frecuencia son discriminados, y, por supuesto, la seguridad contra las sobredosis y las enfermedades contagiosas, dadas las agujas y jeringuillas limpias", apuntó Parikh.

Pero, con frecuencia, problemas legales y de personal impiden el establecimiento de los centros de inyección segura, añadió.

Esos problemas incluyen "la financiación de los suministros, el alquiler, las comidas y los salarios de los profesionales entrenados, además de las demandas potenciales por las inyecciones asistidas que conduzcan a morbilidad e incluso a mortalidad", señaló Parikh.

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