Ataques cerebrales: revelan disparidades entre los mexicoamericanos

Ataques cerebrales: revelan disparidades entre los mexicoamericanos
| Foto: AHA

Hace 14 años, cuando Belinda Zuniga buscaba empleo en los avisos del periódico, le saltaron a la vista estas palabras: ataque cerebral.

Su abuela había tenido uno hacía poco tiempo. "Teníamos tantas preguntas. El ataque la dejó realmente incapacitada", dijo Zuniga, enfermera asistente certificada. Fue entonces que aprovechó la oportunidad de trabajar en BASIC, el proyecto de investigación de Brain Attack Surveillance (vigilancia de ataques cerebrales) de Corpus Christi.

Financiado por los Institutos Nacionales de la Salud (National Institutes of Health), BASIC es la única investigación importante dedicada a estudiar los ataques cerebrales en mexicoamericanos, el segmento más grande de la población hispana del país.

Cuando Zuniga se unió al proyecto hace dos décadas, los mexicoamericanos de esa, su ciudad texana, tenían una probabilidad dos veces mayor de padecer ataques cerebrales en comparación con sus vecinos blancos no hispanos. Esa fue una de las primeras observaciones importantes de la investigación. Hoy en día, quizás debido en parte a lo que se ha aprendido gracias al proyecto, esa disparidad entre los dos grupos se está encogiendo.

"A veces los pacientes llevaban días con síntomas sin saber que debían acudir al hospital", dijo Zuniga, cuyo empleo hoy en día es entrevistar a sobrevivientes de ataques cerebrales y sus familiares, como representante de la oficina en el campo. "Ahora se difunde información por medio de carteles y panfletos educativos. Se pueden ver en todos lados. Lo que la gente sabe ha mejorado mucho comparado con cuando empezamos".

BASIC, con cinco ciclos de financiamiento, lleva 20 años recopilando información relacionada con ataques cerebrales en la población de Corpus Christi, la cual es más de un 60% hispana. Por sus asociaciones con hospitales locales y el departamento de salud del condado, los investigadores del programa de ataques cerebrales de la Universidad de Michigan han descubierto un tesoro de datos relacionados con la prevención, el tratamiento y la recuperación de este padecimiento.

A través de 100 informes publicados, han expuesto una gran diversidad de disparidades de salud y generado nuevas avenidas de investigación, las cuales incluyen cómo la apnea del sueño y el lugar donde alguien vive afectan las probabilidades de riesgo de un ataque cerebral, así como las razones por las cuales los mexicoamericanos y sus contrapartes de raza blanca, no hispanos, se recuperan de un ataque cerebral de manera distinta.

"El proyecto ha evolucionado", dijo la Dra. Lynda Lisabeth, una de las dos investigadoras principales de BASIC y profesora de epidemiología de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Michigan. "Debido a que hemos logrado que el proyecto siga financiado, también hemos podido ver lo que ha ido sucediendo con el tiempo".

BASIC fue ampliado para no solo estudiar a la comunidad en general, sino para ayudarla activamente con proyectos como Stroke Health and Risk Education, SHARE (Educación sobre la salud y los riesgos de los ataques cerebrales), el cual creó una asociación entre dos iglesias católicas y la comunidad para reconocer y reducir los factores de riesgo de los ataques cerebrales.

Aunque Lisabeth no puede decir a ciencia cierta qué es lo que ha disminuido las tasas de ataques cerebrales entre los mexicoamericanos, sí indicó que las cifras de personas de raza blanca no hispanas y de mediana edad han aumentado más de un 100% en las últimas dos décadas. Aún así, los mexicoamericanos siguen teniendo probabilidades más altas de tener peores resultados después de un ataque cerebral. A mediados del proyecto, esa información cambió curso de la investigación para enfocarse más en la recuperación.

"Comenzamos a observar los resultados y encontramos que los mexicoamericanos tienen peores resultados en todos los aspectos: neurológicos, funcionales y cognitivos", dijo Lisabeth. "Les fue peor en todo, incluso cuando tomamos en cuenta la edad. Los mexicoamericanos tienen ataques cerebrales siendo más jóvenes".

Tienen una probabilidad mucho mayor de tener un ataque cerebral antes de los 60 años, pero, a cualquier edad, les va peor que a las personas no hispanas de raza blanca. En un estudio en el que la edad promedio de los mexicoamericanos sobrevivientes de un ataque cerebral fue de 65 años, comparada con 71 años en personas de raza blanca no hispanas, los mexicoamericanos tuvieron una mayor probabilidad de sufrir demencia posterior y mayores dificultades para hablar y desempeñar sus actividades cotidianas.

Las disparidades incluyen otros indicadores de calidad de vida.

"Los mexicoamericanos tienen menos probabilidades de regresar a trabajar después de un ataque cerebral y son más propensos a sufrir depresión posteriormente", dijo Lisabeth. "Cuando pensamos en un rango de resultados, y en lo que resulta importante para los sobrevivientes de un ataque cerebral, junto con sus familiares y seres queridos, vemos un peor perfil de resultados. No estamos seguros por qué sucede de esa forma".

Los investigadores de BASIC también estudian el proceso de rehabilitación y atención posterior a un ataque cerebral. "Creo que la recuperación es la siguiente frontera", dijo Lisabeth. "Actualmente se vive más tiempo y hay más personas que sobreviven los ataques cerebrales. Entender lo que necesitan es realmente lo que debemos observar".

Por lo que vivió su familia después del ataque cerebral de su abuela, Zuniga entiende mejor todas las tendencias que ha documentado debido a su labor con BASIC.

"En nuestra comunidad es muy común que nuestros padres y abuelos vivan con nosotros. Los mexicoamericanos dependen mucho de la familia", agregó. Su abuela necesitó ayuda con sus tareas cotidianas como ir al baño y ducharse, algo difícil para una mujer que siempre había sido bastante independiente. También fue duro para toda la familia, tema común que observa entre los familiares de sobrevivientes de ataques cerebrales.

"Los miembros más jóvenes deben seguir trabajando", dijo. "Tienen que alterar su estilo de vida para atender a su ser querido y todo eso es estresante para quienes se encargan de su cuidado. La información que ahora recopilamos es muy importante para la comunidad".

Al igual que muchos mexicoamericanos con ataques cerebrales, la abuela de Zuniga padeció otro ataque cerebral cuatro años después del primero, el cual resultó fatal.

"Definitivamente sé mucho más de lo que sabía en ese entonces", indicó. "Los antecedentes de salud de nuestra familia y el historial médico de mi abuela con su alta presión arterial y diabetes, fueron factores importantes para que sufriera un ataque cerebral".

Zuniga lucha para reducir su propia presión arterial alta y para adelgazar, incluso actualmente. No obstante, agradece mucho la oportunidad de ayudar a su comunidad.

"Entrevisto a pacientes no solo al principio, sino un año después de su ataque cerebral. … Les digo cosas como: 'acuérdese de que no podía hacer esto la primera vez que vine, y ahora ¡mírese!' Sonríen cuando piensan en eso".

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