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¿Los campos electromagnéticos podrían aumentar el riesgo de ELA de un trabajador?

Por Dennis Thompson, Reportero de HealthDay -

Un estudio sugiere que las probabilidades de desarrollar esta enfermedad degenerativa del sistema nervioso se duplican, pero el riesgo absoluto sigue siendo bajo

MIÉRCOLES, 29 de marzo de 2017 (HealthDay News) -- La exposición en el trabajo a los campos electromagnéticos podría duplicar el riesgo de desarrollar esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad degenerativa del sistema nervioso, sugiere un nuevo estudio.

Los instaladores de las compañías eléctricas, los soldadores, los operarios de máquinas de coser y los pilotos de aviones son personas con trabajos que podrían aumentar sus probabilidades de contraer la enfermedad, que siempre es letal, comentó el investigador principal, Roel Vermeulen.

"En esencia, se trata de trabajos en los que los trabajadores están situados cerca de aparatos que usan mucha electricidad", explicó Vermeulen, profesor asociado de epidemiología medioambiental en la Universidad de Utrecht, en los Países Bajos.

Pero incluso las personas que tienen estos trabajos siguen teniendo un riesgo general bajo de ELA, comentó la Dra. Catherine Lomen-Hoerth, neuróloga y directora del Centro de ELA del Centro Médico de San Francisco de la Universidad de California.

Solo una de cada 100,000 personas tendrán ELA (a veces conocida como la enfermedad de Lou Gehrig) a lo largo de su vida, de modo que incluso tener el doble de riesgo sigue siendo un riesgo bajo, dijo Lomen-Hoerth, que no participó en el estudio.

Además, los autores del estudio reconocieron que dado que la investigación no fue un experimento o un ensayo controlado, no establece una relación directa de causalidad entre las ondas electromagnéticas y la ELA, sino solo una posible asociación.

Los pacientes con ELA experimentan una degeneración progresiva de las células nerviosas motoras del cerebro y de la médula espinal. Normalmente empiezan por tener dificultades para usar sus manos o brazos, pero a medida que la ELA progresa quizá no puedan estar parados o caminar, masticar o tragar la comida, hablar o respirar adecuadamente.

La investigación previa ha sugerido que la ELA podría estar asociada con el lugar de trabajo, a través de la exposición a los campos electromagnéticos, las descargas eléctricas, los disolventes, los metales o los pesticidas, indicaron los investigadores.

En el estudio, Vermeulen y sus colaboradores revisaron los datos de más de 58,000 hombres y 63,000 mujeres que participaron en un estudio nacional sobre la salud en los Países Bajos.

Los investigadores encontraron 76 hombres y 60 mujeres que fallecieron de ELA, y los compararon con aproximadamente 4,000 otras personas elegidas al azar. Se usaron las descripciones detalladas de sus empleos para determinar si una persona se había expuesto a cualquier cosa en el trabajo que pudiera aumentar el riesgo de ELA.

Las personas cuyos trabajos les habían expuesto a niveles altos de campos electromagnéticos extremadamente bajos tenían más del doble de probabilidades de desarrollar la ELA que las que nunca se habían expuesto a ellos en el trabajo, concluyó el equipo de investigación.

Las personas con la mayor exposición acumulada (largos periodos combinados con una intensidad alta) tenían casi el doble de probabilidades de desarrollar la ELA.

Esto no significa que las personas deberían preocuparse por la exposición por el uso de los electrodomésticos, dijo Vermeulen.

"Aunque algunos electrodomésticos podrían producir niveles más altos de cambios electromagnéticos de frecuencia extremadamente baja (las cocinas eléctricas, los secadores, las herramientas eléctricas), su uso con frecuencia es esporádico y durante periodos más cortos", comentó.

Otros factores ocupacionales solamente se asociaron de forma débil con el riesgo de ELA, y los investigadores no encontraron evidencias claras de que el riesgo aumentara con unos niveles más altos de exposición.

Lomen-Hoerth dijo que es demasiado pronto para descartar estas otras exposiciones posibles en el lugar de trabajo, ya que el análisis incluyó a muy pocas personas que fallecieron de ELA.

"Tengo la sensación de que este trabajo no descarta estas otras exposiciones como factores de riesgo potenciales, pero ayuda al menos a calificar a los riesgos electromagnéticos como más altos que otros riesgos presentes en los trabajos", comentó Lomen-Hoerth.

También se mostró decepcionada de que los autores del estudio no evaluaran las lesiones traumáticas como otro evento potencial en el trabajo que podría aumentar el riesgo de ELA.

"Eso se está convirtiendo cada vez más en un factor de riesgo de la ELA, y hubiera sido una gran oportunidad si lo hubieran incluido como parte de este proyecto", lamentó Lomen-Hoerth.

La genética explica aproximadamente el 61 por ciento del riesgo individual de una persona de desarrollar ELA, dijo Vermeulen. Este estudio mostró que los campos electromagnéticos podrían contribuir al 39 por ciento del riesgo atribuible a los factores ambientales todavía desconocidos, dijo.

Nadie sabe con certeza cómo podrían afectar los campos electromagnéticos a las células nerviosas, de modo que el siguiente paso es investigar eso con animales de laboratorio, dijo Lomen-Hoerth.

"En mi opinión, este estudio conduce a que se trabaje con animales para comprender qué es lo que estos campos magnéticos de baja frecuencia podrían estar haciendo a nivel molecular para potencialmente desencadenar la enfermedad", señaló.

El estudio aparece en la edición en línea del 29 de marzo de la revista Occupational & Environmental Medicine.

Más información

El Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de EE. UU. tiene más información sobre la ELA.


Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

© Derechos de autor 2017, HealthDay

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