Por qué Hilary Duff y Kim Kardashian deberían dejar de promocionar el consumo de placenta

La exótica moda de comer la placenta propia luego de dar a luz comenzó en el año 2012, cuando January Jones -la protagonista de la serie Mad Men- anunció públicamente que lo había hecho y que esa medida le ayudó a recuperar su figura después del parto. 

Le siguieron varias famosas como Kim Kardashian, quien dijo que consumió su placenta en forma de píldora para evitar la depresión post-parto, y que se basó en los beneficios encontrados en Internet. "¡Obtuve excelentes resultados y me sentí con mucha energía y no tuve ningún signo de depresión! Cada vez que tomo una píldora, siento una oleada de energía y me siento realmente saludable y bien" declaró la estrella de los reality show. 

Por qué Hilary Duff y Kim Kardashian deberían dejar de promocionar el consumo de placenta
La estrella de los reality show es una de las cultoras de la placentofagia. | Foto: THE GROSBY GROUP

Foto: Kim Kardashian dijo que comer su placenta la llenó de energía. (Grosby)

El caso más reciente es el de Hilary Duff, quien en octubre de 2018 tuvo su segundo hijo y anunció que comió su placenta para recuperarse pronto del alumbramiento. Le prepararon especialmente un batido con la placenta en polvo como el ingrediente estrella y para la cantante “es lo mejor que he probado en mi vida”.

A la práctica de consumir la placenta se le atribuye el poder de ayudar a las madres a combatir la depresión postparto, a tener más energía y a incrementar la producción de leche materna. 

Pero un reciente informe científico de la Sociedad de Obstetras y Ginecólogos de Canadá (SOGC) donde se revisó la evidencia a raíz de la tendencia en alza a comer la placenta ya sea cruda, cocinada o en forma de píldora, no encontró beneficio alguno en esta práctica.

Por el contrario, en el informe –publicado en Journal of Obstetrics and Gynecology of Canada- escribieron: "A pesar de la tendencia creciente ... no hay evidencia documentada de beneficio para la mejora de las reservas de hierro, el estado de ánimo o la lactancia con esta práctica”. 

Tras analizar los resultados comparativos en mujeres que la consumieron Vs. otras que no lo hicieron, la Dra. Jocelynn Cook, directora científica de SOGC, señaló que actualmente "no hay pruebas sólidas que sugieran que comer placenta tenga beneficios. Pero además, existe la posibilidad de contaminación cruzada y transferencia de patógenos transmitidos por la sangre sin un manejo y esterilización adecuados" agregó.

Foto: La cantante Hilary Duff expresó que comer su placenta fue lo mejor que había probado. (Grosby)

El rol de la placenta ¿termina en el parto?

El informe de la SOGC revela que en un estudio de la composición nutricional de la placenta, casi no había detección de hierro o minerales. 

En el embarazo, la placenta tiene un rol vital: proporciona oxígeno y nutrientes al feto y facilita la eliminación de desechos como el dióxido de carbono a través del cordón umbilical. Además, a través de la placenta se intercambian los nutrientes, desechos y gases entre la sangre de la madre y el bebé. Pero una vez que la placenta se manipula, se deshidrata y envasa en una píldora, no está claro si los nutrientes y hormonas que posee siguen biológicamente presentes.

Un mal manejo de las placentas y una esterilización inadecuada podrían tener serios riesgos para la salud de la madre y el bebé. "Existe un potencial para la transmisión de patógenos bacterianos, virales o fúngicos tanto a la madre como al bebé o contactos cercanos" escribieron los científicos canadienses en el estudio mencionado. 

El peligro de la placentofagia

La placentofagia es la práctica de comer la placenta. Desde que se inició la tendencia a practicar esta medida, se les permite a las madres llevar su placenta a casa, aunque las pautas pueden variar de un hospital a otro. La placenta se vaporiza, se deshidrata y se encapsula, ésta es la forma más común de consumirla, aunque una actriz fue más allá e hizo preparar una crema facial con este ingrediente principal.

Los beneficios de la placentofagia no están científicamente probados. Un estudio de 2015 halló que comer la placenta no ayuda a frenar la depresión posparto, ni a aumentar los niveles de energía o la producción de leche materna. Los resultados del análisis fueron publicado por el Archives of Women’s Mental Health tras revisar 10 artículos sobre la ingesta de la placenta.

La práctica no está regulada ni lo suficientemente estudiada, por lo que no se recomienda, informaron los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) al presentar el caso de un bebé que en 2017 enfermó con el estreptococo del grupo B que su madre le transmitió a través de la leche materna. Ella había comido su placenta y en el proceso que realizaron para ser consumida, se contaminó y puso en riesgo la vida de ambos. 

En 2018, expertos en salud del New York-Presbyterian/Weill Cornell Medical Center en Nueva York, analizaron docenas de estudios sobre el consumo de placenta y publicaron sus hallazgos en el American Journal of Obstetrics and Gynecology, donde aconsejaron a los obstetras que desalienten a sus pacientes de comer placenta de cualquier forma.

“La verdad es que es potencialmente dañino y no hay evidencia de que sea beneficioso, por lo tanto, no lo hagas" dijo el Dr. Amos Grunebaum, obstetra y autor principal.

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