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Cuando el psiquiatra es una hiena

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Cuando el psiquiatra es una hiena
CRÉDITO: GETTY IMAGES

En Somalia, una tradición popular asegura que las personas con problemas mentales están poseídas. Y sólo las hienas pueden sacarle el mal con sus mordidas. Por eso, el "mejor tratamiento" es ponerlas en una jaula para que pasen toda la noche con una de estas bestias: cuántas más lesiones provoque la hiena, más "eficaz" habrá sido la "terapia". Una práctica aberrante, pero no la única en la historia de la Humanidad...

Nunca ha sido fácil para los sistemas de salud, para los gobiernos, lidiar con la salud mental. Y en Somalia, años de conflictos políticos y guerras civiles han provocado generaciones enteras con trastornos mentales, en donde el estrés post traumático es apenas la punta del iceberg.

Ubicada en el llamado Cuerno de Africa, en esta nación que mira al Océano Índico —y limita con Etiopía y Kenia— una de cada 3 personas padece un trastorno mental, comparado con un promedio de una de cada 10 personas en el resto del mundo.

Y esta explosión mental negativa se resuelve encadenando a los pacientes, con drogas alucinógenas y utilizando una práctica impensable hasta en la más siniestra película de terror. En la tradición popular somalí, las hienas tienen el poder de ver todo, incluyendo los poderes malignos que, se cree, son los causantes de la enfermedad mental.

Por eso, la terapia consiste en encerrar toda una noche al paciente con una hiena, en una jaula. Al amanecer, si la persona no murió a causa del ataque de esta bestia —algo que ocurre en al menos el 50% de los casos— la cantidad de heridas indicará la posibilidad de una "cura": las mordidas y arañazos de la hiena son como un antisicótico o un antidepresivo para los que creen en esta práctica.

Contra esta corriente milenaria, un enfermero de nombre Abdirahman Ali Awale, conocido como Dr. Hab, trata de poner algo de luz en un país en el que miles de mentes están cubiertas de sombras. Formado en la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Dr. Hab fundó el primer hospital psiquiátrico en Somalia, que, según contó en una entrevista a la cadena BBC, gerencia con mínimos recursos, las erráticas donaciones de farmacéuticas y sólo una carta de apoyo del Ministerio de Salud.

En pocos años, el Dr. Hab ha logrado tratar a unas 15,000 personas, en su pequeña clínica, en las propias casas y hasta en el medio del desierto. Aunque no es médico, es la opción más cercana a un tratamiento psiquiátrico convencional que tienen los miles de somalíes que sufren encadenados. Y, él lo sabe, será una tarea de por vida.

En esta parte del mundo, el informe "Salud mental y derechos humanos" de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), destaca que el principal problema que enfrentan hoy en día las personas con trastornos mentales en las Américas es la falta de atención y el estigma.

Sin acceso, destinados a su soledad y sin medicamentos, millones todavía esperan un diagnóstico, el primer paso hacia el tratamiento y la calidad de vida. Y el problema se magnifica en zonas rurales, en donde quizás no haya hienas como en Somalia, pero sí cadenas y confinamientos involuntarios.

Un dato que refleja el problema sanitario: cerca de 340 millones de personas en el mundo sufren de depresión crónica, uno de los trastornos mentales más comunes, y entre 60 y 80 millones de ellas viven en la región, indica la OPS. 

Según la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias, 11.4 millones de personas en Estados Unidos sufren de enfermedades mentales severas. Y una de cada 5 ha experimentado algún tipo de trastorno mental en algún momento de sus vidas. La enfermedad mental es la principal causa de discapacidad entre los 15 y 44 años.

Aunque falta un camino por recorrer, la Ley de Cuidado de Salud ya ha marcado una diferencia clave para la calidad de vida de la persona que sufre un trastorno psiquiátrico: ha promulgado que ya no se puede discriminar en el acceso a la salud por padecer una condición de salud preexistente, como es la condición mental.

Mientras tanto, en el imaginario popular, el paciente psiquiátrico sigue siendo algo extraño, que debe estar institucionalizado, un estigma que complica la inserción social. La serie "American Horror Story: Asylum" llevó al extremo el relato de las atrocidades en los asilos, en donde los pacientes eran literalmente librados a su suerte. Tierras de nadie en donde la mente no funciona con los parámetros de la lógica, han sido usados para confinar, castigar y tratar de "revertir" a los que por su condición mental se vuelven distintos.

Quizás por la versatilidad para tratar la mente humana, las prácticas psiquiátricas muchas veces han sido extremas, utilizadas para manipular, y hasta revertir supuestos procesos producto de la locura.

Psiquiatría punitiva

Amnistía Internacional acaba de denunciar la decisión de un tribunal ruso de enviar a Mikhail Kosenko, un disidente detenido en mayo de 2012 durante una protesta, a una institución psiquiátrica, para recibir tratamiento forzado.

Con la excusa de su "peligrosidad", Kosenko "será en pleno siglo XXI una nueva víctima de la psiquiatría punitiva, que sigue practicando tratamientos de los días de la Guerra Fría, cuando se usaba electroshock y drogas peligrosas para 'tratar' a los que pensaban y criticaban al régimen", expresó John Dalhuisen, director del capítulo europeo de Amnistía.

Al parecer, el método de sanación mental con hienas no es la única brutalidad que se ha cometido o comete con pacientes psiquiátricos. Una de las más conocidas, y repudiadas de hecho nació lejos de las tribus de Somalia, en el laboratorio de una universidad.

El electroschock

En 1930, Ugo Cerletti, decano del Departamento de Enfermedades Neurológicas y Mentales de la Universidad de Roma, comenzó a experimentar con electroshock —pequeñas descargas eléctricas que se aplican directo en el cerebro— en perros y cerdos, tratando de probar la teoría de que esta terapia revertía procesos depresivos y psicóticos.

El electroshock transformó a millones de pacientes en zombies. Sí, eliminaba los síntomas de la enfermedad mental, simplemente porque eliminaba todo: a medida que se sumaban sesiones de electroshock la persona perdía su ser, su identidad, la capacidad de pensar, de decidir, toda actividad intelectual, la memoria, los recuerdos, quedando en un vitalicio estado catatónico, explica el informe "The Brutal Reality", de la Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos, que define al electroshock como una tortura.

Este método se practicó en Estados Unidos hasta fines de los 60. En 1968, California fue el primer estado que votó una histórica ley para que sólo se pudiera utilizar el electroshock con permiso del paciente. Las actrices Judy Garland y Vivian Leigh fueron algunas de las víctimas famosas del electroshock, hoy una técnica repudiada y prohibida en la mayoría de los países.

Coma diabético contra la esquizofrenia

En 1927, el médico austríaco Manfred Sakel ideó una extraña forma de anestesiar a los pacientes antes de una cirugía, y de tratar la esquizofrenia. Les inyectaba insulina, lo que les causaba un coma diabético. Aunque por razones que la ciencia nunca pudo explicar, funcionó para ciertas alteraciones mentales, se dejó de usar porque el riesgo de muerte era altísimo.

Trepanación cerebral

Arqueólogos han descubierto en esqueletos de los siglos XIV y XV, pequeños agujeros en el cráneo. Estas personas fueron víctimas de una añeja técnica psiquiátrica basada en la creencia de que, otra vez, los pacientes mentales estaban endemoniados. Y sacarles una porción de la masa encefálica era una solución practicada con frecuencia para eliminar al espíritu maligno y lograr que la persona volviera a la normalidad. Pero, tras semejante tratamiento seguían siendo lo que eran: pacientes psiquiátricos... con un agujero en la cabeza. 

 

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