Procedimiento de extracción de coágulos en pacientes que han padecido un ataque cerebral

LUNES, 20 de septiembre de 2021 (American Heart Association News) -- Extraer físicamente un coágulo sanguíneo en el cerebro es un tratamiento seguro y eficaz para mujeres embarazadas con ataque cerebral, sugiere en un nuevo estudio.

Los derrames cerebrovasculares durante el embarazo son poco frecuentes, pero el riesgo de padecerlos aumenta durante la gestación y hasta 12 semanas después del parto, el periodo de posparto.

Procedimiento de extracción de coágulos  en pacientes que han padecido un ataque cerebral
| Foto: AHA

El tipo más común es el ataque cerebral isquémico, en el que un coágulo bloquea el flujo sanguíneo del cerebro. La trombectomía mecánica – con la cual un cirujano introduce un catéter a través de una arteria para eliminar un coágulo grande – se convirtió en un tratamiento estándar en 2015 tras una serie de estudios determinantes.

"Lamentablemente, a las pacientes embarazadas y en posparto se les excluye de manera sistemática de muchos ensayos clínicos", dijo el Dr. Fawaz Al-Mufti, autor principal del nuevo estudio publicado el lunes en la revista Stroke de la American Heart Association.

La rareza de este tipo de ataques cerebrales también supone un reto para los investigadores, ya que se calcula que ocurren entre 1.5 y 67.1 ataques cerebrovasculares por cada 100,000 partos, es decir, tan solo en un 0.0015% de las embarazadas.

Por ese motivo, Al-Mufti, director asociado de neurología para la investigación del New York Medical College de Valhalla, y su equipo, recurrieron a estadísticas más amplias. Utilizaron una base de datos llamada Muestra Nacional de Pacientes Internos para identificar a 52,825 mujeres que estuvieron hospitalizadas con ataques cerebrales entre 2012 y 2018. De esas mujeres, 4,590 estaban embarazadas o acababan de dar a luz. De ese grupo, 180 recibieron tratamiento con trombectomía mecánica.

El estudio comparó en primer lugar a esas 180 mujeres (embarazadas o en posparto) con 48,055 mujeres no embarazadas que también se sometieron a una trombectomía mecánica. Después del procedimiento, el grupo de embarazadas tuvo menos probabilidades de sufrir una peligrosa hemorragia dentro del cráneo, lo que se denominada hemorragia intracraneal.

Las mujeres embarazadas/en posparto también tuvieron mejores resultados en general después de la trombectomía. La mitad de ellas fueron dadas de alta teniendo una discapacidad entre moderada y grave, comparadas con casi las tres cuartas partes del grupo de mujeres no embarazadas. Ninguna murió en el hospital, mientras que el grupo de no embarazadas tuvo una tasa de fallecimiento del 14%.

Las embarazadas solían ser más jóvenes, con una edad promedio de 33 años comparada con los 71 años del grupo de no embarazadas que tuvo un mayor número de participantes. Aún así, las mujeres embarazadas tuvieron probabilidades más altas de sufrir ataques cerebrales más graves.

Al-Mufti indicó que en el estudio también se llevó a cabo una comparación entre las mujeres embarazadas a quienes se les practicó una trombectomía mecánica, y 4,410 mujeres embarazadas o en posparto que recibieron tratamiento médico para su derrame cerebrovascular, por ejemplo, con medicamentos para disolver coágulos. Dicho análisis consistió en formar pares selectos de mujeres con situaciones lo más parecidas posibles, aunque los investigadores dijeron que no tuvieron información sobre la raza de las participantes.

En la comparación, ambos grupos tuvieron factores similares en cuanto a las tasas de hemorragia intracraneal y las complicaciones posteriores al parto, así como en relación con sus capacidades de funcionamiento al salir del hospital. Las complicaciones en el embarazo fueron menos frecuentes después de una trombectomía mecánica que después de un tratamiento médico (44% comparadas con 64%), y ninguna mujer del grupo de trombectomía padeció un aborto espontáneo.

El grupo que recibió la trombectomía mecánica tuvo una mayor tasa de coágulos peligrosos en venas grandes, a menudo en las piernas (denominada trombosis venosa profunda); o, en los pulmones (llamada embolia pulmonar).

Al-Mufti dijo que eso podría deberse a que esas pacientes permanecen más tiempo internadas en el hospital, y la inmovilidad puede provocar esa coagulación. También añadió que podría ser que las mujeres de ese grupo estaban predispuestas a una coagulación intensa y a ataques cerebrovasculares más graves. "No creo que haya habido causalidad en este caso, simplemente una correlación".

La Dra. Sadiya S. Khan, profesora adjunta de medicina y medicina preventiva de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern, en Chicago, dijo que el estudio demuestra la importancia de llevar a cabo investigaciones relativas a mujeres embarazadas y en periodo de posparto.

Khan, que no participó en el estudio, dijo que el embarazo somete a los cuerpos de las mujeres a una gran tensión, haciéndolas más propensas a los coágulos de sangre y a la inflamación, lo que podría provocar ataques cerebrales. Sin embargo, los médicos no siempre disponen de datos sólidos para orientar su tratamiento porque "puede ser arriesgado incluir a las embarazadas en la investigación en debido a las inquietudes relacionadas con la seguridad tanto de la mujer como del feto", dijo. "No obstante, también es injusto excluirlas sistemáticamente de toda investigación cuando la información es necesaria para ellas".

El estudio tuvo límites, dijo Khan. Las tasas de los ataques cerebrales difieren entre grupos raciales y étnicos; por ejemplo, el riesgo de tener un ataque cerebral es mayor en la población de raza negra que en la blanca. En este sentido, los estudios deben incluir la raza y otras determinantes sociales de la salud si están disponibles. Al-Mufti dijo que el estudio tuvo información de tipo racial, pero que fue imposible controlar los datos acertadamente en los análisis por carecer de ciertas entradas de tipo racial.

Khan dijo que también sería útil observar la información relacionada con las condiciones que elevan la presión arterial, como la preeclampsia, que puede aumentar el riesgo de ataque cerebral en una mujer embarazada.

Dejando a un lado las limitaciones, agregó, el estudio ofrece indicaciones útiles de que, en el caso de las mujeres embarazadas y en posparto, "sería seguro proceder con una trombectomía mecánica, misma que podría ofrecer el mejor resultado a largo plazo".

Los investigadores reconocieron que se necesitarían diferentes tipos de estudios para validar sus hallazgos, pero que la rareza del problema hace improbable que estos se lleven a cabo.

Al-Mufti dijo que el estudio sugiere que las pacientes embarazadas que sufren un ataque cerebral deben ser vigiladas cuidadosamente para detectar coágulos de sangre durante su recuperación. Asimismo, y en lo general, indica que los médicos no deben desconfiar del uso de la trombectomía mecánica en mujeres embarazadas. "Todo lo contrario, la terapia endovascular puede ser muy eficaz y muy útil para este grupo de pacientes".

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Por Michael Merschel

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